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10/03/2018 10:27 CET | Actualizado 10/03/2018 10:27 CET

Ellas eligen dónde para el autobús

Barcelona pone en marcha un plan piloto para evitar que las mujeres se sientan inseguras al bajarse del bus nocturno.

Pasada la 1 de la madrugada, las calles de la Zona Franca de Barcelona son cualquier cosa menos acogedoras. Los polígonos industriales se suceden uno detrás de otro. En las calles solo hay camiones aparcados, algunos tramos carecen de iluminación y no se ve ni un alma. El autobús nocturno de la línea N1 surca esta zona industrial medio vacío: en su interior hay ocho hombres y dos mujeres. Ellos, repartidos por los distintos asientos. Ellas se mantienen juntas, acurrucadas, sentadas cerca del conductor.

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Nora y su compañera, que se encuentra medio dormida, están a punto de empezar su jornada laboral en una planta logística de una cadena de supermercados. Cuando salgan, ya casi será de día. "Por esta zona hay gente muy rara", confiesa Nora antes de bajarse. "Nosotras tenemos suerte de que la parada nos queda justo delante del trabajo".

La línea N1 es una de las elegidas por el Área Metropolitana de Barcelona (AMB) para poner en práctica un plan piloto que quiere evitar que las mujeres se sientan inseguras al apearse en estas líneas. Si lo solicitan al conductor, pueden bajarse en cualquier lugar entre paradas, siempre y cuando la seguridad lo permita.

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El plan piloto en Barcelona se enmarca dentro de una tendencia que parece haber llegado para quedarse. La medida se aplica ya en ciudades francesas como Burdeos, Nantes y a las afueras de París. En España prevé aplicarse también en Bilbao, San Sebastián, Vitoria, Valencia y Terrassa. En Zaragoza se está estudiando y en Vigo lleva ya tres semanas que se aplica en todas las líneas.

"Estaba viendo la tele y ví que en Bilbao lo tenían montado", recuerda por teléfono Abel Caballero, alcalde de Vigo. "Pensé que nosotros deberíamos hacerlo también". A los cinco días, la iniciativa ya estaba en funcionamiento en la ciudad gallega. El alcalde de Vigo (293.000 habitantes) se dio cuenta entonces de que en Bilbao todavía no se había implantado y que ellos eran los primeros en ponerlo en marcha en todo el país.

Según Caballero, en tres semanas lo han usado ya unas 30 mujeres, siempre durante los fines de semana. La más joven tenía 23 años. La mayor, 63. Asegura que la medida no ha tenido ningún tipo de incidencia en los horarios de la línea y que ha sido todo muy fácil. "Técnicamente se trata de tomar la decisión y ya está", sostiene.

No lo ven tan claro en el área metropolitana de Barcelona, donde el bus nocturno transporta 8 millones de ciudadanos al año. Por ahora, el plan piloto sirve para estudiar el uso que podría tener la medida. "Nos preocupa cómo puede afectar a todos los usuarios", señala Joan Maria Bigas, Director de Movilidad de la AMB. "Lo iremos estudiando progresivamente y decidiremos si lo extendemos a otras líneas".

José Alejandro, el conductor del N1, apunta en la misma dirección. Asegura que tiene el tiempo muy justo para hacer los trayectos, aunque por ahora solo se lo piden dos mujeres cada noche. "El día que sean siete ya no sé si podré llegar a la hora", añade mientras se fuma un cigarrillo al final del recorrido.

El Director de Movilidad de la AMB reconoce que, por ahora, la medida se está usando poco. A pesar del aviso del plan piloto en los cristales del bus, ninguna de las mujeres consultadas durante la madrugada del jueves conocía el plan. "Durante los próximos días intensificaremos la comunicación y repartiremos folletos en paradas y dentro de los buses", añade Bigas.

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El bus nocturno, uno de los transportes más temidos

Desde que se instalaron cámaras de seguridad en su interior, los incidentes registrados en los buses nocturnos han pasado a ser residuales. Los ciudadanos, sin embargo, siguen considerando este transporte como uno de los más inseguros.

Según datos internos del AMB, la percepción de inseguridad general se dobla del bus diurno al nocturno (del 6 al 12%). En el nocturno, aumenta en el caso de las mujeres (un 17% se sienten inseguras) y la encabezan los menores: un 24% reconoce no sentirse seguro en ese transporte. Por esto, el plan piloto también incluye a los menores entre los que pueden solicitar bajarse entre dos paradas.

Tanto en Vigo como en Barcelona descartan que la implementación de esta medida tenga que ver con un aumento de las agresiones o de la inseguridad. Reconocen que ha sido precisamente la ola de protestas feministas la que les ha hecho dar el paso y promover una medida cuya incidencia está por determinar.

José Alejandro, el conductor del N1, señala que hay otras líneas que pasan por barrios más conflictivos, pero que, en general, se registran muy pocos incidentes dentro del bus. Según datos del Ministerio de Interior, los delitos aumentaron un 2,2% en la provincia de Barcelona en 2017 y un 5,1% en la ciudad. Con todo, la sensación de inseguridad en el área metropolitana de la capital catalana es prácticamente la misma que en 2001.

En Vigo, no obstante, lo tienen claro: la medida ha llegado para quedarse. En Barcelona, donde el bus nocturno transporta a mucha más gente, todavía está por ver si se consolidará. "Vamos a ver si vale la pena", responde el director de movilidad de el AMB. "En unos meses tendremos datos para valorar la decisión final".

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