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¡¡¡Fap, fap, fap!!!

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Hace una década cuatro científicos chinos realizaron un experimento con 28 pobres compatriotas: les mantuvieron varias semanas sin eyacular. Desde el primer día, los metódicos científicos midieron el nivel de testosterona de los pacientes para descubrir que en un principio nada sucedía. Quizá un índice de sudoración excesivo al quinto día pero, al séptimo, de repente, el porcentaje de testosterona creció un 45,7. Tras esa primera semana no se volvió a detectar ningún otro incremento significativo. Así que, al cabo de un tiempo, se dio por concluida la prueba. Los chinos (científicos y voluntarios) ya tenían en la mano lo que querían.

Los célibes asiáticos confesaron sentirse especialmente bien con ese chute de esteroides hormonales. La publicación de los resultados en el periódico científico de la Universidad de Zhejian, Dios sabe cómo (por esas laberínticas conexiones pseudo neuronales de la red) llegó a la página web Reddit. Esta inmensa comunidad virtual cuenta ahora con más de 60.400 fapstronauts (como se hacen llamar) disertando acerca de un autoimpuesto desafío: el No-Fap Challenge. El reto consiste, en un principio, en aguantar una semana sin masturbarse. El término fapping procede de la traducción inglesa de la onomatopeya japonesa utilizada en los tebeos manga para describir el sonido de la masturbación masculina ("Estaba viendo porno en Internet y entonces... fap, fap, fap... no pude evitarlo").

El foro de Reddit titulado No-Fap, así como otros espacios de debate internáuticos, empezaron a poner en común las sensaciones regaladas por la abstinencia. Súbitamente, los chicos describían cómo, tras superar el duro mono de los primeros días, comenzaban a sentirse más enérgicos, a ganar seguridad en ellos mismos, a focalizar con mayor nitidez sus tareas laborales, a reconocerse más despiertos y de mejor humor. Y esa inyección de fuerza y lucidez (aparte de su ebullición testicular), les provocaba ser más directos y valientes en las relaciones con las chicas. Mantenían el contacto visual e incluso establecían uno verbal con la atractiva bibliotecaria, con la rubia cogiendo yogures en el supermercado, con la compañera de trabajo de los tacones más altos. Muchos hombres confesaron haber aumentado sus conquistas o haber reflotado la vida sexual con sus parejas.

Pero los beneficios del No-Fap no consistían únicamente en la adquisición de nuevas experiencias sexuales o una súbita e impropia afición al jogging, sino en la pérdida de un lastre. Según declaró el consultor sexual Ian Kerner en CNN, el porno en Internet ha incrementado al menos en un 50% la masturbación masculina, llegando incluso a un 500%. El consumo de pornografía en la red es ya una nueva adicción.

La página web www.yourbrainonporn.com analiza científicamente las alteraciones cerebrales provocadas por el consumo intensivo de pornografía. Según sus averiguaciones, está en la genética de los mamíferos perder el interés sexual por una misma pareja al cabo de cierto tiempo. La novedad (en todos los aspectos de la vida, no sólo en el sexo) genera serotonina y nos hace sentir bien. El problema es convertirse en un adicto a la novedad. Raro es el espectador de ciber porno que no ojea varios vídeos antes del fap, fap, fap. Acostumbrados a la oferta instantánea e ilimitada de estímulos sexuales, perdemos la excitación ya no sólo cuando nuestra pareja sexual real es siempre la misma, sino al poco rato de estar contemplando a una nueva. Según yourbrainonporn el cerebro no está preparado para esta avalancha de excitación que termina trastornando nuestra demanda y nuestra gestión de los impulsos sexuales.

La adicción a la tecnología y el gusto por el sexo acaba enganchándonos a la pornografía en Internet, pero también está ahora en la red una posible solución a esta dependencia. Miles de usuarios comparten sus experiencias de superación. Porque abandonar la masturbación no es únicamente un acto de liberación y un efectivo método para potenciar los encuentros físicos, sino un gratificante ejercicio de autocontrol y disciplina. La mejora del cutis y la autoestima puede deberse a la burbujeante dosis extra de testosterona, pero también a la satisfacción de proyectarse un objetivo y conquistarlo. Alcanzar las metas establecidas y llevar ese reto un poco más lejos cada día nos vigoriza. Como el corredor preparándose para un maratón, como el obeso venciéndole el pulso a la báscula. Está de moda la lucha contra nosotros mismos, contra la parte de nuestro cuerpo, de nuestros hábitos más detestable. El ejemplo de aquellas dos docenas de valerosos chinos priápicos ha servido para marcar el camino o para abrir otra vía más hacia la felicidad por medio de la abstinencia, de la contención, del equilibrio zen. Pruébelo durante una semana. Anímese y haga ya de este día su día 1. Si no es demasiado tarde.