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CES 2013, GPS for the soul, la revolución digital de la salud

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Saludos desde Las Vegas, Nevada (EE UU), a donde he llegado en medio de una tormenta perfecta. No me refiero al tiempo, que es excelente hoy, sino a un momento en el que varias tendencias convergen para crear algo más grande. Esta es una de esas ocasiones que, desde el futuro, veremos como el instante en el que todo cambió.

Estoy aquí por la Convención de Tecnología para Consumidores
(CES, en inglés), donde, durante los próximos cuatro días, unos 3.000 expositores de todo el mundo presentarán 20.000 nuevos productos. Toda esta energía, creatividad, e ingenuidad hace que el CES parezca una feria, pero del siglo XXI. La historia apoya esta analogía: la primera CES tuvo lugar en Nueva York en 1967, y desde entonces los productos presentados en el evento marcan un "quién es quién" (o, en este caso, un "qué es qué") en la tecnología disruptiva. Por ejemplo: el vídeo VHS (1970), la vídeo cámara y el reproductor de CD (1981), el DVD (1996), el televisor de alta definición (1998), y la Xbox de Microsoft (2001). El CES es un festival de cacharros, de los artilugios más modernos que no solo mejoran nuestra calidad de vida sino que también nos deslumbran con sus novedades y beneficios.

Este año tiene la posibilidad de ser uno de los más revolucionarios, y esto se debe a un cambio significativo de actitud sobre qué papel desempeña, o debería desempeñar la tecnología en nuestras vidas. Esa es la base de esta tormenta perfecta, cuyos principales elementos son las nuevas tecnologías disruptoras, el sistema de salud pública disfuncional estadounidense, y el interés creciente por controlar nuestra propia salud y bienestar.

En un artículo previo al evento, la revista PCWORLD escribió que espera que "continue la marcha hacia la conectividad", señalando aparatos que contribuyen al desarrollo de la casa inteligente y ofrecen la capacidad de controlar nuestro entorno -desde la forma de ver la televisión a la de subir el termostato- con artilugios que están conectados y sincronizados entre sí.

Pero la tormenta perfecta de la que hablo va un paso más allá: del móvil inteligente a la casa inteligente al ser humano inteligente. Para mí, las tecnologías emergentes más emocionantes no son las que permiten comunicarnos y controlar el mundo exterior, sino las que nos conectan con nuestro mundo interior, las que unen la mente, el cuerpo, y el espíritu. Ahí está el potencial real de la conectividad total. Muchos de estos aparatos, como los que se ponen en el cuerpo o la ropa para obtener distintas formas de biofeedback, son parte de lo que el periodista Matt Burns, de la revista TechCrunch, llama el mercado del "ser cuantificado". Agrupadas, estas nuevas tecnologías se han cristalizado en otro mercado: el del "ser conectado".

¿Por qué es esto importante? Porque esta tormenta perfecta está impulsada por una mayor conciencia del poder y el coste destructivo del estrés, medido tanto en dólares como en vidas. El estrés destroza no solo las relaciones, las carreras profesionales y la felicidad, sino también la salud. A nivel colectivo, el precio que pagamos es impactante: en EE UU el estrés le cuesta a las empresas unos 300.000 millones de dólares cada año, según la Organización Mundial de la Salud. En parte esto es debido a que el estrés es la principal causa de las bajas por enfermedad en el trabajo, según una encuesta del CIPD, la mayor empresa de recursos humanos del mundo. Y a lo largo de los últimos 30 años, los niveles de estrés reconocidos han subido en un 25 % para los hombres y 18 % para las mujeres.

El estrés también contribuye de manera importante al aumento de la diabetes, las cardiopatías, y la obesidad. En EE UU, 36 millones de adultos sufren de hipertensión no controlada, a pesar de que unos 32 millones de entre ellos reciben atención médica regular. Y casi el mismo número de estadounidenses -más de 25 millones- tienen diabetes. Los Centers for Disease Control and Prevention, unas agencias federales, estiman que el 75 % de los gastos relacionados con la salud se destinan a enfermedades crónicas evitables. Esta es una de las razones por la que los costes sanitarios se están incrementando exponencialmente: el gasto aumentó en un 3,8 % en 2010 y en un 4,6 % en 2011.

Si seguimos definiendo nuestro sistema de salud pública como el que se ocupa de qué pasa cuando caemos enfermos -si no atacamos la raíz del problema y las causas de por qué enfermamos- nunca lograremos estar al día con los gastos disparados. Es mucho más económico evitar que la gente sufra diabetes o cardiopatías que tratarlos de ambas. Lo mismo con el estrés. Pero en vez de adoptar medidas seguras, simples y baratas para enfrentar el problema en su origen, preferimos esperar al final para tratarlo con medicamentos que son caros y con efectos secundarios.

Esta respuesta nos ha llevado a una epidemia de adictos a las drogas legales en las que millones de personas no consiguen dormir sin pastillas o sobrevivir en el día a día sin alguna droga que atenúe los efectos destructivos del estrés. El número de personas que toman antidepresivos ha aumentado en un 400 % en los últimos 20 años, con 1 de cada 10 estadounidenses mayores de 12 años tomando algún antidepresivo. Uno de cada ocho, niños incluidos, consume algún medicamento psicotrópico, una categoría que incluye antidepresivos, pastillas para dormir, y otros medicamentos que alteran el comportamiento.

La manera más fácil, sana, y económica de tratar el estrés es atacar sus causas, no sus efectos. Y la buena noticia es que sabemos cómo hacerlo: prácticas como la meditación, la concentración, el yoga, y buenos hábitos para dormir, han mostrado ser extremadamente útiles para combatir el estrés. Y la concienciación sobre los beneficios de la reducción del estrés se está extendiendo desde las aulas del Harvard Business School, donde alumnos de posgrado aprenden a entender mejor sus emociones, a las multinacionales -como General Mills y Aetna- que aconsejan practicar la meditación, la concentración, y el yoga en el trabajo. Hasta los atletas olímpicos han empezado a incluir las siestas y la reducción del estrés en sus rutinas diarias.

Las nuevas herramientas de alta-tecnología permiten que los individuos tengan cada vez más control sobre su propia salud. La primera ola de tecnología de conexión nos hiperconectó con el mundo, pero en el proceso, a menudo nos desconectó de nosotros mismos. Por eso estoy tan emocionada con la nueva ola de tecnología que nos reconecta con nuestro propio ser. Por ejemplo, ha emergido un fuerte mercado de aparatos que se llevan puestos -como el Nike+ FuelBand, Jawbone UP, FitBit, y Lark- que controlan casi todo, como la actividad y el consumo de comida, el peso, y el sueño. En 2012 se vendieron 30 millones de estos aparatos, y se estima que para 2016 se venderán unos 80 millones, con un valor de mercado aproximado de unos 6.000 millones de dólares.

El HuffPost entra en este mercado del "ser conectado" presentando en CES nuestra GPS for the Soul (GPS para el Alma), una nueva aplicación que forma parte de nuestra cobertura centrada en el tema "Menos Estrés, Más Vida". Cuando escribí sobre el GPS for the Soul el año pasado expliqué que el proyecto había empezado con la esperanza de que, algún día, alguien inventase una aplicación para medir el estado de la mente, el cuerpo, y el espíritu, para automáticamente indicar los pasos exactos necesarios para realinear estos tres aspectos de uno mismo. Y aquí lo tenemos ya (se puede descargar aquí).

La aplicación GPS for the Soul está diseñada para funcionar en conjunción con la sección de mismo nombre de The Huffington Post, el nuevo boletín digital del periódico para la reducción del estrés, y servicios online ofrecidos en colaboración con socios como talktala y meQuilibrium. La aplicación mide los latidos del corazón y sus variaciones, dos elementos que son indicadores del nivel de estrés. A continuación te conecta a una guía personalizada que te ofrece música, poesía, ejercicios de respiración, y fotos de tus seres queridos que te puedan ayudar a eliminar el estrés y volver a centrarte. O puedes acceder a guías para reducir el estrés de expertos, otros usuarios, o tus amigos.

Las secciones GPS for the Soul de nuestra web serán un centro de contenido excelente, creado por grupos que trabajan en este campo, y ayudará a nuestros usuarios no solo a aumentar la conciencia sobre su estrés, y a corregirlo, sino también a ir más allá, hasta identificar las raíces del problema. Nos hemos asociado con talktala, la plataforma para conversaciones online grupales, donde la gente habla de las cosas que considera más importante en sus vidas, y con meQuilibrium, el sitio de coaching en línea que conjuga la ciencia y la investigación para ayudar a los usuarios a comprender mejor y a reducir el estrés.

Presenté todo esto en un panel del CES que moderé el 8 de enero, llamado The Digital Health Revolution: Body, Mind and Soul (La revolución digital de la salud: cuerpo, mente, y alma). En el encuentro participaron varios pioneros de este campo, incluyendo a Andrew Thompson, de Proteus Digital, que ha creado una pastilla digital capaz de compartir datos de salud entre pacientes y médicos; a Sonny Vu, quien ya ha desarrollado aparatos de monitorización para diabéticos y ahora da un paso más allá con tecnología sensorial para llevar puesta: Misfit Wearables (un guiño a Steve Jobs, que dijo: "Celebremos a los locos, los inadaptados [Misfit en inglés], los rebeldes"); y a Deepak Chopra, cuyo nuevo libro Brotherhood: Dharma, Destiny, and the American Dream, -escrito junto a su hermano, Sanjiv Chopra y que sale en mayo- representa su esfuerzo más reciente en una vida dedicada a aumentar la conciencia sobre la conexión entre cuerpo, mente, y espíritu. "La gente depende tanto de la idea de la 'bala mágica'", escribe Chopra, "que descuidan la prevención. La negligencia es una enorme asesina". Y esto es porque nuestras mentes y cuerpos están muy entrelazados. "Cada célula participa en cómo vivimos", continúa. "Ninguna parte del cuerpo puede escaparse cuando bebemos; el alcohol penetra el sistema. Y lo mismo hace la depresión. Y el estrés".

Y ahora, la tecnología, que tanto puede contribuir al estrés, tiene también el potencial de darnos las herramientas para combatirlo.

Así que para mí, el resultado más emocionante del CES de este año no es el coche inteligente ni la casa inteligente, sino la persona inteligente -la reconexión entre la mente, el cuerpo, y el espíritu. Es la mejor manera para que volvamos a tomar las riendas de nuestra propia salud, y para que este país recupere el control del moribundo sistema de salud público.

Espero que la tormenta perfecta que se presenta esta semana en CES nos lleve a días más soleados en todas partes.