Patricia Ramírez

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Lo que guardamos en el baúl de los recuerdos condiciona nuestro presente

Publicado: 07/06/2013 08:02

Y tú, ¿qué guardas en el baúl de los recuerdos?
Uno de los responsables de por qué hay personas más felices que otras, es el BAÚL DE LOS RECUERDOS.

El baúl de los recuerdos es un gran condicionante, para bien y para mal. Influye en cómo nos relacionamos con las personas, en las decisiones que tomamos, en las elecciones que hacemos, en cómo nos sentimos y lo que esperamos del futuro. El baúl de los recuerdos es nuestro alma, la experiencia, los detalles de nuestra vida... puede llegar ser nuestro mejor amigo pero también el peor enemigo.

No tiene una localización concreta. El baúl puede ser una caja en la que guardas cosas, pero también está en tu memoria, en tus recuerdos. Y estos recuerdos son los que condicionan en gran parte tu felicidad.

Hablando con mi amigo Jordi Juste, decidimos el otro día dividir a las personas en dos grupos... -hoy no viene al caso... Jordi, esto lo explicamos en otro artículo, eh? ;)-. Pero existe otra división: las personas que guardan recuerdos con rencor, que prestan más atención a los que les fallaron, a los fracasos en su vida... frente a las personas que guardan en su baúl los agradecimientos, los éxitos y los detalles que suman.

¿En qué grupo de los dos tienes más probabilidad de ser feliz? Sin duda en el de los recuerdos positivos. Nuestro pasado condiciona el futuro, la motivación con la que nos enfrentamos a lo nuevo, los prejuicios que tenemos hacia las personas, lo capaz que nos vemos de tomar decisiones y seguir avanzando. Los recuerdos positivos nos dicen que tenemos potencial, que hemos superado pruebas en el pasado, que tenemos experiencia para triunfar, que las personas nos aportan y enriquecen, que la vida es un lugar para ser feliz y desarrollarse, que podemos confiar y que nos deparan cosas bonitas.

Los recuerdos negativos son negros, grises, oscuros. Hablan sobre lo que no salió, sobre esa persona que te falló, aquel amigo que no se comportó como tú esperabas, la entrevista de trabajo en la que estuviste nervioso y de la que saliste diciendo que no volverías a otra más. Los recuerdos negativos tienen mucha capacidad para empequeñecer a los positivos. Y además son como las cucarachas, que ni echándoles lejía desaparecen... salvo que tú decidas que no te aportan y que serías más feliz no teniéndolos.

Cada vez que la memoria positiva del baúl asoma la cabeza, y te dice: "Hombre, tampoco es todo tan horrible, puedes confiar en esta persona, seguro que no te falla"... aparece esa memoria oscura que te recuerda: "Pero si te han fallado amigos, compañeros de trabajo, no seas pardillo, todo el mundo es igual, aquí va cada uno a lo suyo... bla, bla, bla".

Y tú, que necesitas sentirte protegido porque es ley universal, le prestas más atención al baúl negro, te dices a ti mismo que igual tiene razón, y te limitas. Dejas de confiar, de relacionarte, de buscar oportunidades... porque solo ves expectativas negativas.

Además, si llenas tu baúl de recuerdos que restan, te sentirás apagado y desolado, porque tu mundo será un lugar en el que pasan cosas malas, con personas feas, en el que tú no tienes control sobre la situación, sino que son los demás los que condicionan tu vida. Las personas que interpretan el contexto así se sienten más tristes, con menos optimismo, con menos confianza en ellos mismos y en los demás.

No trato aquí de transmitirte que todo el mundo es bueno ni ideas utópicas de este tipo. Sólo trato de que limpies tu mente, y de que la abras, que observes más allá del agravio. Que no cierres la puerta a las oportunidades y no saques conclusiones sin preguntar.

Si quieres ser feliz, empieza por hacer una limpieza en ese baúl:

  • De esas experiencias que te marcaron, con las que te sientes ridículo, trata de buscar lo que te aportaron, qué te enseñaron. Y luego piensa: "Si te vieras otra vez en la misma situación ¿cómo actuarías, qué dirías?" Y una vez saques el aprendizaje, escribe en una hoja la experiencia, arrúgala y mete un tiro libre en la primera papelera que tengas en tu casa. Y cada vez que vuelva a tomar presencia en tu mente (la preocupación), di "gracias Pepito Grillo, ya conozco este tema". Y no le des más vueltas. No eres más responsable por machacarte.
  • Si tienes carpetas abiertas con personas que son importantes para ti, tienes dos opciones: o les llamas y hablas de forma franca, comentas qué te molestó y lo que te distancia... o eliminas a la persona definitivamente de tu vida.
    Mira a la gente que crees que te ofendió con otros ojos. Trata de ser empático, ¿existe otra explicación más benevolente para justificar lo que te hirió? Se encontraría enfermo, estaría nervioso, tendría un problema... o simplemente es un capullo. Si es un capullo... vuelve a repetir el ejercicio del tiro libre. Pon su nombre en la hoja, arrúgala, di BORRÓN Y CUENTA NUEVA y lanza. Si cabe la posibilidad de que no tuvieras toda la información para juzgar a esa persona, pregunta. Llama y pide explicaciones, tienes derecho a hacerlo, quédate tranquilo. Y con lo que te diga, luego, toma decisiones. Puede que te convenza lo que argumente o que no. Pero dale la oportunidad.
  • Con las experiencias traumáticas, como un accidente de coche en el que no tuviste responsabilidad ninguna, o alguna otra situación de éstas que la vida nos guarda de vez en cuando... acepta. Si no aceptas la parte injusta de la vida, por la que todos atravesamos alguna vez, te quedarás rumiando en el "por qué a mí, por qué yo". Y por supuesto, nadie te dará una respuesta, porque sencillamente, no la hay. Dale vacaciones al victimismo, es un mal compañero de viaje.
  • También nos contaminan errores nuestros que nos hacen sentir culpables, irascibles, frustrados. Para manejar estos sentimientos piensa que eres humano, que no tenías mala intención, pide perdón, disculpas. Nunca es tarde para hacerlo. La persona a la que has ofendido puede que te perdone o que no lo haga, pero seguro que valorará tu gesto y tu honestidad.

Y ahora, parte de cero. Lleva contigo un diario de bienestar encima. Basta con que sea una libretita pequeña. Y vete buscando cosas positivas con las que rellenarla. El hecho de buscar lo bueno aumenta el nivel de atención sobre lo que SÍ FUNIONA. Tu radar, ese que tienes en el cerebro, te llevará a estar pendiente de lo que te hace feliz, y este simple ejercicio ya mejora nuestro estado de ánimo.

Aprende a buscar la esencia, el detalle, lo que suma. Para conseguirlo tienes que entrenarte en ello. No sale solo si no lo has hecho hasta ahora. Mira a las personas con bondad, espera cosas buenas de ellas y de la vida. Si actúas así, si tienes ese tipo de expectativas, aumentas la probabilidad de que ocurran.

No dejes que el pasado condicione el futuro de tu vida. Llena el baúl de experiencias, de esos momentos que quieres llevarte contigo.

 

Seguir a Patricia Ramírez en Twitter: www.twitter.com/Patri_Psicologa

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