'NAZA', todo lo que cuenta sobre el Ejército de Israel y que Netanyahu no quiere que sepas
La película documental, recién estrenada en España, no se ve en su país como publicidad de la mala, sino como una crisis de seguridad nacional. El primer ministro exige investigar y procesar a los participantes.
NAZA, la película del momento -con permiso de La bola negra-, desvela violaciones de los derechos humanos en Gaza (Palestina) que, en realidad, ya eran vox populi en los últimos años, gracias al trabajo de la prensa internacional y, sobre todo, de la palestina y de la israelí. Ahora todo aparece unificado en una única cinta documental y su verdadero valor, aparte de su profusión de fuentes, es que está forjada como un instrumento para abrir los ojos a los israelíes ante lo que hacen su Ejército y su Gobierno, o sea, sus hijos, sus vecinos, ellos mismos. No es tanto una caída final del caballo, porque la gente sabe, como una retirada de máscaras colectiva, y por eso la reacción que cosecha es de histeria. Nadie se quiere mirar en ese espejo, pero por ahí empieza la sanación y la rendición de cuentas.
Los cines de Israel se han negado a proyectar la obra de Yuval Abraham y Rachel Szor -galardonados con un Oscar por su anterior trabajo, No Other Land, junto a los palestinos Basel Adra y Hamdan Ballal-, pero ya está disponible en las salas europeas y sus creadores hasta están permitiendo que se vea online, gratis, para saltar vetos. Han conseguido salas llenas en Madrid, París o Nueva York con un trabajo que les está costando ya el exilio y la persecución a sus familias, quizá hasta la nacionalidad y puede que la libertad, si prosperan las denuncias por traición que se anuncian contra ellos y contra quienes les contaron para que ellos cuenten.
"La película construye una narrativa falsa, engañosa y sesgada que difama al Estado de Israel y a las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) a nivel mundial, y que perjudica gravemente la imagen de Israel", ha dicho el primer ministro, Benjamin Netanyahu, en un comunicado, un día antes del inicio de la campaña electoral hacia los comicios del 27 de octubre, en la que la película sirve de gasolina a los mensajes "del bloque fascista-nacionalista", como lo llama el diario Haaretz.
La columnista del New York Times Michelle Goldberg, afina que NAZA no es un caso de "mala publicidad", que se pueda espantar como un ladrido, sino "una crisis de seguridad nacional" porque rompe el tabú de un país que no tiene un ejército, sino que es un ejército con país. El trabajo incansable de ONG locales como Breaking The Silence, Yesh Din o la Association for Civil Rights in Israel (ACRI), ese que no calaba entre una población poco dada a la autocrítica, sale ahora, a borbotones, en festivales como los de Venecia o San Sebastián. Eso puede llevar a la purificación, pero también a la guerra. En esas está el país.
Pero qué es 'NAZA'
NAZA son 77 intensos minutos que detallan de forma pormenorizada las tácticas militares y las políticas de selección de objetivos de las FDI en la franja de Gaza, especialmente en su ofensiva tras los ataques de Hamás del 7 de octubre de 2023, que ha degenerado en genocidio. Los datos oficiales son de al menos 79.000 muertos, más de 1.400 en el último año, cuando se supone que ha habido en vigor un alto el fuego. Naciones Unidas teme que la cifra suba a 100.000 si se cuentan los desaparecidos bajo los escombros.
La cinta ha sacado a la luz acusaciones de graves crímenes de guerra, uso de inteligencia artificial (IA) para asesinatos masivos y una evidente indiferencia institucional hacia las bajas civiles, a tenor de lo que explican ante sus cámaras los directamente implicados. Para salir adelante, ha contado con la producción del diario británico The Guardian y de James Wilson (de JW Films), además de Jonathan Glazer, aclamado por La zona de interés, como productor ejecutivo.
Su estreno mundial, el pasado mes de septiembre en la competición principal de la 83ª edición del Festival Internacional de Cine de Venecia, único documental en liza por el León de Oro. Al fin, se alzó con el Premio Especial del Jurado y recibió una histórica ovación en pie de casi 25 minutos, un récord en el certamen que, según los críticos, sonó más a un veredicto global que a un simple aplauso de cortesía.
Origen y método
Como señalan Abraham y Szor, el enfoque de la película es documentar "los sistemas de asesinato en masa" y los "engranajes del sistema" que han dejado un saldo devastador. La película se construye sobre una base de investigaciones periodísticas publicadas entre 2023 y 2025 por medios como la publicación israelí-palestina +972 Magazine, el medio en hebreo Local Call y el propio Guardian.
Sin embargo, lo que otorga a NAZA su carácter explosivo es que las acusaciones no provienen de observadores externos, palestinos o tribunales internacionales, sino del propio núcleo del establishment militar y de inteligencia de Israel. Muy, muy potente en un país donde la censura militar lo cala todo y donde el Ejército se ha visto siempre como impoluto, el "más moral y ético", como gustan de decir los primeros ministros desde la creación del Estado, en 1948.
El documental se vertebra a partir de entrevistas con 24 informantes anónimos, miembros activos o recientes de los servicios de inteligencia y del ejército israelí, con diversos rangos. Estos testimonios fueron grabados en secreto durante la noche, en azoteas de la ciudad de Tel Aviv, y tanto las voces como los rostros de los entrevistados fueron alterados digitalmente para proteger sus identidades frente a las represalias estatales.
A pesar de que las FDI intentó desacreditar a estos testigos afirmando que se trataba de oficiales de bajo rango, The Guardian aclara que, en el transcurso de los últimos tres años, el equipo de investigación entrevistó a más de 100 fuentes familiarizadas con los sistemas de las FDI utilizados en la guerra de Gaza. Dichas fuentes incluyen a comandantes de alto rango directamente involucrados en el proceso final de autorización de los ataques.
Un portavoz del periódico británico aseguró que el proceso de evaluación de la credibilidad de los testimonios fue "riguroso", incluyendo el cruce de datos con documentos clasificados filtrados, la verificación detallada de bombardeos específicos y la corroboración a través de una red más amplia de fuentes periodísticas confidenciales que no aparecieron en cámara.
La automatización y expansión de la muerte
El título del documental es, en sí mismo, una declaración de intenciones y una acusación formal. NAZA es el acrónimo militar en hebreo de "Nezek Agavi", que se traduce como "daño colateral". En la jerga de la inteligencia, no se utiliza para lamentar una tragedia descubierta a posteriori, sino que designa el número de civiles que el ejército calcula y espera que mueran en un ataque determinado. Es una cantidad firmada y aprobada por adelantado. Una palabra que irrita sobremanera a los palestinos.
Uno de los pilares centrales de las denuncias del documental es la revelación de sistemas militares secretos impulsados por IA para identificar, rastrear y atacar objetivos humanos. Los especialistas en información y los uniformados entrevistados describen el uso de estos sistemas -uno de los cuales es mencionado en los informes bajo el nombre de Lavender- para generar listas masivas de supuestos miembros de bajo rango de Hamás.
Según los testimonios, las personas identificadas por la IA eran bombardeadas en sus propios hogares durante la noche. Lo más alarmante de la denuncia es que estas operaciones se llevaban a cabo con el conocimiento explícito de que los ataques matarían inevitablemente a los miembros de sus familias, incluidos niños.
Los informantes detallaron cómo el ejército hackeaba los teléfonos móviles de las personas marcadas para determinar su ubicación exacta. En un relato escalofriante, los oficiales de inteligencia confesaron haber escuchado encubiertamente las conversaciones privadas entre los objetivos y sus esposas e hijos, a veces hasta instantes antes de que los misiles impactaran y destruyeran sus hogares. Por ejemplo, se le pirateó el móvil a un cría de 12 años para saber cuándo llegaba su padre a casa y se bombardeó la residencia al saber que estaba dentro. Por supuesto, la cría también fue asesinada.
Las denuncias sobre las cuotas de "daño colateral" son particularmente precisas. El documental alega que el sistema permitía umbrales preestablecidos de muertes civiles aceptables. Para operativos de bajo rango de Hamás, el sistema permitía la muerte de hasta 20 civiles esperados por ataque. En el caso de comandantes de alto rango, se autorizaban bombardeos de barrios enteros con una previsión de hasta 200 bajas civiles. Más aún, la película destaca una acusación central: la existencia de una autorización específica en la que se aceptó prever la muerte de 500 civiles en un solo ataque con tal de abatir a un único objetivo del Movimiento de Resistencia Islámica. Les pareció aceptable. "El objetivo es la cantidad, no la calidad", se oye decir.
"Pero si puedes matar a 20 personas por cada miembro de menor rango [de Hamás] y hay decenas de miembros de Hamás... ", empieza a decir Abraham a uno de los entrevistados. Y éste completa: "Sí, terminas con toda Gaza". En un par de frases, condensada la indiferencia por la vida de los otros.
Crímenes de guerra, aniquilación y sabotaje
Más allá de los bombardeos teledirigidos y la inteligencia artificial, NAZA expone un patrón de destrucción sistemática en el terreno que, según los directores, no responde a crímenes de guerra esporádicos cometidos por "soldados rebeldes", sino a las órdenes, las políticas, el lenguaje y la lógica del propio sistema militar. Viene de las IDF.
Entre los crímenes específicos narrados por los propios perpetradores u observadores militares se incluyen, por ejemplo, la destrucción consciente de zonas pobladas: los entrevistados relatan de primera mano la aniquilación de vecindarios enteros donde las estimaciones del propio ejército israelí indicaban que hasta el 25% de los residentes civiles todavía permanecían en sus casas.
La quema sistemática de hogares es otra de las tácticas: los soldados describen una política deliberada de incendiar y quemar las viviendas civiles palestinas, no por necesidad militar táctica, sino para producir un "páramo" inhabitable al que los palestinos jamás puedan regresar.
También confirmaron los asesinatos en las colas del hambre, en las que se repartían alimentos, muertes a tiros de personas que se congregaban pacíficamente en centros de distribución de ayuda humanitaria. Sucesos que Israel solía atribuir a mafias, personal armado, peleas internas, aglomeraciones...
El director Yuval Abraham ha enfatizado en sus entrevistas que uno de los momentos más impactantes de las entrevistas es cuando los soldados admiten frente la existencia de una política en áreas enteras de Gaza según la cual las tropas debían "matar a todos, a cada persona que veas, a cada persona que vaya allí a pie", reconociendo abiertamente que sabían que ninguna de esas personas estaba armada. O sea, son zonas de fuego libre para civiles desarmados.
Añade el documental que existe una unidad secreta para "frustrar la paz". Lo dicen varias fuentes, más allá de lo militar, constatando que hay trabajos de inteligencia ultra secreta que reporta directamente a la oficina del primer ministro, Netanyahu, con la misión explícita de impedir que avance el mal llamado proceso de paz o, en su caso, la tregua y la hoja de ruta obligada por Estados Unidos y ya de por sí ventajosa para Tel Aviv.
En negación
La maquinaria estatal israelí no ha guardado silencio ante el estreno de la obra. Las Fuerzas de Defensa de Israel emitieron un extenso comunicado oficial rechazando categóricamente las acusaciones, tachando al documental de presentar una imagen "distorsionada, engañosa, poco realista y manipuladora" de los procesos de planificación de objetivos del ejército, calificándolo incluso de "libelo de sangre".
Argumentaron que el hecho de que el Ejército calcule el daño civil no es una prueba de indiferencia hacia la vida humana, sino todo lo contrario: es un requisito del derecho internacional. Según ellos, este cálculo se realiza para que los comandantes evalúen la proporcionalidad, dicten precauciones y, en muchos casos, cancelen o modifiquen ataques para mitigar las muertes de civiles. Por eso se niegan a hablar de genocidio, pese a que la selección de objetivos parezca hecha a escala industrial.
De fondo, sin embargo, resuenan las conversaciones del mayor general Aharon Haliva, desveladas por ejemplo por la CNN, en las que decía: "Por todo lo que pasó el 7 de octubre, por cada una de las personas del 7 de octubre, 50 palestinos deben morir". O de Eyal Zamir, actual jefe del Estado Mayor de las Fuerzas de Defensa de Israel, que llamó a su gente a emplear "todas las herramientas a nuestro alcance" contra los gazatíes.
Las FDI centran gran parte de su defensa en desacreditar a los testigos. Sostienen que los individuos anónimos que aparecen en el filme describen experiencias desde una "etapa inicial y limitada" del proceso de inteligencia y carecen del conocimiento sobre las decisiones finales que toman los comandantes operativos. Según las FDI, el testimonio de un analista de inteligencia de nivel básico no puede representar de forma fiable la política de objetivos de la institución en su conjunto.
Sobre las acusaciones específicas de crímenes y cuotas de sangre, dicen que lo de los 500 civiles de cuota, o los 200 o los 20 no se puede verificar y hacen reproches éticos a los directores. Argumentaron que lo que los entrevistados confunden es un "umbral de autoridad de aprobación" (quién tiene el rango para aprobar un ataque, dependiendo de la estimación de bajas) con una cuota permisible.
Y rechazan también que Lavender sea una lista de objetivos preaprobados. Lo definieron únicamente como una "base de datos" cuyo propósito es cruzar fuentes de inteligencia para producir capas de información actualizada sobre operativos terroristas. Subrayaron que la selección y aprobación final de los ataques siempre recae en personal humano, nunca en máquinas.
Acusan a los cineastas de no presentarles las acusaciones al ejército para su examen antes de la publicación, ni proporcionales una copia de la película tras su proyección para permitir una verificación independiente de los incidentes alegados. Finalmente, recriminaron a la cinta omitir el contexto crucial de la masacre del 7 de octubre perpetrada por Hamás (que dejó 1.139 muertos y 240 rehenes) y la táctica sistemática del grupo palestino de incrustar sus infraestructuras bajo áreas civiles.
Las represalias
La respuesta de Israel no se ha limitado a los comunicados de prensa. El aparato político ha desatado una campaña de persecución directa contra los creadores de la obra y sus fuentes. Netanyahu, intervino personalmente enviando una carta urgente a la Fiscal General, Gali Baharav-Miara, al Jefe de Estado Mayor de las FDI, Zamir, y al jefe del servicio de seguridad Shin Bet, David Zini. En la misiva, exigió que se "actúe de urgencia para descubrir la identidad de todos los involucrados" en el documental. Además, ordenó la apertura de una investigación penal y procesamientos por "graves delitos de seguridad de la información, difamación criminal y daño a los intereses diplomáticos y de seguridad de Israel".
Zamir ha condenado la película como un "ataque al Estado de Israel", aunque el Abogado General Militar, Itai Ofir, matizó posteriormente que para iniciar un proceso penal se requerirían pruebas fehacientes de violaciones de seguridad o divulgación de material clasificado, aunque dejó la puerta abierta a medidas disciplinarias. Por su parte, el Ministro de Cultura, Miki Zohar, reaccionó al estreno del documental anunciando que promovería medidas legales para despojar de su ciudadanía israelí a los directores Yuval Abraham y Rachel Szor, acusándolos de perpetrar un acto de "traición" contra su propio país.
El rechazo a NAZA ha unificado al fragmentado espectro político israelí, especialmente de cara a las próximas elecciones de octubre. Gadi Eisenkot, exjefe militar y uno de los principales rivales políticos de Netanyahu, denunció la película por mostrar "ceguera moral, desapego de la realidad y daño al Estado de Israel en una hora difícil". El exmandatario Naftali Bennett calificó la obra de "un horrendo libelo de sangre contra nuestros hijos e hijas".
En cambio, Tzipi Hotovely, directora de la Dirección Nacional de Diplomacia Pública, ha otorgado certificados de reconocimiento a los creadores de un proyecto cinematográfico auspiciado por el Estado llamado NAZA: The Real Story (NAZA: La Verdadera Historia), dirigido por Ariel Averbuch, un abogado y reservista del ejército, diseñado específicamente para contrarrestar las afirmaciones del documental original.Impacto en la sociedad israelí y el clima mediático
Las amenazas políticas se han trasladado a las calles. La ira pública contra los directores ha desembocado en actos de intimidación que los medios locales describen como un ambiente de linchamiento. En la ciudad costera de Ashdod, aparecieron grafitis en los muros con los rostros de Abraham y Szor marcados con la palabra "traidores" en hebreo. Asimismo, activistas de extrema derecha y defensores del Gobierno protestaron frente a la casa de los padres de Szor en la exclusiva localidad de Savyon, coreando consignas como "sentencia de muerte a los traidores".
El sociólogo político israelí Daniel Bar-Tal explica a Al Jazeera que el rechazo a la película es generalizado porque "los judíos israelíes niegan el genocidio" y añadió que incluso los partidos de la oposición se han unido a las viciosas críticas. Orly Noy, editora del portal Local Call, describió en redes el clima interno afirmando que "políticos, periodistas y los medios están formando una especie de máquina de incitación", expresando un temor genuino por la seguridad de sus colegas.
Esta incapacidad de asimilar las revelaciones del filme tiene sus raíces en la severa censura y la autocensura de los medios de comunicación israelíes desde que comenzó la guerra. En octubre de 2025, un estudio del think tank israelí Molad reveló que solo el 3% de la cobertura del Canal 12 (la red más vista del país) durante los primeros seis meses de guerra mencionó la crisis humanitaria en Gaza. De 206 clips de vídeo e imágenes relacionadas con la guerra emitidas por la cadena, apenas dos mostraron bajas civiles palestinas.
La periodista israelí Anat Saragusti, de la Unión de Periodistas de Israel, señaló que los medios principales no investigaron la conducta del ejército, enmarcando las muertes palestinas únicamente como "daños colaterales" forzados por la táctica de Hamás de usar escudos humanos, lo que explica la profunda conmoción nacional al ver a sus propios soldados desmontar esa narrativa en la pantalla grande.
A nivel civil en Israel, 43 grupos de derechos humanos han firmado declaraciones en defensa de los cineastas, y más de 1,000 profesionales de la industria cinematográfica global se han solidarizado con Abraham y Szor, apoyando su derecho a abordar temas urgentes sin miedo a represalias.
NAZA no viene de agentes externos: los testigos que hablan vistieron el uniforme militar israelí y los directores poseen el pasaporte que el Estado ahora busca revocarles. De momento, no han vuelto a casa. Ya es la primera victoria de los negacionistas.