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Gadi Eisenkot, el general parco y marcado por la tragedia que amenaza el dominio de Netanyahu

Gadi Eisenkot, el general parco y marcado por la tragedia que amenaza el dominio de Netanyahu

El exjefe de Estado Mayor, que perdió a su hijo sargento en Gaza, juega con la baza de ser la antítesis del actual primer ministro en cuanto a formas y relato. No es un pacifista, pero habla de unir a un país absolutamente polarizado. Eso gusta. 

El exjefe del Estado Mayor de Israel y líder del partido Yashar, Gadi Eisenkot, en el acto de lanzamiento de la campaña electoral del partido en Neve Yarak, el 30 de junio de 2026.
El exjefe del Estado Mayor de Israel y líder del partido Yashar, Gadi Eisenkot, en el acto de lanzamiento de la campaña electoral del partido en Neve Yarak, el 30 de junio de 2026.ABIR SULTAN / EFE / EPA

En un país donde la retórica política suele medirse en decibelios altos, camisas de diseñador y discursos meticulosamente ensayados en un inglés fluido, el hombre que hoy sacude los cimientos del poder israelí es todo lo contrario. Gadi Eisenkot no tiene el magnetismo mediático del exprimer ministro Naftali Bennett ni el carisma combativo del expresentador de noticias Yair Lapid. Mucho menos posee la sofisticación cosmopolita del actual premier, Benjamin Netanyahu. Eisenkot es un hombre bajo, de hombros anchos, habla con una voz áspera y monótona y viste trajes oscuros y holgados que parecen comprados de urgencia en un almacén barato. Es, a ojos de cualquier estratega de imagen, un candidato imperfecto.

Y, sin embargo, a escasos meses de las elecciones cruciales fijadas para el 27 de octubre, este exjefe del Estado Mayor del Ejército de Defensa de Israel (FDI) se ha convertido en el clavo ardiendo de un electorado exhausto. Al presentar oficialmente su campaña electoral al frente de su partido, Yashar (que en hebreo significa "recto", "honesto"), Eisenkot ha roto los tabúes de la cortesía política, lanzando una advertencia que resonó desde los suburbios de Tel Aviv hasta los kibutzim fronterizos con Gaza: "Por el futuro de Israel, debemos asegurarnos de que el próximo octubre, el Gobierno del 7 de octubre termine su papel en la historia".

La contienda que se avecina ya no es el clásico duelo de espejos entre Netanyahu y las élites liberales tradicionales de origen askenazí. La irrupción de Eisenkot ha reconfigurado el tablero, atrayendo a una masa de votantes de clase media, israelíes moderados y desencantados del partido Likud, que hasta ahora había representado a la derecha clásica. Tomando en cuenta las últimas encuestas del Canal 12 o índices de intención de voto como el promedio de Globes, Yashar avanza a paso firme, proyectándose codo a codo con el Likud con más de 20 escaños, segunda fuerza pero por poco margen. Eisenkot no sólo disputa el liderazgo de la oposición a la alianza de Bennett y Lapid, sino que está disputando la idoneidad misma para dirigir los destinos del Estado. Por encima de Bibi y sus 19 años en el poder. 

El peso del luto

Para comprender el ascenso de Eisenkot (o Eizekon) es imposible obviar la sombra del dolor que arrastra desde finales de 2023. Mientras servía como miembro del gabinete de guerra -un órgano de emergencia nacional al que se unió por "sentido del deber" tras las masacres de Hamás-, Eisenkot supo que su hijo menor, el sargento mayor Gal Meir Eisenkot, de 25 años, había muerto en combate en el norte de la franja de Gaza debido a la explosión de un túnel con trampas explosivas. Pocos días después, uno de sus sobrinos, Maor Cohen Eisenkot, también cayó en los combates del enclave palestino.

El exjefe del Estado Mayor de las FDI, Gadi Eizekon, abraza a familiares y amigos en el funeral de su hijo, Gal, muerto en Gaza, en el cementerio de Herzliya, el 8 de diciembre de 2023.
El exjefe del Estado Mayor de las FDI, Gadi Eizekon, abraza a familiares y amigos en el funeral de su hijo, Gal, muerto en Gaza, en el cementerio de Herzliya, el 8 de diciembre de 2023.Alexi Rosenfeld / Getty Images

En un país donde el servicio militar es el tejido conector de la sociedad (es un ejército que tiene un país, como se suele decir), ver a un exjefe del Estado Mayor enterrar a su propio hijo mientras intentaba dirigir la estrategia de la guerra transformó a Eisenkot en una figura casi intocable de la resiliencia nacional. Mientras Netanyahu es frecuentemente criticado por proteger a sus propios hijos en el extranjero (haciendo podcast desde Florida el peligro es digamos que menor) o por esquivar la asunción de responsabilidades directas por los fallos de seguridad que permitieron el ataque del 7-O, la tragedia familiar de Eisenkot lo blindó ante el cinismo de la política diaria.

"Él practica lo que en los círculos analíticos se llama la política de la consecuencia", explica un diplomático occidental en Tel Aviv a AP. "No busca el beneficio táctico o el titular de la tarde; actúa bajo la premisa de que las decisiones políticas se pagan con sangre y con el destino de generaciones".

Eisenkot renunció al gabinete de guerra en junio de 2024, junto con su entonces aliado político Benny Gantz, y lo hizo acusando a Netanyahu de postergar decisiones estratégicas críticas sobre el futuro de Gaza y la liberación de los rehenes. ¿Por prudencia, por seguridad, por indecisión? No, por puros intereses de supervivencia de su coalición de extrema derecha, integrada por figuras ultras como Itamar Ben-Gvir y Bezalel Smotrich, líderes de los partido ultranacionalistas y religiosos que son el bastón de Bibi

Aquella salida no se entendió como un abandono al país, sino como un gesto coherente y, ya en 2026, también se interpreta como un repliegue táctico, pero sienta las bases para el cisma que hoy sacude al país y para su propia carrera a lo más alto. 

El primer mizrají con posibilidades reales

El contraste entre Eisenkot y Netanyahu es también un choque de historias demográficas y sociológicas dentro de Israel. Netanyahu, de 76 años, representa la aristocracia askenazí (judíos de origen europeo), educado en Estados Unidos, con un dominio impecable del inglés, una retórica orientada hacia los mercados globales y la geopolítica de Washington... y ahora juzgado por presunta corrupción por tres delitos distintos. 

Eisenkot, de 66 años, nació en Tiberíades y creció en la ciudad portuaria de Eilat, en el extremo sur del país. Ciudades de parto y de vida en la periferia. Es uno de los nueve hijos de una familia de inmigrantes judíos de Marruecos. Si tiene éxito en las urnas y logra tejer una coalición de gobierno, se convertiría en el primer primer ministro de origen mizrají (judíos procedentes de países árabes y del norte de África) en la historia de Israel. Históricamente, el electorado mizrají de clase trabajadora ha constituido una base inquebrantable del Likud de Netanyahu, viendo en ese partido una herramienta de rebelión contra las viejas élites laboristas fundacionales. 

Que sea precisamente un general mizrají quien encabece la ofensiva para desalojar a Netanyahu dota a este ciclo electoral de una carga simbólica desconocida. Alguien con la piel más oscura, sin corbata, con un inglés rudimentario pero, a la vez, condecorado por EEUU por su tarea como militar. El contraste salta a la vista. 

Su trayectoria militar también se aparta del molde político habitual. Las principales figuras políticas de la seguridad nacional suelen salir de Sayeret Matkal, la unidad de comando ultra-selecta de las IDF por la que pasaron el propio Netanyahu, Ehud Barak y Naftali Bennett. Eisenkot, en cambio, forjó toda su carrera en la legendaria Brigada Golani, la infantería mecanizada conocida por su carácter rudo, obrero y directo. Subió peldaño a peldaño, dicen que sin padrinos, desde soldado raso hasta convertirse en jefe en 2015, ganándose el respeto de las tropas por su enfoque analítico, su aversión a la fanfarronería y su estricta disciplina.

Fue durante su etapa al frente de las FDI cuando acuñó la llamada "Doctrina Dahiya", una estrategia de disuasión basada en el uso de una fuerza asimétrica y abrumadora contra las infraestructuras utilizadas por grupos militantes como Hezbolá en áreas urbanas, asumiendo que el enemigo utiliza a los civiles como escudos humanos. Un pacifista no es, queda claro, como resaltaron en su momento organizaciones internacionales en defensa de los derechos humanos que cuestionaron que dicha doctrina se atuviera al derecho internacional. 

Pese a este perfil de línea dura militar, en el plano político y social Eisenkot ha demostrado ser un pragmático alejado del mesianismo de la derecha radical. Es uno de los enfoques que ahora le está abriendo puertas. 

El entonces jefe de Estado Mayor de Israel, Gadi Eisenkot, en un acto del Día de los Caídos, en el cementerio militar de Kiryat Shaul (Tel Aviv), el 5 de mayo de 2014.
El entonces jefe de Estado Mayor de Israel, Gadi Eisenkot, en un acto del Día de los Caídos, en el cementerio militar de Kiryat Shaul (Tel Aviv), el 5 de mayo de 2014.Gili Yaari / NurPhoto via Getty Images

Divorcio, renacimiento y alianzas

La entrada formal de Eisenkot en la política se produjo en 2022 dentro de las filas del partido Unidad Nacional, liderado por Benny Gantz, otra figura de uniforme y consenso que también fue jefe de Estado Mayor en Israel. Llegó a ser ministro sin cartera en la suma a ocho que mantuvo a Netanyahu por unos meses fuera del cargo. Sin embargo, su convivencia fue corta. En el verano de 2025, Eisenkot anunció su ruptura con Gantz y su renuncia al escaño en la Knesset que había ganado bajo su paraguas. Su crítica fue, sobre todo, institucional: acusó a Unidad Nacional de replicar los vicios de los partidos tradicionales, donde una asamblea controlada por el líder designa a dedo las listas de candidatos.

"Israel necesita sanar, reparar y recuperar la esperanza", proclamó al fundar Yashar en septiembre, no hace ni un año. Su propuesta consistió en abrir la toma de decisiones a las bases y estructurar una plataforma centrada en la decencia institucional y la rendición de cuentas. A su proyecto se sumaron figuras de peso técnico y moral: desde Shaul Meridor, un respetado economista y exdirector del Ministerio de Finanzas, hasta Yoram Cohen, exjefe del servicio de Seguridad Interna (el famoso Shin Bet), e incluso Shir Siegel, hija del rehén Keith Siegel, secuestrado en Gaza y superviviente del 7-O.

Esta amalgama de tecnócratas, figuras de la seguridad y representantes de las familias de las víctimas de Hamás le ha otorgado a Yashar una mística de comité de salvación nacional, que contrasta con la fatiga partidista que arrastran formaciones tradicionales como el Yesh Atid de Yair Lapid, que lleva intentando ser primer ministro casi 15 años. 

A pesar de su vertiginoso ascenso en los sondeos, el camino de Eisenkot hacia la residencia oficial en la calle Balfour de Jerusalén está sembrado de minas políticas. El sistema parlamentario israelí exige una mayoría de al menos 61 de los 120 escaños de la Knesset para formar un gabinete y ningún partido lo logra en solitario, por lo que la ingeniería de coalición se presenta, también este año, como un ejercicio tortuoso.

El bloque de la oposición, sumando todas sus vertientes, parece superar en las proyecciones al bloque derechista y religioso de Netanyahu. Sin embargo, esa suma opositora es profundamente heterogénea e incluye a los partidos árabes israelíes como la Lista Conjunta y Ra'am, que tradicionalmente cuentan con el veto o el rechazo de la derecha nacionalista secular. Los israelíes de origen árabe son hoy más de dos millones, un 21% de la población total. 

A diferencia de Bennett y Lapid, que compiten por el mismo espacio de centroderecha pero mantienen una postura  reticente a depender del apoyo árabe -el primero de ellos fue portavoz colono, que ya da pistas-, Eisenkot ha dejado entrever una postura mucho más audaz. En la primavera, convocó a la mayoría de los jefes de la oposición con el objetivo de coordinar un camino hacia una "mayoría sionista amplia", pero sin descartar acuerdos de cooperación parlamentaria o pragmáticos con las formaciones árabes para garantizar la gobernabilidad.

"Él mira el mapa político como un tablero militar", señala una fuente cercana a su equipo de campaña, en declaraciones a The Times of Israel. "Si el objetivo principal es detener la deriva caótica del actual gobierno y restaurar las instituciones, todas las fuerzas que respeten la ley y el carácter democrático del Estado deben ser consideradas".

Por su parte, Bennett ha intentado mantener la compostura ante el adelantamiento que Eisenkot le ha propinado en las preferencias del electorado centrista. En entrevistas recientes, el exprimer ministro insistió en que su prioridad absoluta es deponer a Netanyahu: "Haré cualquier cosa en el mundo para reemplazar a este pésimo gobierno. No dejaré que el ego sea un factor". Sin embargo, entre bambalinas, las tensiones por determinar quién encabezaría un hipotético Gobierno de coalición tras octubre ya han comenzado.

El exjefe del Estado Mayor israelí, Gadi Eisenkot, en un protesta en la plaza Habima de Tel Aviv, reclamando una investigación oficial sobre el 7-O, el 22 de noviembre de 2025.
El exjefe del Estado Mayor israelí, Gadi Eisenkot, en un protesta en la plaza Habima de Tel Aviv, reclamando una investigación oficial sobre el 7-O, el 22 de noviembre de 2025.Mostafa Alkharouf / Anadolu via Getty Images

El programa de Eisenkot

El manifiesto político antipopulista con el que Eisenkot recorre las paradas de autobuses y las arterias de cercanías de la Ruta 4 -las zonas de clase media trabajadora del país- ataca directamente los pilares de la gestión de Netanyahu y sus aliados, defiende inversiones esenciales en servicios públicos como la educación o la sanidad y promete una verdadera separación de los poderes del Estado. 

Su plataforma se sostiene sobre tres promesas fundamentales y la primera, troncal, es la de crear inmediatamente una Comisión Estatal de Investigación sobre el 7 de octubre. Se trata de una demanda ampliamente compartida por la sociedad y la cúpula militar, pero bloqueada sistemáticamente por el actual primer ministro, que argumenta que tales pesquisas deben esperar al fin definitivo de las hostilidades. 

Netanyahu ha llegado a crear un remedo de comisión interna, con personal partidista y tendente a no destacar los errores de quien manda, lo que en absoluto es suficiente para los allegados de los 1.200 asesinados y 251 secuestrados de Hamás, más los supervivientes del que fue el día más oscuro para los judíos desde el Holocausto. Para Eisenkot, la depuración de responsabilidades políticas y operativas es el primer paso indispensable para la reconstrucción nacional. Rendir cuentas no es venganza, defiende, sino una manera de sanar y de empezar el proceso de unidad nacional que tiene que curar a Israel. Unificar es la clave frente a la polarización y, también, comprometerse a no sacrificar innecesariamente vidas, como las perdidas en su propia familia. 

Pese al duelo doméstico, el candidato no usa a los suyos en campaña. Están, pero no los cita. "Se percibe como una nube de tristeza a su alrededor, pero no parece un hombre destrozado; al contrario, parece más decidido", escribe Amos Harel, un analista de referencia de Haaretz. "Considera su campaña como una deuda con su hijo caído y con la generación de combatientes del 7-O que murieron", ahonda. Insiste en que el actual liderazgo no está diciendo la verdad de la guerra y quiere sacarla a la luz. 

Como segunda medida de calado, plantea una reforma del servicio militar y el fin de las exenciones ultraortodoxas. Bajo la premisa de "servicio para todos", Yashar aboga por un "nuevo contrato social" que desmantele los privilegios históricos de la comunidad haredí, cuyos jóvenes están exentos del reclutamiento militar. Aboga por limitar las exenciones a sólo el 3% de cada cohorte haredí, no a toda la comunidad. Este porcentaje está diseñado para proteger únicamente a un grupo muy reducido de estudiantes religiosos excepcionales, equiparando este estatus al que se otorga a los músicos o atletas de élite. Todos los demás jóvenes ultraortodoxos estarían obligados a realizar el servicio en las Fuerzas de Defensa de Israel o, en su defecto, en un servicio civil alternativo gestionado por el Ministerio de Defensa. Quien se escabulla, será sancionado. 

Con un Ejército exhausto tras años de movilización de reservistas y frentes abiertos en el norte y el sur, la propuesta de Eisenkot resuena con fuerza entre la clase media laica y la derecha tradicional secular, que sienten que cargan en solitario con el peso económico y militar del Estado. Netanyahu, en este mandato, ha intentado cambiar las cosas pero se ha visto frenado, al final, por la dependencia que tiene de sus socios religiosos.

Finalmente, sobre el conflicto palestino-israelí apuesta por lo que llama "pragmatismo geopolítico" y que es una mezcla de statu quo y algunas cesiones. Por ejemplo, mientras que Netanyahu y sus apoyos defienden la anexión de facto de partes de Cisjordania y rechazan cualquier discusión sobre una solución de dos Estados, Eisenkot mantiene una calculada ambigüedad pragmática. Así que, sí, apuesta por la solución de dos estados, pero quedándose con los asentamientos que ya hay en Cisjordania y el este de Jerusalén, ilegales según el derecho internacional, en los que residen más de 600.000 personas. Dice que eso es "congruente con los intereses de Israel". 

Se define como un defensor incansable de un "Estado judío, democrático y poderoso", pero sostiene que la seguridad a largo plazo sólo se alcanzará mediante pactos regionales estables y una separación política de los palestinos, una postura que le permite atraer tanto a votantes del centro-izquierda como a conservadores desencantados. 

En cuanto a las guerras, ha apoyado las de Gaza, Líbano e Irán, aunque defiende que las habría acometido de otra manera, para reducir su duración, y habría iniciado en paralelo un proceso diplomático para acabarlas. Dice que no ve a esos grupos y países como amenazas "existenciales" para Israel, una palabra a la que el actual Ejecutivo se aferra con fuerza. En la franja palestina, en concreto, apoya el alto el fuego y la desmilitarización de Hamás, además de la rehabilitación parcial del territorio bajo condiciones seguras, incluyendo la apertura de su puerto. 

Su plan es debilitar a los enemigos y prevenir, más que abrir guerras pero, como es espinoso, es un asunto que trata de eludir en sus mítines, lo mismo que la palabra "Netanyahu". Aquello de no hay mayor desprecio... 

El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, su visita atacada por misil balístico iraní, que dejó más de 50 heridos, en Dimona, el 22 de marzo de 2026.
El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, su visita atacada por misil balístico iraní, que dejó más de 50 heridos, en Dimona, el 22 de marzo de 2026.ALEXI ROSENFELN / Getty

La contraofensiva de 'Bibi'

Benjamin Netanyahu, apodado El Mago por su legendaria capacidad de pervivencia política tras haber ganado seis elecciones desde 1996, no se está quedando de brazos cruzados ante el huracán mizrají. Consciente de que su base electoral en el Likud muestra signos de erosión frente al empuje de Yashar, el primer ministro ha presionado a las estructuras de su partido para obtener un control sin precedentes sobre las listas parlamentarias de cara a las primarias. Su objetivo es purgar elementos radicales que ahuyentan al votante moderado y colocar a figuras técnicas atractivas para los indecisos pero, a la vez, leales a su liderazgo, informa Ynet.

La maquinaria de propaganda de la derecha ya ha comenzado a afilar sus argumentos contra el exgeneral. En recientes intervenciones y vídeos de campaña, el entorno de Netanyahu ha intentado retratar a Eisenkot como un novato político carente de la agresividad necesaria para lidiar con los líderes internacionales y las amenazas de Irán, ridiculizando ocasionalmente su estilo tosco y su falta de oratoria en inglés en comparación con la sofisticación del mandatario.

La respuesta de Eisenkot en un popular podcast israelí demostró que, pese a su apariencia ruda, posee instinto para el contragolpe político: "¿Dónde estaba el excelente inglés de Netanyahu el 7 de octubre?", replicó, apuntando al corazón del argumento de seguridad que ha sostenido el mito del primer ministro durante dos décadas.

Es especialmente burdo el ataque de que, forzosamente, tendrá que pactar con los partidos árabes si quiere hacerse con su puesto. La prensa más progresista no ha dudado en calificar directamente de racista esta tendencia. Los asesores de Bibi se ríen e informan de que tienen más de 400 vídeos preparados para lanzar a las redes sociales en la misma línea y, también, cargando contra el nuevo aspirante con el otro gran reproche que es su bandera de campaña: fue débil e indeciso y por eso dejó el gabinete de crisis. Si le hubiera hecho caso, dice el mandatario, "todo Hamás seguiría controlando Gaza". 

"No tendrá Gobierno sin los árabes", repite ahora en todas sus intervenciones, junto a la idea de que ha ido dando bandazos ideológicos toda su vida: él mismo ha confesado que ha llegado a votar a los laboristas y al Likud, a la izquierda y a la derecha. 

Por mucho que se empeñen, es verdad que Eisenkot no tiene experiencia de gestión política, pero no es ningún tonto: se licenció en Historia por la Universidad de Tel Aviv y tiene un postgrado en Ciencias Políticas por la de Haifa. Al mando de las FDI, implementó un plan bautizado como Gideon que supuso un aumento de la fuerza y la creación del primer comando cibernético del país. Antes, mandó en Cisjordania y en el frente norte y fue asesor de Defensa del primer ministro Ehud Barak. Fue el propio Netanyahu, aunque ahora lo olvide, el que lo ascendió a jefe del Estado Mayor entre grandes elogios. "Labor magnífica", "inmensos éxitos" y esas cosas. 

Las elecciones del próximo octubre no se presentan, pues, como una simple rotación de siglas en el poder. Se debaten en un clima de profunda fractura interna, política y social. "Una sociedad en colapso: Israel sufre una crisis mental nacional debido a la guerra", titulaba hace apenas dos semanas un reportaje a fondo de Haaretz. La economía sigue golpeada por la prolongación del conflicto y a eso se suman divisiones profundas en torno a la reforma judicial y la separación de poderes y una crisis de confianza institucional sin parangón en los 78 años de historia del país.

En mitad de todo esto, Gadi Eisenkot, un señor casado con cinco hijos, ofrece una alternativa que muchos consideran anacrónica y otros indispensable: el retorno al liderazgo de los generales austeros, pragmáticos y parcos que fundaron y defendieron el país en el siglo XX, desprovistos del brillo de las redes sociales pero firmes en la gestión de las crisis. La gran duda es: ¿puede un hombre en apariencia común, sin pulir, cuya mayor credencial es su rectitud y su dolor compartido, derrotar al animal político más formidable de la historia moderna de Israel?

Faltan cuatro meses para que las urnas den una respuesta, pero la campaña ya ha dejado claro que Netanyahu ha encontrado, ahora parece que sí, un rival a tener en cuenta. "Esta vez, la responsabilidad cae sobre nosotros", como dijo Eisenkot en su mitin de lanzamiento. Sobre el hombre que vende que es todo lo que Netanyahu no es. Quizá cuadre a unos ciudadanos que tuvieron cinco elecciones en cuatro años y, luego, un periodo de guerra interminable. El 38% de los encuestados por el Canal 12 dicen que lo ven como el mejor primer ministro, dos puntos por encima de Bibi. Saben, dicen, que su meta no es sobrevivir. La de otros, sí.

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Redactora especializada en Global. Licenciada en Periodismo y experta en Defensa y Comunicación Institucional por la Universidad de Sevilla. Corresponsal en Jerusalén durante cinco años, colaboró con la SER, El País o Canal Sur. Trabajó en El Correo de Andalucía y fue asesora en la Secretaría de Estado de Defensa. Es autora de 'El viaje andaluz de Robert Capa', Premio de la Comunicación Asociación de la Prensa de Sevilla y jurado del Premio Internacional de Periodismo Manuel Chaves Nogales.

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