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La revolución de las mujeres

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Ocurrió en la primera manifestación en la que participé en la universidad de Ain Shams, en El Cairo, en 1991. Intentamos romper una de las puertas principales de la universidad para salir a la calle en protesta contra la primera Guerra del Golfo. En las primeras filas había unas chicas jóvenes con pañuelo que gritaban. Con sus puños apretaban con fuerza las rejas de hierro de la puerta de entrada para intentar romperlas. Sentías que estas chicas eran las que más necesitaban gritar y salir a la calle. Esta secuencia se repitió en numerosas ocasiones.

Pasaron 20 años y el 8 de marzo de 2011, pocas semanas después del derrocamiento de Mubarak y con motivo de la primera celebración del día internacional de la mujer tras la revolución, salieron a manifestarse centenares de mujeres egipcias para reclamar sus derechos. Entonces, individuos armados las acosaron y algunas recibieron palizas. Al final, se vieron obligadas a disolver la manifestación.

El pasado 5 de diciembre de 2012, el día en el que se produjeron enfrentamientos entre las fuerzas democráticas y revolucionarias por un lado, y las milicias islamistas por otro0, frente al palacio presidencial, circuló una fotografía de Shahenda Mekled. Se trata de uno de los iconos de la lucha por la democracia y por la justicia social en Egipto desde mediados de los años sesenta, después de que su marido, el líder campesino, Salah Hussien, fuera asesinado.

Shahenda vivió los periodos de tres presidentes y ninguno de los hombres de sus respectivos regímenes se atrevió nunca a taparle la boca, incluso cuando estuvo encarcelada. Hasta que llegó el régimen de los islamistas. Ese día, un hombre corpulento de las milicias del presidente Morsi, fue fotografiado tapándole la boca con la mano.

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Horas después, cuando las milicias empezaron a utilizar armas de fuego, se produjo otra secuencia de la que no hay fotografías. Una chica joven, con vaqueros, se tapó la cara con un pañuelo palestino y cogió una pistola de perdigones que tenía su compañero y empezó a disparar contra las milicias.

Entre estos dos momentos, el del 8 de marzo de 2011 y el del 5 de diciembre 2012, han pasado muchas cosas.

Muchas voces han hablado sobre el papel que desempeñaron las mujeres en el derrocamiento de Mubarak y su participación en los primeros 18 días de la revolución así como en la acampada en la plaza Tahrir.

Entre estas voces se encontraban las de los militares, que al mismo tiempo torturaban a mujeres en el museo egipcio, convertido en cuartel militar, y les realizaban pruebas de virginidad. Entre estas mujeres se encontraba Samira Ibrahim, la primera en denunciarles y en contar que las trataron como prostitutas por haberse manifestado.

Meses después, los mismos militares dieron una paliza a una chica cubierta con velo completo, a la que desnudaron en el suelo frente a las cámaras. Esto no llevó al final de la participación femenina en la revolución, sino que provocó el inicio del final del poder de los militares y que se celebrase la manifestación más numerosa de nuestra historia reciente convocada y liderada por mujeres.

Día tras día se percibe que muchas chicas jóvenes se quitan el pañuelo y participan activamente en política. Incluso está comenzando algo parecido a una "relajación" en los temas de tipo sexual. Es como si fuera su reacción y su rechazo a estos jeques del régimen nuevo que quieren imponer su modelo particular del Islam. ¿O será el efecto de la revolución?

A pesar de todas las agresiones que han recibido, las mujeres han seguido formando numerosas asociaciones y comités para defender, no solamente sus derechos como mujeres, sino la libertad de la sociedad egipcia. Han seguido saliendo en las manifestaciones, enfrentándose al régimen y también a un acoso sexual colectivo que se ha ejercido de forma muy violenta contra ellas en la plaza. Parecía claro que la mayoría de estos acosos, a veces incluso violaciones, eran provocados por parte de alguna fuerza. El nivel más violento se alcanzó en las últimas semanas, durante la revuelta contra los islamistas.

Las mujeres respondieron a esta violencia formando grupos compuestos por hombres y mujeres que circulaban por las calles del centro de la ciudad y por la plaza para defender a las chicas que sufrían estos acosos y para castigar a los agresores, si era posible.

También las voces islamistas estaban entre las que aplaudieron a las mujeres y su "participación revolucionaria". Todo ello sin esconder sus obsesiones sexuales con pequeños y grandes escándalos, entre ellos el de la Constitución. Una Constitución que no otorga de forma clara ningún derecho a las mujeres, cuyos derechos quedan sujetos a la frase "sin que estos sean contrarios a la ley islámica".

Durante su redacción, algunos salafistas de la Asamblea Constituyente querían darle al hombre el derecho de algo que podría denominarse como "el acto de despedida". Es decir, el derecho del hombre a acostarse con su mujer horas después de que esta hubiese fallecido. Al final, saltó el escándalo y ese artículo no se aprobó, pero sí otros como el que permite que las niñas se casen al cumplir 9 años.

Al final, llegó el referéndum con una nueva sorpresa: la mayoría de los que salieron a votar permaneciendo horas y horas frente a los colegios electorales han sido ellas.

mujeres egipto

El régimen sabe quiénes son sus enemigos, así que cierra los colegios electorales en los que votan las mujeres y provoca enfrentamiento para impedir que las mujeres voten. Un juez responde a una mujer que le pide que se dirija a ella con respeto: "Ninguna de vosotras merecéis respeto, las mujeres que salen de casa para votar no son dignas". Y las mujeres responden, se manifiestan y bloquean las calles, siguiendo con su camino.

Están lanzando una señal clara: que el golpe final contra el régimen vendrá de su parte. Y si este régimen cae, serán ellas la fuerza clave para que ello se produzca. Es la señal de que esta revolución es la revolución de las mujeres, de aquellas mujeres que más necesitan derechos y plena libertad.