Pedro Sánchez lleva su 'no a la guerra' a 'The Economist': "Los verdaderos aliados se deben apoyo mutuo en tiempos de conflicto, pero no obediencia ciega por un camino temerario"
El presidente del Gobierno desarrolla, en una tribuna en el prestigioso medio internacional, su visión contra la guerra en Irán a la que, asegura, "muchos países ya defienden" y a la que espera se sumen "muchos otros".

Pedro Sánchez ha conseguido colarse en la primera plana de la prensa de medio mundo. Sus últimas respuestas contra Donald Trump y su guerra en Irán le han llevado a ser protagonista de grandes historias y reportajes. Pero también le han convertido en referencia en primera persona, porque el presidente del Gobierno español ha publicado una tribuna en el relevante diario internacional The Economist. Su título es una declaración de intenciones: "No a la guerra".
El enfoque es el mismo que ya defendió el miércoles en una comparecencia institucional en La Moncloa en respuesta a las amenazas de Trump por vetar las bases militares de Morón y Rota. Ahora, en The Economist, Pedro Sánchez vuelve a comparar la experiencia de la guerra en Irak con el actual conflicto en la vecina Irán.
Recuerda que, en contra del sentir de la sociedad española, "el señor Aznar nos arrastró a (la guerra) de todos modos. El resto es historia. Una historia triste. La guerra de Irak duró ocho años. Se cobró la vida de 300.000 personas, la mayoría civiles inocentes".
"Hoy nos enfrentamos a una situación similar, y la postura de mi gobierno es la misma que expresó la sociedad española hace dos décadas: NO A LA GUERRA [sic]". Su contundencia le hace llevar a explicar que "esta postura no se debe a ninguna antipatía hacia la administración estadounidense, ni mucho menos a la simpatía por el brutal régimen iraní".
Reiterando el apoyo del Gobierno español al "vínculo transatlántico", pese a las quejas de Donald Trump, Sánchez se rebela contra una guerra que considera "ilegal", injusta e incierta. "Nadie sabe si contribuirá a la caída del régimen de línea dura. Lo que sí sabemos es que sus costos serán enormes y que no serán asumidos solo por los ayatolás".
El líder socialista pone el foco en los civiles iraníes que han caído y que sufrirán el conflicto, pero también en el resto del mundo, donde los efectos son ya reales y apuntan a dispararse "con interrupciones en el transporte, precios más altos, mayor inseguridad y mayor incertidumbre económica".
Tras teorizar sobre los potenciales riesgos del conflicto, afirma con contundencia sí saber que "no servirá para aumentar la seguridad de Israel ni para promover una solución justa para Gaza. No debilitará a Vladimir Putin ni facilitará la paz en Ucrania".
El presidente español explica en The Economist por qué ha decidido "no autorizar a EEUU a utilizar las bases" en suelo español, una posibilidad "contemplada en nuestros acuerdos bilaterales" y un "deber" que, afirma, tiene España "como miembros de la ONU y firmes defensores del derecho internacional".
"Los verdaderos aliados se deben apoyo mutuo en tiempos de conflicto, pero no obediencia ciega por un camino temerario", espeta de inmediato. Y la reflexión le sirve para reiterar que España no está sola en su 'batalla' antibélica. "No somos los únicos que piensan así. Muchos países han defendido una postura similar en los últimos días, y espero que muchos otros sigan su ejemplo", prosigue.
Porque, y con esta idea culmina su tribuna, el secretario general del PSOE y presidente del Gobierno, "ha llegado el momento de elegir qué principio guiará nuestro futuro común en este siglo: el imperio de la fuerza o la fuerza de las normas. España siempre estará del lado del derecho internacional, la cooperación entre las naciones y la protección de la vida humana".
