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01/11/2020 10:34 CET | Actualizado 01/11/2020 10:34 CET

Por qué Trump ha hecho todo lo posible por obstaculizar el voto por correo

Como los demócratas tienden a votar por correo y los republicanos prefieren votar en persona, cualquier decisión que impida el voto por correo favorece a los republicanos.

MANDEL NGAN via Getty Images
El presidente estadounidense, Donald Trump. 

El martes 27 de octubre, a una semana de las elecciones presidenciales, cuando el número de votos emitidos anticipadamente ya superaba los setenta millones, cifra que es más de la mitad del total de los votos que hubo en las elecciones presidenciales de 2016, el partido demócrata dio la voz de alarma: A partir de este momento, los que quieran que sus votos sean aceptados deberán entregarlos en persona, porque los que se envíen por correo ya no llegarán a tiempo. 

Los ciudadanos ya hace muchos días que acuden a las urnas masivamente, soportando largas colas con aplomo y constancia. Si un mensaje ha tenido éxito es el de planear cuidadosamente el voto e ir a los colegios electorales con calzado cómodo y comida en mano, dispuestos a esperar con valor y paciencia las horas que sean necesarias para cumplir con este importante deber cívico, como aconsejó Michelle Obama en su celebrada intervención en la convención demócrata. Los ciudadanos, que van muy bien preparados, en algunos casos llevan incluso sillas plegables en las que descansan aprovechando las pequeñas paradas que hay en el lento y rítmico avance de la cola hacia su destino final, las cabinas de votación. Para evitarles una pesada espera a las personas mayores, les permiten que se salten la cola y voten antes que los demás.

Como los demócratas tienden a votar por correo y los republicanos prefieren votar en persona, cualquier decisión que impida el voto por correo favorece a los republicanos

Es evidente que hay un fuerte espíritu cívico. También es obvia la determinación de los votantes de depositar sus papeletas en las urnas pase lo que pase, por mucho tiempo que lleve, por muy incómodo que sea, haga calor o frío, con lluvia o sin ella. Para entretener a los votantes durante sus largas esperas a la cola hay grupos de cantantes y bailarines que van a los colegios electorales y actúan para ellos con energía contagiosa. También hay organizaciones que les llevan comida y les animan. Entre otras cosas, hay una colecta a nivel nacional para llevar pizza gratis a los colegios electorales. La gente está participando en estas elecciones como si le fuese la vida en ello y es que efectivamente está en juego la vida de la democracia y con ella los derechos de todos y cada uno de los ciudadanos.

Todo el mundo sabe que éstas son las elecciones más importantes de su vida. El reciente nombramiento de la juez ultraconservadora Amy Coney Barrett para el Tribunal Supremo sirvió de recordatorio de lo que está en juego. Se espera que el Tribunal Supremo, con su aplastante mayoría ultraconservadora, recorte derechos y libertades que ahora se dan por supuestos. Entre otras cosas, el Tribunal Supremo puede erosionar el derecho al voto. De hecho, esto está sucediendo ya. El lunes mismo, antes incluso de que la juez Barrett entrase en el Tribunal Supremo, éste emitió una decisión sobre el estado clave de Wisconsin diciendo que los votos por correo que lleguen después del día de la votación no se deben contar. En Estados Unidos, cada estado se rige por reglas de votación diferentes y es común que los estados cuenten los votos que se reciben una vez pasado el día de las elecciones siempre y cuando la fecha del matasellos no sea posterior a ésta. El lenguaje que el Tribunal Supremo utilizó para explicar esta decisión es muy parecido al que usa el actual residente de la Casa Blanca, que lleva tiempo repitiendo el mensaje de que el resultado de los comicios debe saberse el mismo día de la votación, sugiriendo que las papeletas que lleguen después de esa fecha pueden ser fraudulentas. 

Aunque los tribunales paralizaron algunas de estas medidas, el daño está hecho y el correo ha estado funcionando con mucho retraso

Como los demócratas tienden a votar por correo y los republicanos prefieren votar en persona, cualquier decisión que impida el voto por correo favorece a los republicanos. Es por esto que Trump, con descarada corrupción, puso en el mes de Junio a Louis DeJoy, un fiel aliado suyo, en el puesto de director general de Correos. Inmediatamente, éste procedió a debilitar el servicio con diversos subterfugios, desde reducir su presupuesto hasta prohibir las horas extraordinarias o incluso retirar las máquinas que clasifican el correo en ciertas oficinas o quitar los buzones en ciertos barrios. Aunque los tribunales paralizaron algunas de estas medidas, el daño está hecho y el correo ha estado funcionando con mucho retraso. En estos momentos las cartas tardan seis días en llegar o más. Ayer, en la televisión, los demócratas enfatizaron que ya era demasiado tarde para votar por correo y que, a partir de ahora, había que votar en persona. Este mensaje se repitió machaconamente a lo largo de la jornada, mientras se comentaba la noticia de la decisión del Tribunal Supremo sobre Wisconsin y lo que ésta augura sobre su intención de intervenir en el proceso electoral a favor del actual presidente en los múltiples pleitos que se espera que éste ponga para intentar invalidar resultados no deseados en otros estados clave. 

Como Trump está haciendo todo lo posible por suprimir el voto, muchos ciudadanos les siguen la pista a sus papeletas mediante un servicio que hay que envía notificaciones electrónicas cuando el colegio electoral recibe y contabiliza los votos. En vista de la gravedad de la situación, mi marido y yo este año no solamente mandamos las papeletas por correo con mucha antelación, sino que también nos apuntamos a este servicio. Como enviamos las papeletas a la vez y él recibió una notificación y yo no, después de un tiempo prudencial escribí al colegio electoral, que me contestó que esperase una semana, ya que todavía había miles de papeletas por procesar, aconsejándome que, si al cabo de ésta no recibía un mensaje, les avisase. El sábado pasado, cuando ya me disponía a hacerlo, me llegó por fin la notificación  Así que logré cumplir con mi deber cívico antes de que colapsase el servicio de correos. Los que no se dieron tanta prisa como yo tendrán que personarse ahora en los colegios electorales si quieren que se escuche su voz, así que la longitud de las colas no va a hacer más que aumentar.

 

Cristina González es catedrática emérita de la Universidad de California, Davis, donde ha impartido clases de literatura y cultura hispánicas en el Departamento de Español y de historia y situación actual de la universidad americana en la Facultad de Educación.