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Sueños universitarios truncados por Trump

30/01/2017 13:17 CET | Actualizado 30/01/2017 13:17 CET

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Foto: EFE

Nunca olvidaré el día que me aceptaron en la universidad de mis sueños. Cuando estaba en proceso de solicitar universidades norteamericanas, era normal sentirse estresada por mi futuro, porque era un periodo de incertidumbre. El proceso de admisión a universidades en Estados Unidos es tan competitivo que es normal no tener ni idea de a dónde vas a asistir, y es normal sentir que ninguna universidad te va a aceptar. Además, los solicitantes no saben si van a contar con los recursos financieros para poder asistir a esa universidad con la que sueñan. Muchos de mis compañeros de escuela secundaria todavía esperan conocer los resultados de sus solicitudes, junto con millones de otros americanos y de estudiantes internacionales. La mayoría van a ser aceptados en alguna universidad y van a tener la oportunidad de perseguir sus intereses académicos y aprender cómo pueden mejorar sus propias vidas y las de los demás.

Es muy pronto para saber qué voy hacer después de que me gradué en la universidad, pero sí sé dónde voy a estar durante los próximos cuatro años, y no hay nada ni nadie que me lo pueda quitar. Ya he empezado a conocer a otros estudiantes que también han sido aceptados en mi universidad. Como yo, han trabajado duro para poder ir a la universidad y tienen sueños y aspiraciones. Algunos de ellos tienen todavía que esperar a conseguir una beca o los recursos financieros para poder asistir, pero la mayoría ya lo tenemos asegurado.

Hace unos días, todo esto ha cambiado. Algunos talentosos estudiantes internacionales que ya han sido aceptados en universidades norteamericanas pueden ver su oportunidad frustrada por Trump. El presidente ha impuesto una prohibición de visas por noventa días para personas procedentes de siete países de África y Oriente Próximo. La prohibición es temporal, pero resulta difícil ser optimista sobre la política migratoria dadas las palabras y acciones de Trump y de su administración.

La razón de estas restricciones y de la prohibición de entrada a los refugiados es el miedo. Hay miedo a que personas procedentes de ciertos países puedan perpetrar algún ataque terrorista una vez que entren en Estados Unidos. Olvidan que ya era difícil obtener un visado si eras de alguno de esos países. El hecho de que nadie procedente de esos países en el pasado haya llevado a cabo un ataque terrorista en tierra norteamericana sugiere que el motivo de esta restricción puede tener un significado religioso.

Muchas mujeres musulmanas podrían perder la oportunidad de asistir a la universidades norteamericanas para mujeres.

La razón por la cual esta prohibición de visados es particularmente descorazonadora para mí es porque conozco a algunos de estos estudiantes internacionales y sé que son como yo y como otros estudiantes norteamericanos. Muchos de ellos tienen los mismos intereses, las mismas aspiraciones y ya han sido aceptados en universidades norteamericanas por méritos propios. Quieran participar en investigación académica como yo, o quieren mejorar la calidad de sus vidas, de sus familias, de sus amigos o del mundo. Sin embargo, es probable que no puedan asistir porque son de un país diferente al mío. El problema no es exclusivo de mi universidad sino que está afectando a la mayoría, si no a todas, las universidades. Según el American Council on Education, hay unos trece mil estudiantes de estos países matriculados en universidades norteamericanas que podrían verse afectados. Lo que es peor: muchas mujeres musulmanas podrían perder la oportunidad de asistir a la universidades norteamericanas para mujeres. Muchos estudiantes fueron a visitar a su familia durante las vacaciones y ahora no pueden regresar para terminar sus estudios.

Prohibir la entrada o el regreso de ciertos estudiantes internacionales perjudica tanto a los demás estudiantes como a las universidades en su conjunto. Las universidades norteamericanas, como las de muchos otros lugares, quieren estudiantes de otros países para promover la diversidad y para atraer talento internacional. Creo que la diversidad estudiantil en las universidades contribuye a la experiencia educativa porque ofrece perspectivas distintas a las de una misma, algo a lo que todavía yo en particular todavía no he estado expuesta. Y también beneficia a los Estados Unidos como país y como economía, haciéndolos más abiertos y competitivos.

Las universidades están resistiendo. Por ejemplo, la Universidad de Michigan ya ha dicho que no va a revelar información sobre el estatus legal de sus estudiantes. Otras están ofreciendo apoyo a los estudiantes de los países afectados, pero nadie sabe si las medidas serán efectivas.

Discriminar en contra de una clase de personas por su nacionalidad o su religión no es buena política pública porque distrae la atención de los peligros reales y no contribuye a la paz y la prosperidad en el mundo. En el contexto universitario, podría tener consecuencias graves para la investigación científica, puesto que ésta depende del libre intercambio de ideas y de la libre circulación de las personas. Y está creando un drama humano innecesario.

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