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11/04/2021 11:02 CEST | Actualizado 11/04/2021 11:02 CEST

A la ultraderecha se la gana con los votos

Acudan el día 4 de mayo al colegio electoral, cojan una papeleta progresista y déjenla en la urna. Es la acción que para a la ultraderecha en Madrid.

Pablo Blázquez Domínguez / Getty Images
El presidente de Vox, Santiago Abascal, habla durante el acto en Vallecas.

Somos una inmensa mayoría de ciudadanos quienes sentimos un rechazo absoluto a la ultraderecha. Esos gritos llenos de difamaciones, su agresividad premeditada para buscar la confrontación y, especialmente, los mensajes totalitarios que reflejan el odio que sienten al diferente. Todo aquel que no piensa como ellos es un enemigo.

No me lo han contado, lo vivo en cada sesión plenaria o comisión parlamentaria del Congreso a la que asisto y participo. Los diputados y diputadas socialistas, y la mayoría de grupos parlamentarios, tenemos que escucharlos a diario. A muchos debates parlamentarios no se les presta la atención mediática que se merecen, comprobaríais como llenan todo de provocaciones e insultos. Nuestra respuesta es el silencio, la mejor defensa democrática es ganarles cada votación.

La mejor defensa democrática es ganarles cada votación

Los procuradores designados por Franco en el Congreso pronunciaban desde la tribuna discursos casi idénticos a los que hacen actualmente los diputados y diputadas de Vox. Santiago Abascal dijo hace unos meses que “el Gobierno de Pedro Sánchez es el peor de los últimos 80 años”, dando legitimidad al franquismo. Las palabras importan y dónde las expresas también: hacerlo en el Congreso hace aún mayor la afrenta a nuestra democracia.

La ultraderecha actual es el reflejo del franquismo sociológico que ha pervivido, de abuelos a hijos y de hijos a nietos, en nuestro país. El partido que dirige Pablo Casado fue fundado por siete franquistas que eran conscientes que se sentirían representados por ellos. Así ha sido durante cuatro décadas, donde el PP representaba a esa parte de la sociedad española en las urnas.

La corrupción y Cataluña fueron las excusas que utilizaron Abascal y sus seguidores para escindirse del Partido Popular. Copiaron la estrategia de comunicación de la nueva extrema derecha mundial, tras años donde no terminaban de arrancar, y la maquinaria mediática de la derecha hizo el resto. El franquismo sociológico ya tenía razones para abandonar al PP que se había vuelto tibio a sus ojos. Una diputada del PP en la Asamblea de Madrid me dijo en su momento, “nos roban los votos porque Vox habla el mismo lenguaje que nuestros votantes en sus casas”.

Una diputada del PP me dijo: “nos roban los votos porque Vox habla el mismo lenguaje que nuestros votantes en sus casas”

 La encrucijada en la que vive Pablo Casado desde que lidera el PP, imitar en todo a Vox para recuperar esos votantes o romper definitivamente con el franquismo sociológico a sabiendas de las enormes pérdidas electorales, se la ha resuelto Isabel Díaz Ayuso. La presidenta de la Comunidad de Madrid eligió ser aún más radical que el propio Vox. Por este motivo convocó elecciones, cree que ella ya aglutina a todas las derechas. Su consiglieri, Miguel Ángel Rodríguez, le ha prometido que ahora esto, y después, la Moncloa. Cuando te doran la píldora con ensoñaciones de este calado ¿quién puede resistirse? Recordad que hace tres años era destituida como viceconsejera de Justicia.

El deseo de Abascal es gobernar en Madrid, la fórmula más propicia para llegar definitivamente al liderazgo absoluto en la derecha. Les vale llegar al 5% de los votos y tener representación parlamentaria, el resto será tener controlada a Ayuso en ese gobierno pues lo de Casado consideran que es pan comido. Y así la ultraderecha volvería a gobernar en Madrid, tomando posesión del antiguo Ministerio de Gobernación en época franquista tras 45 años de ausencia.

De la izquierda, y de todas las personas que rechazan a la ultraderecha, depende que no gobiernen en Madrid. De nuestra movilización y participación, de ser conscientes que están en peligro la convivencia y la democracia. Si conseguimos que ni gobiernen ni que estén presentes en la Asamblea de Madrid sería un doble triunfo histórico. Debemos parar al gobierno de Colón, a esta ultraderecha solo se la gana con los votos en las urnas.

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