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Un espejo para nuestro cerebro

26/07/2015 09:58 CEST | Actualizado 26/07/2016 11:12 CEST

Últimamente utilizo Twitter para saber qué opina la gente acerca de determinadas materias, y como es lógico, dedicándome a lo que me dedico, de vez en cuando busco los términos "memorizar" y "memoria", y lo que me encuentro me resulta un tanto paradójico.

Por un lado, me encuentro decenas de tuits que, de una manera u otra, usan esos términos de una manera peyorativa. Generalmente son estudiantes que se desahogan criticando que el sistema educativo premie al que "memorice" más y no al que "comprenda" mejor las materias. "No es justo que se me juzgue a mí con el mismo baremo que a otro que tenga una memoria privilegiada".

Por otro lado veo también que los propios educadores (a algunos de ellos) buscan alternativas a la hora de evaluar que difieran de calificar un examen según lo memorizado o no por los alumnos. "Hay que emplear otras formas de evaluación que no se basen en la mera memorización de datos".

Pero en tercer lugar, no faltan los mensajes relativos a la pérdida de memoria: por una enfermedad degenerativa, un accidente cardiovascular, o por el simple paso de los años. Cada vez hay más preocupación por mantener las capacidades cognitivas intactas, en especial la memoria, el mayor tiempo posible.

A lo mejor puede parecer que trato de llevar las cosas forzadamente a mi terreno pero, sinceramente, me resulta un tanto absurdo lanzar una especie de cruzada contra la memorización cuando somos jóvenes para luego intentar buscar soluciones a toda prisa cuando llegamos a una cierta edad, como el estudiante que espera al día antes del examen para darse el atracón.

¿No sería más lógico tratar de no enterrar algunas de nuestras capacidades y así no tener que buscarlas años después, a ver si aún están dónde las dejamos o a ver si todavía funcionan? A lo mejor llegamos tarde y ya no las encontramos.

Ya lo dijo Juvenal, "mens sana in corpore sano". En los últimos 20 o 30 años, y cada vez más, se ha instalado en la sociedad occidental una cultura del deporte, del deporte físico. Hoy en día podemos ver en cualquier parque a multitud de personas corriendo o haciendo cualquier tipo de ejercicio físico; los gimnasios llenos de gente sobre las máquinas, haciendo pesas o en grupo, asistiendo a clases de spinning, body pump, body combat, GAP, etc., etc., etc. Parece que todos tenemos claro que el ejercicio físico es muy saludable.

Bien, esa es la parte del "corpore sano". ¿Pero qué ha sido de la "mens sana"? ¿Tenemos que esperar a los 60 años para entrenar nuestra mente? Si haciendo ejercicio físico con regularidad, todos aceptamos que nos sentimos mejor físicamente, ¿por qué no actuar igual con el ejercicio mental?

¿Cuánta gente conocemos que empiece a hacer ejercicio físico a una edad avanzada? Lo lógico es pensar: "Si no he hecho deporte con 30 años, no me voy a poner ahora con 60...". Se entiende que no tenemos las mismas condiciones. Curiosamente, para entrenar la mente empezamos a los 60. "Si es que yo antes estaba bien...".

Lo cierto es que, de manera natural, tanto nuestro físico como nuestra mente, a partir de una determinada edad, comienzan un lento declive. Si nos cuidamos, ese declive será aún más lento en los dos aspectos. La diferencia sustancial entre ambos, en mi opinión, es que no tenemos un espejo para el cerebro. Cada día nos miramos al espejo y podemos ver que no tenemos la cinturita de otra época, que la piel se nos viene un poco abajo, que si unas arruguitas por aquí, etc.

Vernos en el espejo y saber que los demás también nos ven nos motiva en muchas ocasiones a tratar de mejorar nuestra alimentación, a hacer ejercicio físico y demás. También podemos tener problemas de salud por sobrepeso u otros que nos lleven a trabajar la parte física. Pero... no tenemos un espejo para mirarnos el cerebro cada día, tampoco nadie nos lo ve, y sus enfermedades tardan más en detectarse. Eso no quiere decir que no se deteriore como el físico si no lo cuidamos, simplemente no lo vemos.

En realidad, el verso completo de Juvenal era "orandum est ut sit mens sana in corpore sano", algo así como "se debe orar a los dioses para que se nos conceda una mente sana en un cuerpo sano". Quizá no estaría de más que, mientras los dioses se lo piensan, les echemos una mano y vayamos haciendo algo por tener la mente activa, que igual se entretienen con otro y no les da tiempo a atendernos.

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