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La ciencia lo confirma: las personas con autismo también tienen empatía

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Ha sido uno de los vídeos más vistos en internet en los últimos días: un niño con autismo se emociona cuando sus padres le llevan a un concierto de Coldplay, un grupo que ha escuchado mil veces en casa. La reacción tan emotiva del niño ha sido muy comentada, pero tal vez sobre todo por aquellos que tienen una idea errónea sobre lo que hoy se conoce como Trastornos del Espectro Autista (TEA).



Una de las espinas más dolorosas para los padres de niños con TEA es escuchar cómo el trastorno de sus hijos se banaliza en el lenguaje de la calle. Por desgracia, incluso el propio diccionario de la Real Academia legitima la acepción metafórica del término autista como persona "encerrada en su mundo, conscientemente alejada de la realidad", un uso peyorativo e inapropiado que suscita la repulsa de padres y asociaciones.

Por si esto fuera poco, las personas con TEA y sus allegados se ven obligados además a padecer la incomprensión provocada por informaciones sensacionalistas que atribuyen desórdenes relacionados con el autismo a algunos criminales. Un ejemplo es una página de Facebook que promovía el odio contra las personas con TEA, calificándolas como "frías y calculadoras máquinas de matar sin ningún respeto por la vida humana" debido a su presunta "falta de empatía y compasión". La página de Facebook motivó un artículo en el diario The New York Times y una recogida de firmas para su retirada; actualmente ya no se encuentra activa.

DÉFICIT SOCIAL, NO AFECTIVO

Ahora, por fin, los familiares de las personas con TEA pueden contar con los argumentos científicos a su favor. Y es que en algunos casos, la ciencia se limita a certificar lo que para algunos ya venía siendo una realidad evidente. "Sí, hallazgos recientes en este campo parecen confirmar la intuición que los padres y familiares de personas con autismo han tenido desde hace tiempo", confirman a El Huffington Post los investigadores Indrajeet Patil y Giorgia Silani, de la Escuela Internacional Superior de Estudios Avanzados de Trieste (Italia) y la Universidad de Viena (Austria).

Pero advierten de que los estudios sistemáticos y controlados son imprescindibles: "Estos informes anecdóticos deben tomarse con un pellizco de sal, ya que pueden estar contaminados por sesgos; nadie admitiría que su hijo o pariente carece de empatía, aunque fuera el caso, así que los estudios científicos objetivos son importantes".

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Un niño con autismo, en terapia en el Mifne Center de Israel.

Una de las firmas características del autismo es un déficit en la capacidad de interacción social y éste es precisamente el rasgo que ha llevado a muchos a la creencia de que estas personas carecen de empatía y de conexión emocional con quienes les rodean. Pero en los últimos años, los psicólogos han comenzado a circunscribir el trastorno típico del autismo al dominio que llaman cognición social. Según una teoría, toda persona se sitúa en un punto intermedio entre dos extremos, la empatización y la sistematización, o lo emocional y lo analítico. La teoría sugiere que las personas con TEA tienden al extremo sistemático, por lo que experimentan una carencia en su capacidad para captar y gestionar sus estados mentales y los de otros.

Esto no implica que no sean capaces de sentir el sufrimiento de otros y empatizar con ellos: según Patil y Silani, esto no depende de una ruta cognitiva, sino afectiva, y ésta no necesariamente se encuentra alterada en las personas con TEA. De hecho, a esta incapacidad se le ha puesto en las últimas décadas un nombre específico: alexitimia, que literalmente significa "sin palabras para las emociones". Se da la circunstancia de que la alexitimia ocurre más frecuentemente en las personas con TEA; entre un 40 y un 65% presentan ambas condiciones, mientras que en la población general se estima que existe sólo un 10% de alexitímicos. Pero Patil y Silani advierten: autismo y alexitimia son dos cosas diferentes, y la falta de empatía sólo tiene que ver con la segunda.

DILEMA MORAL: ¿UNA VIDA A CAMBIO DE VARIAS?

Patil, Silani y sus colaboradores sometieron a un grupo de voluntarios a una prueba llamada tarea del dilema moral, empleada en investigaciones psicológicas para determinar la capacidad de tomar decisiones que afectan a la vida de otras personas. El método se basa en presentar dos tipos de escenarios. En ambos, el fallecimiento de una sola persona evitará el de otras muchas, pero en uno de ellos la acción que debe tomar el participante es indirecta y la muerte sobreviene como un daño colateral. Por el contrario, en el otro debe ser él mismo quien provoque deliberadamente esa muerte que de otro modo no ocurriría. Un ejemplo del primer tipo es la decisión de desviar un tren descontrolado que se dirige hacia un grupo de trabajadores, para situarlo en otra vía en la que sólo hay una persona. En el segundo caso, se pedía a los voluntarios que juzgaran si empujarían a alguien frente al tren para detenerlo y salvar al grupo.

Los investigadores estudiaron las respuestas de un grupo de 15 personas con autismo, de las cuales siete tenían además alexitimia, mientras que no había alexitímicos en el grupo de control. El conocimiento previo dicta que la mayoría de las personas desviarían el tren, pero no empujarían a alguien; es decir, actuarían en los llamados dilemas impersonales, pero no en los personales. Para los psicólogos, este patrón representa el efecto de la empatía, el rechazo a dañar a alguien deliberadamente incluso para salvar a más personas.

Ciertos estudios anteriores habían mostrado que las personas con autismo pueden optar con más frecuencia por la solución de salvar al grupo en los dilemas personales, lo que anteriormente se ha relacionado con ese estigma de la falta de empatía. Sin embargo en su estudio, publicado en la revista Scientific Reports del grupo Nature, los autores aclaran que los trabajos anteriores no sólo han sido más limitados, sino más importante, no analizaban la presencia o no de alexitimia en los participantes con autismo.

"Algunos estudios han encontrado deficiencias en empatía en autistas, mientras que otros no, porque la composición de alexitímicos puede diferir mucho en las muestras del estudio y hay que tener en cuenta este efecto", dicen Patil y Silani. Al introducir este factor, el resultado es claro: no hay diferencia entre los participantes con autismo y los controles cuando se trata de dilemas morales. De hecho, curiosamente, los controles se mostraron incluso ligeramente más propensos que los autistas a elegir la opción llamada utilitaria en los dilemas personales, la de empujar a alguien a la vía.

Como predecían los investigadores, sí hay una mayor tendencia a esta solución utilitaria asociada al rasgo de alexitimia. "Lo que nuestro estudio y otros previos sugieren es que, cuando se tiene en cuenta el efecto concomitante de la alexitimia, los autistas ya no muestran ningún déficit de empatía ni de ninguna otra medida de procesamiento emocional", comentan Patil y Silani.

ALEXITIMIA, UN RASGO CASI DESCONOCIDO

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Todo lo cual pone de manifiesto una vez más que los TEA son un cajón de sastre muy heterogéneo "y un factor que contribuye a esta heterogeneidad, al menos en el dominio de los problemas emocionales, es el rasgo de alexitimia", destacan los dos psicólogos. El estudio invita a estudiar este rasgo como algo que a veces ocurre simultáneamente, pero es diferente de, el autismo. Y sin embargo, para los autores aún es un misterio por qué esta característica aparece más frecuentemente ligada a los TEA. "Es una cuestión muy interesante, pero por desgracia aún no hay una respuesta satisfactoria", señalan.

Patil y Silani apuntan que ambos rasgos, autismo y alexitimia, parecen relacionarse con distintas regiones del cerebro. "Es probable que pueda haber factores de riesgo comunes, genéticos y ambientales, que produzcan una conectividad deficitaria simultáneamente en varias regiones del cerebro, y que esto resulte también en el desarrollo de alexitimia", aventuran. Pero reconocen que aún queda mucho por saber sobre la genética del autismo, y no digamos de la alexitimia: "El estado de la cuestión todavía es demasiado inmaduro".

En lo que respecta a la alexitimia, parece que falta tanto o más por saber que sobre el autismo, pero parece llamativo que este rasgo reciba una menor atención, teniendo en cuenta que sí se asocia a una falta de empatía. "Hoy no se considera un desorden clínico, sino sólo un rasgo de personalidad que aparece en la población en diversos grados", dicen Patil y Silani. Los dos psicólogos opinan que aún se requieren más estudios para definirlo con precisión, pero que por ahora no hay motivos de peso para clasificarlo como un trastorno. "Aunque esto no excluye la posibilidad de que lo sea en el futuro", concluyen.

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