Un corrompido y un corruptor: las diferencias entre José Luis Peñas, el concejal del PP que destapó la Gürtel, y el empresario Víctor de Aldama
A pesar de que su denuncia sirvió para iniciar las investigaciones de la Gürtel, Peñas fue condenado a tres meses más de cárcel que Aldama, aunque tampoco entró en prisión. En 2024, fue indultado parcialmente por el Gobierno de Pedro Sánchez.

Poco antes de las 13.00 horas del 6 de noviembre de 2007 un hombre se presenta en compañía de su abogado en las dependencias de la Unidad Central de Delincuencia Económica y Fiscal (UDEF) de la Comisaría General de Policía Judicial. Ambos se sientan frente a un par de agentes de la Policía Nacional y les entregan un CD y un escrito en el que se detalla cómo un tal Francisco Correa Sánchez dirige "en la sombra" una "auténtica organización criminal dedicada al blanqueo de capitales" cuya principal actividad económica está relacionada "con la obtención de contratos con las Administraciones Públicas (organización de actos y eventos para dichas administraciones), así como un ingente entramado de sociedades y personas interpuestas de su entorno profesional, laboral y personal dedicadas a la construcción y promoción inmobiliaria". El CD, metido en un sobre, contiene grabaciones de quince reuniones con Correa y otros y sus respectivas transcripciones. El hombre que ha hecho entrega de todo esto es José Luis Peñas, un exconcejal del Partido Popular en Majadahonda y amigo de ese tal Francisco Correa. Y todo ese material, desconocido entonces, es el preámbulo de uno de los casos de corrupción político-empresarial más sonados y graves de la historia de España: la Gürtel, por la que el PP ha terminado condenado por ser "partícipe a título lucrativo".
Por motivos obvios, el nombre de José Luis Peñas ha vuelto a resonar esta semana. Hay quien busca relacionar el nombre de Peñas con el de Víctor de Aldama, el empresario condenado este lunes por su participación en el caso Mascarillas, pero a quien el Tribunal Supremo ha liberado no solo de la cárcel sino de pagar una multa por los millones obtenidos de manera ilegal durante la pandemia gracias a su colaboración. Peñas, como Aldama, también fue condenado por su participación en los hechos que él mismo denunció. En 2018, el Supremo le impuso al exconcejal 4 años y 9 meses de prisión, tres meses más que a Aldama. Pero... ¿Es posible comparar ambos casos? ¿Cuáles son las similitudes y las diferencias entre ambas historias?
Unos inicios distintos
Acaso la principal aclaración sería la de su implicación en ambos casos de corrupción. En el libro que escribió para contar su historia, 'Uno de los suyos', José Luis Peñas detalla cómo tres meses antes del 7 de febrero de 2006 decidió "plantar cara a los tejemanejes" de sus colegas hasta entonces, enfrentarse "al descaro con el que se habían vaciado las arcas de muchos municipios, no todos madrileños". Ese 7 de febrero de 2006, Peñas comenzaría a grabar "cada uno de los movimientos del núcleo de la mafia madrileña" para, un año después, poder denunciar ante la UDEF.
El empresario Víctor de Aldama se ofreció a colaborar con la Justicia ya detenido y en prisión preventiva por su presunta implicación en otra red criminal, en este caso la relacionada con un fraude masivo en el IVA de los hidrocarburos. En noviembre de 2024, y tras varios meses en silencio, el expresidente del Zamora pidió declarar de manera voluntaria y, solo entonces, comenzar a colaborar con la Justicia. Eso sí, solo en lo relativo al caso que implicaba a José Luis Ábalos y a Koldo García.
A tenor de lo explicado, las motivaciones de ambos parecen diferir. Peñas siempre se ha definido a sí mismo como un arrepentido que, consciente del desfalco, decidió comenzar a grabar a los partícipes del entramado en el que él también tuvo un papel para, después, poder demostrarlo ante los jueces. Si el exconcejal no hubiera reunido todo ese material, no solo la Gürtel no sería la Gürtel sino que quizás hasta él mismo se habría librado de una condena. Lo de Aldama, sin embargo, es distinto. Cuando optó por colaborar, ya estaba siendo investigado por una causa todavía pendiente de juicio. Si bien el Tribunal Supremo ha destacado en su auto de condena que, sin su colaboración, habría sido difícil conocer la profundidad de los hechos cometidos por un exministro del Gobierno como lo fue José Luis Ábalos, lo cierto es que el caso Mascarillas no comenzó a investigarse a raíz de ningún arrepentimiento del empresario. Fiscalía Anticorrupción abrió diligencias después de una denuncia del PP de Madrid en 2022 con relación a unos contratos durante la pandemia. Y no solo eso. Cuando Aldama declaró de manera voluntaria, la UCO había elaborado ya varios informes que reseñaban el funcionamiento del entramado criminal.
Los caminos de José Luis Peñas y Víctor de Aldama volvieron a cruzarse a finales de 2024. Si en noviembre de ese año el empresario pudo salir de prisión preventiva gracias a su declaración colaborativa, un mes antes, en octubre, el exconcejal del PP logró el indulto parcial del Gobierno de Pedro Sánchez. Aunque la condena a cuatro años de prisión ya había sido suspendida por la Audiencia Nacional, sobre Peñas pesaba todavía una inhabilitación que, de no conmutarse, le impediría conservar su trabajo como funcionario en el Ayuntamiento de Madrid. Desde que fue condenado y hasta el indulto parcial pasaron seis años, 17 desde su denuncia. Es verdad que Aldama, a cambio entre otras cosas de hacer trabajos para la comunidad, se ha librado de toda condena el mismo día que la conoció, este lunes, pero cabe destacar que el empresario todavía tiene por delante otras causas judiciales, como la de los hidrocarburos.
Una fama... Distinta
Desde este lunes, hay también muchos que señalan que lo de Aldama servirá como ejemplo para otros corruptores o corrompidos. Si hablan para destapar otras corruptelas, dicen, podrán librarse, como el empresario, quien además no ha tardado en aumentar su fama paseándose por platós. Incluso en esto su experiencia es diferente a la de Peñas. Aunque el exconcejal también contó su versión en algunos medios, el relato de su vida después de atreverse a denunciar no es en absoluto envidiable. Peñas llegó a confesar que en una ocasión una furgoneta echó de la carretera el coche en el que viajaban su mujer y su hija. Ese mismo día, por la noche, alguien llamó a su casa y les dijo que, la próxima vez, ambas "caerían desde un sitio más alto". "Arruinaron mi vida", reconoció.
