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Once formas de amargarse la vida

09/02/2016 07:17 CET | Actualizado 08/02/2017 11:12 CET

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Ilustración: ELVIRA ZAMORANO

¿Eres feliz? Si respondes amablemente a llamadas comerciales sobre productos que no te interesan, cedes el paso aun cuando tienes preferencia, confías en la bondad de los extraños, se te pasan los enfados con facilidad, llevas calcetines de colores y sonríes espontáneamente cuando te das cuenta de que llevas el jersey del revés. Sí, definitivamente eres bastante feliz.

Te aconsejo que no cambies. Sin embargo, si en algún momento deseas sentirte una persona desgraciada, lee a continuación algunas de las formas más frecuentes y efectivas que utilizamos para amargarnos la vida.

1. Presta atención a tus problemas. Haz inventario de los propios y ajenos, es importante no olvidar ninguno. Revisa el ámbito económico, relacional, laboral, familiar, de la salud, etc. Una vez tengas un listado amplio, elige los más sangrantes y da vueltas a todas sus consecuencias e implicaciones. Si agotas los diferentes trenes de pensamiento, comienza a rumiar desde el inicio. La rumiación o preocupación prolongada es uno de los principales factores generadores o mantenedores de estados anímicos decaídos o ansiosos.

2. Ábrete al futuro. Si se agotan los problemas presentes, piensa en futuribles. Al fin y al cabo, hay que estar precavidos. Bueno, la precaución es algo secundario, primero centra tu atención en todo aquello que puede torcerse. El pensamiento castastrofista o anticipación de escenarios negativos facilitará el mantenimiento de estos estados deprimidos y/o ansiosos.

3. Piensa en el pasado. Tus vivencias son únicas y merecen ser rememoradas constantemente. Eso sí, elige algunos periodos gloriosos, pon unas pinceladas de glamour, algún toque de heroísmo, satura el color y compáralos con un presente gris y anodino. Para buscar el equilibrio, no olvides dejar algunos pasajes oscuros para demonizarlos y regodearte en el trauma. Enfocarte excesivamente en el pasado y construirlo de una manera poco realista inhibirá tu capacidad para disfrutar el presente.

4. Intenta leer el pensamiento, el subtexto y las verdaderas intenciones del otro. Que no te las den con queso. Algunos piensan que es desconfianza, pero puedes defender que se trata de suspicacia, astucia. Gran parte de los conflictos interpersonales se generan no tanto por hechos sino por lo que interpretas en el discurso o comportamiento del otro.

5. El control es la clave. Intenta controlar todo lo que sucede a tu alrededor. No basta con controlar tus emociones o tu comportamiento, es importante dar un paso más allá. Con disciplina y constancia llegarás a controlar a tu mascota, tu pareja, la familia, los amigos que te queden, el tráfico y los niveles de contaminación. Una necesidad excesiva de control provocará una menor tolerancia a la frustración y una mayor presencia de estados ansiosos.

6. Mantente siempre fiel a tus principios. Las cosas están bien o mal, o son platos o son vasos, son blancas o negras. La escala de grises es un invento para cobardes y diseñadores gafapastas. El pensamiento dicotómico implica rigidez cognitiva y limitará tu capacidad de adaptación a un entorno cambiante.

7. Haz de tus deseos necesidades. Desear está bien, pero ¿no es mucho mejor necesitar? Al fin y al cabo la vida es una mierda sin el último iphone, sin amor verdadero, sin un ático con terrazón o sin una tableta de chocolate por abdomen. No desees ser feliz, ¡necesítalo! Una preocupación excesiva por satisfacer necesidades creadas puede llevarte al bovarismo o insatisfacción crónica.

8. Expresar es importante. Es importante compartir tu punto de vista hasta que sea conocido por todas y todos. Si alguien muestra una perspectiva contraria, intenta que retome el buen camino. Si el ingrato/a se resiste, eleva el tono. Saca el caniche que llevas dentro y no pares hasta que asuma su error. Tienes razón y lo sabes. La comunicación agresiva o inadecuada es otro de los principales motivos de conflicto interpersonal y consiguientemente te llevará a un mayor aislamiento social.

9. El amor lo es todo. Encuentra el amor de tu vida (el que tienes lo mismo es de mentira). El trabajo, la familia, los amigos son secundarios, prescindibles. Guíate por impulsos, fíate de tu corazón y ten pánico a la soledad. Si tu objeto de deseo tiene algún tipo de tara o defecto mejor, así podrás sufrir por sus problemas, ayudarle y sentir su agradecimiento. Si es una persona narcisista o carente de empatía, ¡perfecto! El temor a la soledad, la voracidad afectiva y la centralidad del amor favorecen el establecimiento de relaciones de dependencia emocional.

10. Mantén una vida sedentaria. Sí, la vida es más fácil si transcurre de la cama al sofá y del sofá a la cama. Si además consigues una atención plena a la pantalla de la tele, perfecto. Piensa en términos de eficiencia y aplica la ley del mínimo esfuerzo. Una vida sedentaria también puede ayudarte a mantener esos estados depresivos y ansiosos.

11. La culpa es de los otros. En realidad la culpa es de los padres, ya lo decía el psicoanálisis. Al fin y al cabo ellos marcaron tu carga genética y dirigieron tu educación. Si en algún momento los tentáculos parentales no explican tus problemas siempre puedes tirar de Manuela Cármena.

Por último, mantente firme. El cambio no es el camino. Y no olvides que no debes buscar apoyo o pedir ayuda profesional. Ya sabes, un psicólogo/a te animará a explorar y cuestionar todas estas pautas, e incluso propondrá otras que te resulten más adaptativas y saludables.