INTERNACIONAL
19/07/2018 07:02 CEST | Actualizado 19/07/2018 10:25 CEST

Varios niños migrantes detallan su terrible experiencia en centros de detención fronterizos

Las quejas que presenta un informe judicial estadounidense van desde agua en malas condiciones hasta abusos físicos y verbales por parte de los guardias.

John Moore via Getty Images
Varias mujeres y niñas en una celda de detención de la Patrulla Fronteriza de Estados Unidos esperando a ser procesadas, el 8 de septiembre de 2014, en Texas.

A lo largo de cuatro noches, Keylin fue golpeada por agentes de la Patrulla Fronteriza de EE UU para impedirle dormir. Esta joven de 16 años, cuyo apellido se omite en los documentos judiciales, explica a un abogado que se mantuvo tumbada en el suelo de cemento en uno de los centros de la Patrulla Fronteriza en Texas, aterrorizada y rodeada por una valla metálica. Al cruzar la frontera con Estados Unidos la separaron de su madre, que venía de aguantar en Honduras que la amenazaran con una pistola hasta en tres ocasiones.

Según consta en los documentos judiciales, Keylin señala que las guardias de seguridad las obligaban a desnudarse frente a ellas antes de la ducha para contemplar sus cuerpos. Su madre, Daise, corrobora las palabras de su hija en declaraciones a un abogado. Keylin también cuenta que las guardias llamaban "sucias" a las inmigrantes y se burlaban de ellas.

La joven apenas comió porque la comida estaba congelada. Tampoco le dieron cepillo ni pasta de dientes. Aunque asegura que el frío de las celdas la hacía tiritar y que empezó a sufrir dolores en una pierna, no se quejó. Los guardias habían dicho que quien sufriera alguna lesión pasaría más tiempo retenido, y ella no quería darles la ocasión.

"Estuve muy asustada y deprimida durante todo ese tiempo", contó Keylin a un abogado el 29 de junio cuando fue transferida a un centro de detención para familias, donde se reunió con su madre. "Sigo deprimida. Sigo teniendo pesadillas y mucha ansiedad por la separación". A fecha de la reunión con el abogado, aún no había planes en marcha para la puesta en libertad de Keylin y su madre.

Según ha publicado la edición estadounidense del HuffPost, el Centro de Derechos Humanos y Derecho Constitucional de EE UU ha presentado un informe en un tribunal federal de Los Ángeles este lunes con más de 200 declaraciones de niños inmigrantes y sus familias. En ellas se detallan las terribles condiciones vividas en los centros de la Patrulla Fronteriza, en las instalaciones del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas y en los centros de detención.

Las denuncias, a las que ha tenido acceso el HuffPost, incluyen casos de agresión física y verbal, situaciones de privación del sueño y provisión de agua no apta para el consumo.

John Moore via Getty Images
Una niña centroamericana descansa sobre una sábana térmica en un centro de detención de la Patrulla Fronteriza el 8 de septiembre de 2014 en Texas.

Peter Schey, director ejecutivo del Centro de Derechos Humanos y Derecho Constitucional, escribe en dicho informe que alrededor del 90% de los testimonios que él recogió con un centenar de abogados de su equipo "son impactantes y espantosos" y que los niños con los que hablaron estaban "llorando, temblando, hambrientos, sedientos, sin dormir, enfermos y aterrorizados".

"El trato que se ha dado a estos niños es sinónimo de tortura", asevera Peter Schey, y añade que la situación ha empeorado bajo el gobierno de Trump. "Consideramos que ha habido una política de hambre impuesta, deshidratación forzada y privación del sueño con insultos rutinarios y agresiones físicas".

Ni el Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE) ni la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos (CPB) han querido responder a las preguntas del HuffPost.

A lo largo de los últimos dos meses, Peter Schey y otros abogados han realizado entrevistas con padres y niños inmigrantes, algunos de los cuales fueron separados a raíz de la política de tolerancia cero de Donald Trump, que se intensificó hasta el punto de incluir procesos penales. El citado informe no incluye el estado actual de cada niño. A la mayoría de ellos no se les leyeron sus derechos, como el que tienen a ser liberados de forma rápida para quedar a cargo de un tutor legal o un familiar.

El 27 de julio, el fiscal tratará de demostrar en un tribunal federal que los centros e instalaciones para niños no cumplen con los estándares básicos de higiene, alimentación, condiciones apropiadas para dormir y atención sanitaria, estándares que aparecen descritos en un juicio de 1997 conocido como el Acuerdo Flores.

Una vez que los migrantes cruzan la frontera, se les envía a un centro de la Patrulla Fronteriza para una retención a corto plazo, unos pocos días antes de ser transferidos a centros de detención o refugios. Aunque algunos de los niños dijeron haber estado en buenas condiciones en refugios para detenciones de mayor duración (personal amable, noches de cine y excursiones), los activistas y los expertos en materia de inmigración llevan mucho tiempo denunciando las condiciones inhumanas de las instalaciones de la Patrulla Fronteriza.

En mayo, Dixiana, cuyo apellido se omite en el informe, así como el del resto de personas entrevistadas, aseguró haber sido separada de su madre y trasladada a uno de los centros de la Patrulla Fronteriza, a los que llaman hieleras debido a sus frías temperaturas. Esta niña de 10 años procedente de Honduras contó a un abogado que su celda estaba tan abarrotada que, tanto ella como las otras chicas, tuvieron que dormir en el suelo o bajo intensos focos de luz.

Lloraba por la idea de no volver a ver nunca más a su madre, al igual que sus compañeras de celda.

Dixiana ha contado que, para desayunar, un guardia le dio un sándwich de jamón york congelado y que no les llevó agua a la celda. "El jamón york estaba negro. Probé un bocado, pero no me comí el resto porque sabía mal". Una madre de Honduras aseguró: "Podías notar el hielo cuando mordías el sándwich".

Después de 12 horas, Dixiana fue trasladada a lo que ella misma en español llama "perrera", en referencia a las mallas metálicas de las jaulas, donde pudo ver a su madre en otra celda. Cuando se quedó dormida, Dixiana dice que un agente la despertó de un golpe mientras buscaba a una niña con el mismo nombre que ella. Los siguientes días los pasó sentada en una celda sin ventanas y sin tener idea de si era de día o de noche, llorando porque echaba de menos a su madre.

Las declaraciones recogidas por abogados muestran claramente que los centros de la Patrulla Fronteriza no son lugares adecuados para niños. Una madre, Floridalma, describe que ella y su hija de 3 años estuvieron en una sala de 3x3 metros con otras tres madres y sus hijos. Como solo tenían dos colchones, el grupo durmió con la cabeza en el colchón y el cuerpo en el suelo de cemento.

U.S. Customs and Border Protection via Reuters
Niños retenidos en un centro del Servicio de Aduanas y Control de Fronteras en Texas el 17 de Junio de 2018.

Ruth, madre de un niño de 7 años, señala que hacía tanto frío en el centro que los niños no dejaban de llorar y se pusieron enfermos. A ella la separaron de su hijo, pero vio cómo los hijos de otras mujeres tenían fiebre, vómitos y tos, mientras los guardias se negaban a darles medicinas.

Los centros de la Patrulla Fronteriza tampoco cumplen los estándares básicos de higiene, según un informe judicial. Muchos de los niños afirman que los guardias les daban agua con sabor a cloro. "Solo la bebí dos veces, porque no me fiaba", cuenta Justin, un niño de 13 años de El Salvador. "Se me revolvió el estómago las veces que la bebí". Una madre llamada Yojana afirma: "Teníamos que beber agua del aseo para mantenernos hidratados".

Los niños aseguran haber estado más de cinco días sin bañarse y tener un acceso limitado a jabón, cepillos de dientes y pasta de dientes. Fátima dice que su hija de 8 años llevó la ropa interior sucia durante dos días porque no le dejaban usar la ducha.

Los niños también hablaron con los abogados de los problemas en centros de detención y en los albergues de la Oficina de Reasentamiento de Refugiados, donde son detenidos durante períodos más largos de tiempo. Desde el 8 de junio, Elmer (15 años) está en Casa Padre, el refugio más grande de niños migrantes en Estados Unidos, que el periodista Jacob Soboroff describió como una "cárcel".

Elmer cuenta que siempre tiene hambre porque no hay comida suficiente y que no le dan permiso para ir al médico cuando está enfermo. El joven le contó a un abogado que, aunque los chicos (de entre 10 y 17 años) pueden salir dos horas al día, les resulta "insoportable" porque no hay nada que les proteja del sol abrasador. Elmer explica que los guardas no le dejan ir a la iglesia y que casi nunca tiene la oportunidad de quedarse solo en la habitación para procesar sus sentimientos de ansiedad y soledad.

Aparte de las terribles condiciones de centros y refugios, los niños se quejan del personal que trabaja allí. El informe del caso contiene múltiples testimonios de niños que dicen que fueron golpeados por guardias mientras dormían, así como ejemplos de abuso verbal. Erick, de 16 años, cuenta que los guardias de un centro de la Patrulla Fronteriza de California les llamaban "burros" a él y al resto de niños guatemaltecos. Otro joven, cuyo nombre aparece tachado en el informe, explicó a un abogado: "Cuando le conté al agente que mi madre fue asesinada se rieron de mí y dijeron que era un blando. No me sentía cómodo después de compartir mi miedo".

Desde que Sergio fue separado de su padre y llevado a Casa Padre a principios de junio, se siente tan preocupado que no puede dormir. El adolescente de 16 años solo ha podido hablar 20 minutos con su padre en los últimos 45 días, y contó a un abogado que su padre va a ser deportado. Cuando un guardia lo vio llorando una noche en el baño, el hombre acusó a Sergio de ser un "llorón", un insulto seguido de "palabrotas" en inglés, según entendieron. "La forma en que me han tratado me hace sentir que no importo", afirma, "como si fuera basura".

Peter Schey, que la semana pasada estuvo hablando con los niños de Casa Padre, asegura que esos jóvenes están "traumatizados". "No reciben servicios de salud mental. Sufren depresión, ansiedad... y pesadillas e insomnio".

El informe judicial, de más de 1500 páginas, perfila una oscura imagen de las crueles condiciones en las que viven muchos niños migrantes. El 27 de julio, Schey presentará su declaración en el tribunal federal y pedirá a la juez de distrito Dolly Gee que nombre a un supervisor independiente para asegurarse de que las instalaciones cumplen con los requisitos que se marcan en el Acuerdo Flores.

"Esta historia no solo va de separar a niños de sus padres", explica a la edición estadounidense del HuffPost. "Si se mira con perspectiva se ve el hambre, el insomnio y el terror que se impone a estos niños".

Este artículo fue publicado originalmente en el 'HuffPost' Estados Unidos y ha sido traducido del inglés por Daniel Templeman Sauco y Marina Velasco Serrano.

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