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05/01/2021 07:19 CET | Actualizado 05/01/2021 07:19 CET

2021: El año del toro furioso

El 2021 ha asomado ya el hocico echando humo, amenazador, corneando y arremetiendo a diestro y siniestro como un Miura furioso.

OSCAR DEL POZO via Getty Images
Pablo Casado, Isabel Díaz Ayuso y José Luis Martínez-Almeida.

Un prestigioso científico, doctor con un impresionante currículum investigador al que las cochinas envidias académicas le han venido impidiendo la labor docente en la universidad pública canaria, envió a sus amigos un meme, palabra que ahora designa a los montajes tramposos, en el que se veía al presidente Sánchez sentado muy displicentemente sobre la famosa caja de vacunas que llevaba una pegatina de gran tamaño del Gobierno de España. Cuando le hice ver, a vuelta de wassap, que me parecía un montaje, su respuesta fue erre que erre lacónica: “Es como yo (y mucha más gente sensata) lo veo”. 

Este episodio de la banderita es de cum laude en la asignatura de la pataleta. La derecha se pone histérica de celos cada vez que el PSOE utiliza la bandera de España, que el PP y ahora Vox creen de su exclusiva propiedad. Seis días después de la rabieta, Díaz Ayuso proyecta una gran bandera nacional en Sol como telón de fondo para la retransmisión por las televisiones de las doce  campanadas de Nochevieja. Hay una cosa en todo esto: las siglas PSOE responden a Partido Socialista Obrero ESPAÑOL. Y ese ‘español’, por cierto, también debe atar en corto los flirteos de Pedro Sánchez con sus ‘donantes’ separatistas y antisistema de votos de oportunidad.  

Esa legión conservadora uncida con el don de la sensatez estaba, por lo visto, ciega cuando la irrepetible (pero por desgracia todo se repite) Isabel Díaz Ayuso posó su habitual misticismo teresiano frente al avión que traía las mascarillas para la Comunidad de Madrid, después de sucesivos engaños chinos. O cuando inauguró, rompiendo todas las medidas básicas de la pandemia, el hospital de muchos ruidos y pocas nueces Enfermera Isabel Zendal. 100 millones y subiendo. 

Ni citaron de pasada que muchos mandatarios europeos estuvieron entre los primeros vacunados, y que sus fotos se utilizaron para provocar un beneficioso ‘efecto llamada’ frente a los conspiranoicos que propugnan la objeción vacunal. 

Aconsejaba Goebbels, el ministro de Propaganda del III Reich, que si las mentiras se repiten miles de veces se convierten en verdad. Donald Trump, que no se ha enterado de estas cosas precisamente por sus lecturas, aplica otro procedimiento que fue enunciado al principio del mandato por su colaboradora  Kellyanne Conway: los “hechos alternativos” frente a la verdad real.

En el jodido año 2020, la derecha nacional no ha parado de lanzar ‘hechos alternativos’. Aparte de que el PP y Vox se sitúan claramente en la cabecera del ranking nacional de insultos por discurso y minuto, su argumentario, que es como una especie de catecismo diario del padre Ripalda, sustituye los argumentos por las consignas emanadas de unas ‘verdades’ tan ‘alternativas’, homeopáticas, astrológicas y esotéricas como las que han cimentado el alocado trumpismo o la resurrección del nuevo populismo mundial. 

El 2021 ha asomado ya el hocico echando humo, amenazador, corneando y arremetiendo a diestro y siniestro como un Miura furioso

Finiquitado pues el año de la pandemia, aunque la covid persiste, ha llegado el 2021, que será con toda seguridad el II Año Pandémico en toda Europa, del uno al otro confín. Los estados que habíamos puesto de buen ejemplo, y cuyos ciudadanos se creyeron que ya gozaban de bula o vacuna celestial, se han visto ahora martirizados por la segunda y tercera oleadas del coronavirus. Estos días Alemania ha llegado a tener más muertes (más de un millar) y contagios diarios que España en lo peor del inicial estado de alarma. 

Ningún partido de la oposición le ha cantado con el estilo de los Niños de San Ildefonso a la canciller Merkel 21 insultos ‘renovables’ seguidos, porque son como el viento, gratuitos, aunque por ahora solo soplan firmes y constantes por el costado de estribor, sea la amura o la aleta, porque por el centro hay vientos variables.   

El 2021 ha asomado ya el hocico echando humo, amenazador, corneando y arremetiendo a diestro y siniestro como un Miura furioso en los encierros de los sanfermines. A pesar de que la vacunación ha comenzado con normalidad, la derecha de inspiración gilroblista y la que mantiene resabios franquistas ha lanzado múltiples contramedidas, o cortinas de humo, para convertir la normalidad más anodina o los éxitos, que haberlos haylos, en trampa y trampantojos. 

Al Gobierno, ni agua. Aunque sea bendita; esa, mucho menos, que igual tiene efecto.

Estos días estoy corrigiendo las pruebas de un diario del confinamiento que empecé cuando olí la tostada, antes de la reclusión hogareña forzosa, y que terminé en la desescalada. Anoté día a día tanto mi actividad personal confinada, y las salidas a comprar el pan o la prensa, o la nueva tanda de medicinas, que me servían de periscopio inspector y de sondeo del qué se hace y qué se dice en las colas; o qué cosas comenta o refunfuña la dependienta o el guindilla. 

Por si acaso, mi mujer, que es sanitaria, y yo, que mantengo el olfato periodístico, tomamos medidas preventivas en cuanto se dio noticia del alemán que llegó contagiado a la Gomera desde Alemania. Saqué unas mascarillas de jardinería y suspendí un viaje que tenía programado a Ortigueira (A Coruña). Desempolvé una Moleskine de marca blanca, o mejor, negra, sin estrenar, y empecé a tonar notas diarias. 

Desde los primeros días se aprecia la misma técnica que se utilizó para acusar al presidente socialista Rodríguez Zapatero (no voy a entrar en si es bobo solemne o no) de haber provocado la crisis económica de 2008 y siguientes anualidades. Cuando se recuerda a sus acusadores que el crack fue culpa de la desregulación del sector financiero en Estados Unidos, como ratifica Obama en sus memorias, la contestación es de traca: “pero no la vio venir; negó su importancia”. Como todas las Cajas de Ahorro y los bancos, como todos los comercios y empresas, desde las de aceite y vinagre hasta los gurús de la economía, con alguna excepción. Eso es así. 

Esta técnica del descrédito y el bloqueo va a seguir, y a asentarse por algunas políticas cortoplacistas

El problema es que en España las consecuencias fueron más duras, hubo más deconstrucción, como la habrá con la covid, y en parte por parecidas o idénticas circunstancias: el clima, las costumbres sociales, y la enorme y arriesgada dependencia del sector turístico, que tiene un enorme peso en el empleo directo e indirecto por todo el sector servicios… Además, en aquél batacazo mundial, España se quedó colgada de la brocha por el crecimiento insensato del ladrillo sustentado en hipotecas para las que no había respaldo. 

Los avisos de los fonendos de organizaciones internacionales no fueron escuchados por Aznar, que presumía del ‘milagro’ español, que luego resultó pecado de avaricia: que en un solo año España había construido más viviendas que Alemania, Francia e Italia juntas.

Repasando los apuntes compruebo que la derecha, comandada por un PP que se doctoraba en obstruccionismo desenfadado, practicaba el oxímoron como metodología. Si un día criticaba duramente y con solemnidad patriótica al presidente y a la coalición del BOE de no hacer nada y no haberlo visto venir, al poco tiempo cambiaba el tercio y lo criticaba por ‘secuestrar’ al Congreso y llevar a cabo un autoritarismo bolchevique con medidas coactivas y de aforo. Si denunciaba que Fernando Simón no le daba carácter sensacionalista a la necesidad vital de las mascarillas, entre otras cosas porque no las había, porque su producción se había deslocalizado y se podría haber provocado una situación inmanejable de pánico social, cuando se encargaron y por fin llegaron, en medio de una especulación y cadena de engaños que afectó a toda la UE, se acusó unidireccionalmente al Gobierno central de incompetente y oscuro, pasando por alto el contexto mundial y el caso madrileño. 

Cuando se centralizó el mando con la autoridad única, se exigió perentoriamente la descentralización y contar con las comunidades autónomas; cuando se descentralizó, pasado lo peor, y se contó con las autonomías, se acusó ipso facto al Gobierno de dejación de funciones en cuanto se comprobó que la desastrosa gestión de Díaz Ayuso con las residencias de mayores, por ejemplo, podría pasar costosa factura en votos. ¡Y vengan cortinas de humo!. 

Esta técnica del descrédito y el bloqueo va a seguir, y a asentarse por algunas políticas cortoplacistas y llenas de efectos secundarios con el separatismo golpista catalán o con el post-etarrismo vasco, aún no arrepentidos ni los unos, que prometen que lo volverán a hacer, ni muchos de los otros, que han sustituido simplemente la capucha por la mascarilla. 

La técnica pepera es una copia de la del poderoso senador USA Mac Connell y el Partido Republicano. Hacer ruido, crear furia, bloquear, siempre bloquear, echarle a los demócratas la responsabilidad de los desastres de la derecha.