Broncano, ministro de los pachachos

Broncano, ministro de los pachachos

Broncano, perfecto en Movistar+, no pega ni de coña en cadenas generalistas compitiendo contra cinco millones —¡cinco millones a diario desde hace casi veinte años!— de hormigas.

El presentador y humorista David Broncano.GTRES

El gobierno ha enfocado mal este tema desde el primer momento. ¡Qué programa de humor ni programa de humor! Qué veintiocho millones. Qué contrato blindado ni niño muerto. Puestos a que le designen directamente desde la Moncloa, es obvio que el lugar de David Broncano está al frente de un ministerio. Ministerio de los Pachachos. Ministerio de las Chorprechas. Ministerio de Ordenación de los Moñecos y Relaciones con los Cobetes. Así, en las ruedas de prensa se le podrá preguntar cuánto dinero tiene en el banco y cuánto ha follado en el ultimo mes. Ricardo Castella, Director General de Bandanas. Grison, Secretario de Estado de Beatbox. ¿Que hace falta un hombre para todo, a pie de calle, un Koldo? Coño, pues Jorge Ponce cortando el bacalao —y de paso quince minutos al telediario—.

Que quede clara una cosa desde el principio —bueno, desde el segundo párrafo—: David Broncano me parece un putísimo crack. Sin ironía. Me flipó desde que le descubrí con Buenafuente y conecto directamente con el tipo de humor que hace. No sé explicarlo, pero me descojono. Desde luego, lo veré. Pero no estoy tan metido en mis redes sociales como para no darme cuenta de que muy buena parte de su tirón se basa en la complicidad con un perfil demasiado específico de público. Y eso es el mayor repelente de las audiencias masivas. Broncano, perfecto en Movistar+, no pega ni de coña en cadenas generalistas compitiendo contra cinco millones —¡cinco millones a diario desde hace casi veinte años!— de hormigas. Fíjense en las tomas del público que vemos en La Resistencia, fíjense.

Demasiados códigos, metacódigos y paraguiños. Demasiada adolescencia encantada con que la abuela no entienda la gracia. Demasiada identidad. Así que me temo shares de un dígito y ejecutivos nerviosos ante una prensa que se va a ensañar con razón ante las extravagancias sanchistas del contrato. Acabará exiliado más allá del prime time, lo que en este caso es irrelevante porque hasta los insectos saben que el público de Broncano no ve tele en directo y las reproducciones en YouTube multiplicarán por diez a los espectadores sentaditos a las 21:30 ante TVE, —así, no se entienden los cambios horarios del informativo, cuya única explicación es empezar un segundo antes que Pablo Motos—. Pasaría igualmente con otros humoristas que adoro, como los chanantes o Monty Python. Ojalá me equivoque.

Es por eso que, en previsión de una hostia que registren los sismógrafos japoneses, llegado es el momento de una pequeña crisis de Gobierno. Bolaños, a Defensa. Puente, a la nueva cartera de Autoimagen y Listas Negras. Y Broncano, a Entretenimiento. Los ministros no tienen audiencias a las que enfrentarse cada mañana. Nunca les cambian los horarios de sus comparecencias debido a que tienen menos espectadores que otras comparecencias. Tienen los cargos blindados sin necesidad de blindarlos. Y ocupan quince minutos de los telediarios sin necesidad de recortar quince minutos a los telediarios. Broncano, vicepresidente quinto de talk shows. Pablo Motos, líder de la oposición. El Gran Wyoming —¿no está dando penica lo nada que pinta en este tema?—, líder de El Gran Wyoming También Existe.

MOSTRAR BIOGRAFíA

Licenciado en Filosofía y doctor en Psicología. Es profesor titular de Psicología Clínica de la Universidad de Oviedo desde antes de que nacieran sus alumnos actuales, lo que le causa mucho desasosiego. Durante las últimas décadas ha publicado varias docenas de artículos científicos en revistas nacionales e internacionales sobre psicología, siendo sus temas más trabajados la conformación del yo en la ciudad actual y la dinámica de las emociones desde una perspectiva contextualista. Bajo la firma de Antonio Rico, ha publicado varios miles de columnas de crítica sobre televisión, cine, música y cosas así en los periódicos del grupo Prensa Ibérica, en publicaciones de 'El Terrat' y en la revista 'Mongolia'.