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10/12/2019 05:21 CET | Actualizado 10/12/2019 05:21 CET

Vergüenza

Hay que desenmascarar a los que niegan la historia, antes de que convenzan a más gente de que nunca pasó.

JOHN MACDOUGALL via Getty Images
La canciller alemana, Angela Merkel, junto al primer ministro polaco, Mateusz Morawiecki, en Auschwitz. 

No soy fan de la Merkel. Para nada. Me crispa su política económica de mano dura, caiga quien caiga, y otras muchas cosas. Pero este fin de semana ha ganado muchos enteros en mi consideración. Vamos que hasta puedo decir que me empieza a caer bien. El cambio de opinión ha venido tras ver las imágenes, y escucharla, claro, de su visita a Auschwitz, el antiguo campo de concentración nazi, donde fueron asesinadas un millón de personas, en su mayoría judíos.

Bien es verdad que la señora Merkel lleva 14 años como canciller, y hasta ahora no se le había ocurrido la visita, pero nunca es tarde si la dicha es buena. El caso es que me ha emocionado ver las imágenes. Verla vestida de negro, las manos cruzadas y la mirada baja, con una expresión mezcla de dolor y vergüenza que no se puede fingir, a menos que se sea un estupendo actor y lo haya ensayado miles de veces.

Sea como sea, igual porque quiero verlo así, me parece sincera, me parece que está de verdad avergonzada y dolorida por lo que sus  “paisanos” fueron capaces de hacer.  En plena polémica sobre el uso que se debe dar a los lugares “históricos”, la canciller lo tiene claro: “Este lugar, sus torres de vigilantes, sus cámaras de gas, sus barracones, todo es testimonio de lo que no puede volver a suceder y es importante preservarlo para que las nuevas generaciones puedan visitarlo y conocer la barbarie que aquí tuvo lugar”.

 

Pues sí. Y deberían ser de visita obligada para los que no recuerdan nada y para los que lo niegan todo. Como si nunca hubiera ocurrido. Como si un millón de muertos pudieran desaparecer en la nada. O en las cunetas, o en las fosas comunes olvidadas en cualquier remoto paraje, o menos remoto.

Es un tópico decir que olvidar la historia nos condena a repetirla. Y en eso, en mantenerla viva, sin odios, sin revanchismos, tienen mucho que decir los gobiernos . Debemos recordar siempre que la libertad, la democracia y el Estado de derecho pueden ser fácilmente dañados si no perseveramos en su cuidado. También lo dijo la mandataria alemana en su visita: “Corresponde a los gobiernos y a los políticos proteger y fortalecer nuestros valores”.

Y desenmascarar a los que niegan la historia, antes de que convenzan a más gente de que nunca pasó.

 

Este artículo se publicó originalmente en e blog de la autora. 

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