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El punk no ha muerto, está en la ciencia

25/10/2014 10:02 CEST | Actualizado 25/10/2014 11:21 CEST
GTRESONLINE

Por aquel entonces, en los 70 y 80 del pasado siglo, la actitud de los adultos hacia ellos era de un incómodo desprecio teñido de cierto temor. Decían que alguien no podía ser así toda su vida, que aquello se pasaría como un pico de fiebre episódica y que deberían renunciar a lo que eran para socializarse e integrarse en el futuro. Por su parte, ellos alegaban que no había futuro del que preocuparse. Ambos se equivocaban. El futuro llegó, aunque no sea necesariamente más luminoso que su ausencia. Y aquello no pasó.

Pocos movimientos prematuramente muertos han perdurado tanto como el punk. A finales de la década de 1970, una cierta remisión de la fiebre y la desaparición de algunos pioneros —la disolucion de los británicos Sex Pistols y la muerte de su bajista Sid Vicious— motivaron la noticia de que el punk había muerto. Surgieron nuevas bifurcaciones y se empezó a hablar de afterpunk. Y sin embargo, las ciudades aparecían escritas con el lema Punk’s not dead, título del primer álbum de los escoceses The Exploited. El punk se resistía a morir, y por ello el afterpunk fue rebautizado como post-punk.

Si el punk nunca murió, o si ha permanecido siempre no-muerto, sería materia de discusión. Pero la imagen de Piccadilly Circus bullendo de crestas coloridas y accesorios de metal hoy es una rareza. Y algunas de las bandas herederas más representativas, como The Offspring, Bad Religion o Green Day, ya forman parte del llamado mainstream, el que suena en las emisoras de radiofórmula, en los premios de la industria musical y en la habitación de cualquier adolescente sin que sus padres se avergüencen. El punk no se destruye; se transforma.

Pero ¿en qué? Muchos de aquellos jóvenes, hoy cuarentones, cambiaron las botas Doc Martens por las zapatillas Vans, y los imperdibles en la ropa por bolas de naftalina. Pero las tachuelas se llevan clavadas en las entrañas. "Uno puede disfrutar de la música punk y llevar una vida normal, estudiar y trabajar, y todo ello sin modificaciones corporales", cuenta a El Huffington Post Milo Aukerman, vocalista de Descendents, una veterana banda californiana formada en 1978 y de cuya fuente bebieron grupos como The Offspring o Green Day. "La noción de los punks como indeseables debe cambiar, porque no refleja la realidad. Siempre he considerado el punk como una música más que un estilo de vida, así que es fácil ir más allá de la caricatura estándar del idiota inmaduro y drogadicto ejemplificado por Sid Vicious", prosigue Aukerman.

LA REBELIÓN ESTÁ EN EL CORAZÓN

¿Significa esto que los punks veteranos han renunciado a la filosofía inspiradora? ¿Al inconformismo, la disidencia, el individualismo y la anarquía? Ni mucho menos. "La rebelión está en el corazón del punk, pero uno puede rebelarse de muchas maneras", señala Aukerman. "Una de ellas es rechazar las normas de la sociedad, pero el punk también es la aceptación de la individualidad, y si un punk puede sacar algo de felicidad de un trabajo y una familia, mejor para él", añade. "El punk es una espita de creatividad y una manera de sentirnos jóvenes, y si los casados con hijos y los trabajadores no tuvieran sitio para ello... Bueno, probablemente yo ya me habría suicidado".

Aukerman es un ejemplo ilustrativo de esa transformación. Doctor en biología por la Universidad de California en San Diego, compagina una actividad musical ya más esporádica con su trabajo como investigador bioquímico en la empresa DuPont. Pero el cantante de Descendents es también abanderado de otra llamativa tendencia: si los punks podían reconvertirse en adultos responsables y trabajadores, ¿en qué ocupación podía encajar esa filosofía de inconformismo, disidencia, individualismo y anarquía? Para algunos de ellos, la respuesta está en la ciencia.

“Pienso que la ciencia encaja bien con el punk”, dice Aukerman. “Veo paralelismos en lo que se refiere a la creatividad, el aspecto DIY [siglas en inglés de Do It Yourself, hazlo tú mismo] y la capacidad de cuestionar las cosas, al menos en el tipo de ciencia con causa que me interesa”. Pero además, el bioquímico y músico compara las sensaciones que ambas actividades pueden suscitar: “Es la naturaleza visceral del punk, la euforia pura que provoca la música. Cuando hago un descubrimiento en el laboratorio, me siento de la misma manera. Es la capacidad de ambos de inspirar y excitar”.

Aukerman no es el único caso de confluencia entre ciencia y punk. Otros dos ejemplos son Dexter Holland, cantante y guitarrista de The Offspring, y Greg Graffin, vocalista de Bad Religion. Holland abandonó su doctorado en biología molecular para concentrarse en su carrera musical, pero recientemente ha reanudado el trabajo de su tesis doctoral en la Escuela de Medicina Keck de la Universidad del Sur de California. En 2013 firmó su primer trabajo de investigación, un artículo en la revista PLOS One en el que se identifican varias secuencias genómicas que el VIH, el virus del sida, podría utilizar para contrarrestar la respuesta defensiva de la célula infectada.

En cuanto a Graffin, se doctoró en zoología por la Universidad de Cornell, ejerciendo como profesor en esta universidad y en la de California en Los Ángeles. Para el cantante de Bad Religion, banda fundada en Los Ángeles en 1979 con más de cinco millones de discos vendidos, la similitud entre punk y ciencia nace del inconformismo: “Pienso que el punk es una actitud y un modo de vida que desafía a la autoridad de la misma manera que la nueva ciencia desafía a la antigua”, valora Graffin. “Los científicos nunca están del todo satisfechos con sus conclusiones. ¿Y por qué iban a estarlo? Detrás viene otra generación que hará preguntas más profundas y estará armada con mejores datos”. El fin de todo ello, en opinión de Graffin, es constructivo; adiós al “Destroy”, uno de los lemas clásicos del punk. “Nunca fui uno de esos punks nihilistas”, advierte. “Mi objetivo siempre fue escribir canciones sobre cosas que son problemas hoy y que deben tener soluciones en el futuro, y esto es algo que también trato de hacer en la ciencia: reconocer problemas con la visión imperante, no con intención de destruir, sino de fortalecer los cimientos sobre los que basamos nuestro conocimiento”. “Es en interés de crear una vida mejor, no de destruirla, que continuamos desafiando a la autoridad y buscando nuevas maneras de pensar y de hacer las cosas”, concluye el líder de Bad Religion.

Lejos de escenarios y focos, de la relación entre biología y punk surgió a principios de este siglo un movimiento de ciencia ciudadana basado en la filosofía del DIY. Su campo principal es la biología sintética; su material de experimentación, el ADN; y sus principios, la disidencia del oficialismo científico y el acceso libre a la información. Esta corriente suele conocerse con los nombres de Biohacking, DIYbio o Biopunk. Al mismo tiempo, esta tendencia ha inspirado un magma cultural e intelectual que a menudo se manifiesta a través de la ciencia ficción, lo que ha llevado a etiquetar como punk la ciencia fronteriza y a menudo imposible que anima muchas obras de este género.

La versión biológica del punk ya es un fenómeno consolidado, pero recientemente ha crecido otro movimiento de fusión que pone ritmo de hardcore a una rama de la ciencia caracterizada, paradójicamente, por hundir sus raíces en todo lo considerado clásico. "Ser arqueólogo significa que, aunque vives en el ahora, tus intereses descansan en algún momento antes del presente. Si estudias la antigüedad, son cientos o miles de años. Si estudias el punk, son 40", escribe Andrew Reinhard (@adreinhard), director de publicaciones de la Escuela Estadounidense de Estudios Clásicos en Atenas, la principal institución arqueológica de EEUU en Grecia. Reinhard es uno de los pioneros de la Arqueología Punk y coeditor del libro Punk Archaeology, publicado online esta misma semana, de descarga gratuita, y que sirve como "antimanifiesto" de este "movimiento irreverente e irrelevante". "Somos tan punkS que ni siquiera tenemos una página web", escribe en su blog de arqueología mediterránea el arqueólogo e historiador Bill Caraher (@billcaraher), profesor de la Universidad de Dakota del Norte, también coeditor del libro y cofundador de esta corriente.

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El libro, que pronto estará también disponible en tinta y papel en Amazon, es una recopilación de artículos de blogs, ensayos y charlas que comenzó a gestarse a raíz de una especie de acto fundacional ideado por el estudiante de doctorado de la Universidad de Dakota del Norte Aaron Barth y celebrado en un bar el 2 de febrero de 2013. En aquella "no-conferencia", como la definen sus promotores, se habló de arqueología, se bebió cerveza y se escuchó punk rock en vivo. "Hicimos como los punks: buscamos algunas bandas, un bar en Fargo, e invitamos a nuestros amigos, además de conseguir algo de dinero del Consejo de Humanidades de Dakota del Norte y de una cervecera local", recuerda Caraher.

Según relata Reinhard, la Arqueología Punk nació en 2008 cuando Caraher y Kostis Kourelis (@kkourelis), profesor del Franklin & Marshall College de Pensilvania, coincidieron en Chipre y Grecia. Allí no solo compartieron sus experiencias arqueológicas, sino que también descubrieron su afición común por el punk. “Exploraron la intersección entre el punk, la arqueología y la historia en el blog Punk Archaeology, jugando con la idea de aplicar el DIY del punk a nuestra disciplina”, dice Reinhard. Caraher agrega que, tal y como los primeros punks tocaban la guitarra sin haber aprendido aún a manejarla, él comenzó a practicar la arqueología sin conocer sus herramientas. Para él, una parte de la inspiración provino de contemplar la ciudad como un yacimiento punk, en contraste con el barrio residencial de aspecto artificial en el que se crió. "La ciudad era vieja, era donde ocurría la vida de verdad, así que encajaba con esa música cruda y superreal. Para un arqueólogo, las áreas rurales donde excava tienen ese carácter: es donde sucedieron las cosas antiguas y donde aún existen restos de esa antigüedad".

Pero ¿en qué consiste la Arqueología Punk? Una de sus interpretaciones se centra en materias de estudio que podrían ser objeto de la ciencia tradicional. "En mi opinión, la Arqueología Punk busca proyectos que a menudo son ignorados por la academia", dice Reinhard, y cita como ejemplo su reciente participación y la de su colega Richard Rothaus, director de la empresa Trefoil Cultural and Environmental, en un proyecto destinado a examinar el impacto de las prospecciones petrolíferas de Bakken (Dakota del Norte) sobre la naturaleza y los enclaves históricos.

Una diferencia esencial de la Arqueología Punk respecto a la tradicional es su enfoque, lo que Reinhard denomina "actitud punk". "Los mejores científicos y los mejores punks son iconoclastas", añade Caraher. "Buscan perturbar los consensos y desafiar las convenciones sociales e intelectuales". Y en lo que se refiere al rígido mundo académico, no cabe duda de que estas convenciones comprenden desde quién puede participar en la realización del trabajo hasta cómo se difunden sus resultados. "Buscamos trabajar con voluntarios y con el público en general, educando con nuestro trabajo e implicándolos en el proceso", apunta Reinhard. Toda la información generada se comparte y se publica rápidamente, en condiciones de libre acceso. "Nuestra percepción de cómo comunicar nuestros resultados puede ser perturbadora para la comunidad académica más conservadora. Jugamos con el concepto de qué es la arqueología y qué podría ser", valora Reinhard, y añade: “La arqueología punk incluye actos de desobediencia civil y activismo arqueológico en apoyo del legado cultural”. Como ejemplo, el colectivo se movilizó hasta lograr la cancelación de Nazi War Diggers, un programa documental del canal National Geographic que suscitó las iras de los arqueólogos por su falta de rigor profesional y su escaso respeto hacia los restos humanos rescatados.

Sobre esta faceta comprometida, Caraher hace notar la distancia con el "no future" asociado tradicionalmente al punk. "Los arqueólogos punks, en general, se toman en serio lo que hacen y cómo lo hacen, y creen que esto puede marcar una diferencia en un mundo dominado por el postureo irónico", comenta el arqueólogo. "Esto no implica que no puedan ser irreverentes o incluso tontos, pero mira a tipos como Lou Reed [Velvet Underground], Richard Hell [The Voidoids], Tom Verlaine [Television], Joe Strummer [The Clash], Mike Watt [Minutemen] o E. Bloom [Blue Öyster Cult]. Incluso aunque fueran idiotas, creían en algo".

CEMENTERIO DE VIDEOJUEGOS

Pero hay otra interpretación de la Arqueología Punk que se aleja de la convencional también en el objeto de sus estudios. "Exploramos la historia de los lugares del punk, desde casas de okupas a la caravana en la que se crió Iggy Pop o las ofrendas dejadas en la tumba de Fred Sonic Smith [guitarrista de la banda protopunk MC5]", enumera Reinhard. Enclaves como estos forman parte de lo que Caraher denomina "arqueología del pasado contemporáneo". Sin duda, el proyecto más sonado hasta ahora ha sido la excavación de cientos de miles de videojuegos que la compañía Atari enterró en 1983 en un vertedero de Alamogordo (Nuevo México). Según Reinhard, la mayoría de los cartuchos eran del juego basado en la película de Steven Spielberg E. T., "considerado por muchos el peor videojuego de la historia", dice el arqueólogo. "Con el tiempo, el hecho se convirtió en leyenda urbana".

En junio de 2013, el Ayuntamiento de la población concedió los derechos para excavar y filmar un documental, Atari: Game Over, ante la cámara del guionista y director Zak Penn y con el patrocinio de Fuel Industries y Lightbox Entertainment, productores de contenidos para la consola Xbox de Microsoft. Reinhard siguió la historia desde su blog de arqueología y videojuegos Archaeogaming y escribió a los responsables del proyecto expresando su preocupación por el rigor científico. "Me preocupaba que los datos se perdieran si la excavación se hacía como el saqueo de una tumba, y propuse aplicar el enfoque y métodos de la arqueología". Meses después, Reinhard fue invitado a encargarse de la excavación y elegir a su equipo: Caraher, Rothaus, Bret Weber de la Universidad de Dakota del Norte, y Raiford Guins de la Universidad Estatal de Nueva York en Stony Brook como historiador de videojuegos.

La historia del cementerio de Atari hizo titulares en medios de todo el mundo, pero para Reinhard y sus colegas fue mucho más que una curiosa anécdota. "El material de Atari nos puede enseñar no solo sobre arqueología de las corporaciones y los medios, sino también sobre cómo el desierto conservó los componentes electrónicos", dice Reinhard. "También fue genial suscitar un diálogo polémico sobre qué es la arqueología, y cómo la arqueología de la cultura material es significativa cuando excavamos juegos y hardware que nosotros mismos utilizábamos hace más de 30 años". Y sobre todo, el proyecto propagó la voz. "Fue la primera excavación oficial en la que ondeó la bandera de la Arqueología Punk, un momento que habíamos estado esperando. Nunca habríamos tenido esta oportunidad única si yo no hubiera sido un poco agitador", aduce Reinhard.

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Y a todo esto, ¿dónde queda la música? Por supuesto, la Arqueología Punk también tiene su banda sonora titulada precisamente Punk Archaeology, un álbum compuesto e interpretado por Reinhard que puede escucharse y descargarse de forma gratuita. El arqueólogo, de 42 años y con una hija, suele componer temas que graba en el estudio del sótano de su casa. Con ocasión de su tesis doctoral escribió Your thesis is a war (Tu tesis es una guerra), un "tema furioso" de puro hardcore que incluye una parodia del famoso juramento a la bandera de EE.UU: "Juro lealtad a la bandera / de la Torre de Marfil de la Academia / y a los profesores a los que representa, / por favor aprobadme y dadme un puto empleo / sin beneficios, con sueldo bajo e injusticia para todos". Reinhard compuso también un tema sobre la excavación de Atari titulado Digging E. T.: "Vinimos a excavar al desierto / buscando a E. T. / Lo encontramos envuelto en plástico. / Vergüenza para Atari".

Los arqueólogos punks acarician ahora futuros proyectos. "El siguiente que estoy planeando fue sugerido por Aaron Barth, y consiste en documentar las localizaciones y el estado de conservación de los campamentos de los exploradores en la Antártida", expone Reinhard. "Además, me gustaría que pudiéramos ayudar de alguna manera en los esfuerzos de conservación en Egipto, Siria, Jordania, Irak y otras zonas de conflictos que están siendo saqueadas". Por su parte, Caraher estudia los campamentos de los trabajadores del petróleo en Dakota del Norte. "Pero no solo excavamos”, advierte Reinhard. “La Arqueología Punk significa cosas diferentes para personas diferentes, justo como lo fue el punk. Es un movimiento desorganizado y a veces anárquico, un colectivo global en el que muchos de sus miembros quizá ni siquiera saben que forman parte de él". Caraher lo resume en un verso de History Lesson – Part II, un tema de la banda californiana Minutemen: "Supongo que, en el fondo de todo ello, creemos que our band could be your life [nuestra banda podría ser tu vida]".

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