Una familia aísla su casa con 300 balas de paja y no pasa de 24 grados en plena ola de calor sin aire acondicionado: "No pagamos nada a final de mes"
Sus propietarios aseguran que viven sin facturas de agua ni electricidad gracias a un modelo basado en la autosuficiencia energética y la permacultura.

Mientras muchas viviendas dependen del aire acondicionado para soportar las olas de calor del verano, una familia ha optado por una solución muy diferente. En la granja Belle Combe, situada en la campiña de Pont-du-Casse (Aquitania, Francia), Sébastien y Flore Biron Cercellier lograron que el interior de su casa no supere habitualmente los 24 grados centígrados incluso en los días más calurosos, sin necesidad de instalar ningún sistema de climatización.
La clave está en el diseño de la vivienda y, sobre todo, en el uso de 300 balas de paja como material aislante durante su construcción, un proyecto que iniciaron en 2019 con el objetivo de levantar una casa coherente con su filosofía de vida. El resultado, aseguran, les permite vivir con un consumo energético prácticamente nulo. "No pagamos ninguna factura a final de mes. Ni agua, ni electricidad", resume Flore en declaraciones publicadas en La Dépéche.
Un aislamiento de paja para mantener el calor fuera
La vivienda familiar, de 137 metros cuadrados, forma parte de una propiedad dividida en dos edificios. Para levantarla fue necesario transportar 300 balas de paja desde Bergerac y contar con la colaboración de artesanos locales, que inicialmente recibieron el proyecto con cierta sorpresa.
Según explica Flore, muchos profesionales nunca habían trabajado con este sistema constructivo. Finalmente, la obra se ejecutó con el apoyo de un formador especializado en construcción con paja y arquitectos belgas interesados en este tipo de edificaciones.
Las balas de paja quedaron protegidas por revestimientos de tierra y paneles de fibra, formando una envolvente altamente aislante. "Es una técnica de construcción aprobada. Con la paja existe el miedo al fuego, pero está tan comprimida que contiene muy poco aire y, por tanto, presenta muy poco riesgo", explica la propietaria.
Además del comportamiento frente al fuego, destaca otras ventajas del material. "Mi casa es saludable; no respiro amianto, pintura ni disolventes. Es un material económico, ecológico y permite mantener el frío o el calor dentro de la vivienda, evitando que entren las temperaturas del exterior."
El diseño de la casa también ayuda a combatir el calor
La paja no es el único elemento que contribuye al confort térmico. La vivienda fue diseñada para minimizar la incidencia directa del sol, prescindiendo de ventanas en la fachada oeste, la más expuesta durante las tardes de verano.
Además, parte de la cubierta es vegetal, lo que ayuda a reducir el calentamiento del edificio, mientras que la electricidad procede de paneles fotovoltaicos instalados en la propiedad. Gracias a esta combinación de aislamiento, orientación y producción de energía renovable, la familia asegura haber alcanzado la autosuficiencia energética.
Una forma de vida basada en la autosuficiencia
El proyecto nació después de que la pareja abandonara la región de París para instalarse en Pont-du-Casse, una localidad donde buscaban desarrollar un modo de vida más sostenible. Durante un año, Flore dejó en segundo plano su actividad profesional para dirigir personalmente la construcción de la vivienda.
La filosofía ecológica no termina en la casa. Toda la finca fue diseñada siguiendo los principios de la permacultura. En el terreno se plantaron 130 árboles, se creó un huerto y se construyó una piscina natural que, además de servir para el baño, actúa como refugio para aves, anfibios y otros animales. "Todo debe ser complementario. Cada elemento cumple varias funciones", explica Flore.
Sin facturas de agua ni electricidad
La familia también obtiene el agua de un pozo propio, que posteriormente trata para el consumo doméstico, y utiliza inodoros de compostaje para reducir el gasto de agua. Su objetivo es alcanzar la mayor autosuficiencia alimentaria posible mediante el cultivo de frutas y hortalizas, aunque reconocen que todavía no producen todos los alimentos que consumen.
Para Sébastien y Flore, este modelo de vida no responde a una idea utópica, sino a una decisión práctica para reducir su impacto ambiental. "Llevo mucho tiempo siendo activista y me indignan las injusticias medioambientales. Nuestro estilo de vida no es una utopía. Es la realidad. Tenemos que actuar. Estamos haciendo lo que podemos", afirma Flore.
Su vivienda se ha convertido así en un ejemplo de cómo el diseño bioclimático, el aislamiento natural y las energías renovables pueden reducir el consumo energético y mantener una temperatura confortable incluso durante los episodios de calor extremo.
