POLÍTICA
21/10/2019 19:38 CEST | Actualizado 22/10/2019 10:43 CEST

El viaje de Rufián

El portavoz de ERC en el Congreso ha pasado de llamar traidor a Puigdemont a ser acusado de lo mismo por el independentismo radical.

Reuters
El diputado de ERC en el Congreso Gabriel Rufián durante las protestas en Barcelona

Gabriel Rufián emprendió un viaje que ha terminado mal. El 26 de octubre de 2017, el portavoz de ERC en el Congreso presionó a Carles Puigdemont para que no convocara elecciones y proclamara la independencia de Cataluña. 155 monedas de plata”, escribió para recordar al expresident que el poble no perdona traidores. Dos años después, él es el traidor para el ala dura del independentismo. ¿Qué ha pasado en estos 730 días?

El camino de Rufián sufre un quiebro este sábado, cuando los Comités de Defensa de la República le expulsaron de una de las manifestaciones de Barcelona en el Arco del Triunfo con gritos de botifler, el insulto con el que los independentistas se refieren a los partidarios de los borbones en la Guerra de Sucesión. Es decir, a los supuestos traidores a la patria. 

La imagen de Rufián, serio, aguantando estoicamente los gritos de los manifestantes, es “el epítome” de su transformación tras el referéndum del 1-O, según cuenta a El HuffPost Pablo Simón, politólogo de la Universidad Carlos III de Madrid. Ese primero de octubre también empezó el viraje de su partido.

Esquerra Republicana y la antigua Convergencia Democrática pelean por dominar el espacio independentista en Cataluña desde 2012, cuando el expresident Artur Mas, asediado por la crisis económica, inició el procés que ha culminado con la sentencia más importante de las últimas décadas.

Ambos partidos han tratado de situar al contrario “en un lugar donde su posición independentista no quedara clara”, explica Simón, quien añade que hasta 2017 “ERC era el nicho de la izquierda”. Y Gabriel Rufián el bufón del Congreso, una fama que le dieron sus estrafalarias intervenciones en el hemiciclo.

Las urnas cambiaron todo

Tras el 1-O, Rufián y su partido se movieron. Apostaron fuerte por convertirse “en el nuevo partido de país y aspirar a ser Gobierno”, dice Simón. El politólogo cuenta que ese cambio llevó a la formación hacia posiciones “más pragmáticas y pactistas”. Y al diputado, a “reinventarse”. Tanto, que durante la fallida sesión de investidura de Pedro Sánchez se erigió en “hombre de Estado” y en uno de los facilitadores de un acuerdo entre el PSOE y Unidas Podemos.

Todo esto ha provocado un desacople entre las posiciones de los dirigentes de Esquerra y las de la calle que, como demuestra la semana de disturbios en Cataluña por la sentencia del procésestá más movilizada y crispada. ”¡Fuera, fuera!”, le gritaron los CDR, que según la Justicia mantienen una estrecha relación con Quim Torra. Un arma más en la batalla independentista.

El president animó públicamente a los CDR a “apretar” en el primer aniversario del 1-O y les alentó a ejecutar sus acciones de protesta contra el Gobierno central. También les prometió cobertura institucional para que desarrollaran sus acciones.

El propio Rufián lo sabe y no se esconde. En una entrevista en RAC1, ha comentado que lo que le ocurrió en Barcelona este sábado va con el cargo, y que el mandato de Oriol Junqueras es el diálogo con todo el mundo. “Esto no es renunciar a ningún principio [a la independencia]”, se defendió ante los micrófonos.

Los republicanos son socios del presidente Quim Torra en el Govern y ya le han pedido que convoque elecciones. Unos comicios que enfrentan a ERC a un reto: consensuar el liderazgo del partido tras la condena a Oriol Junqueras -13 años de cárcel y 13 de inhabilitación absoluta-. Y en el que giran alrededor Pere Aragonès, vicepresidente de la Generalitat y Roger Torrent, presidente del Parlament.

El protagonismo moral de Junqueras, recuerda Simón, “no lo discute casi nadie” dentro del partido. El condenado en la sentencia del procés con las penas más altas es la cabeza visible. Algo que sus adversarios de la órbita postconvergente no pueden replicar. “No se sabe si manda Puigdemont, Torra, Mas...”, dice el politólogo.

Pablo Blazquez Dominguez via Getty Images
Gabriel Rufián en el Congreso.

ERC quería en junio un Gobierno socialista con Podemos en la sala de mandos de La Moncloa para erigirse en representante e interlocutor del independentismo en Madrid y obviar a Torra. “El otoño no será un buen momento para hacer política, por motivos obvios”, advirtió Rufián en el Congreso a Sánchez e Iglesias. Tenía razón.

Aun así, el dirigente de Esquerra ha cargado duramente contra la fuerza de los manifestantes: “Se quedan a regalar imágenes de violencia que no nos representan”. Pero también ha señalado las “inadmisibles” actuaciones de la policía, como el atropello de Tarragona o el papel de la Mossos durante la manifestación fascista que arrancó a la plaza Artós el pasado jueves y que le ha llevado a decir que “ha llegado el tiempo de las dimisiones”.

El viaje del Rufián es el mismo que ha emprendido Esquerra y ambos comparten objetivo y vías de tren: hacerse con la hegemonía independentista. Ambos esperan no encontrarse una barricada por el camino.

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