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Miedo a sentir vergüenza: la fobia social

03/12/2015 07:17 CET | Actualizado 02/12/2016 11:12 CET

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Imagen: ISTOCK

¿Tienes pavor a sentir vergüenza ante los demás o a ser humillado? ¿Muchas veces te sientes extremadamente temeroso e inseguro cuando estás con otras personas? ¿Estos temores te dificultan llevar a cabo tu vida cotidiana, como por ejemplo hacer recados o hablar con los compañeros del trabajo o la escuela?

Si es así, puede que tengas un tipo de trastorno de ansiedad llamado fobia social o trastorno de ansiedad social.

La fobia social

Es un miedo muy fuerte a ser juzgado negativamente por otros y a sentir vergüenza. La vergüenza es un sentimiento humano y normal, pero las sensaciones exageradas de timidez e inhibición se pueden transformar en un paralizante miedo. Y este miedo llega a ser tan potente que impide hacer vida normal: ir al trabajo, a la universidad o realizar actividades cotidianas que implican trato directo con otras personas.

De esta manera, los que padecen esta fobia temen hacer cosas normales delante de otras personas, como por ejemplo: firmar un cheque en una tienda, comer o beber rodeado de gente, usar un aseo público... Y saben perfectamente que no deberían sentir ese temor tan grande, pero no lo pueden controlar. En ocasiones, lo evitan alejándose de lugares o eventos donde saben que se verán obligados a hacer eso que tanto temen: la situación comprometida. Para algunas personas, la fobia social es un problema que sólo se da en determinadas situaciones; sin embargo, otros tienen más extendidos los miedos y huyen de casi todas las situaciones sociales. En lugar de disfrutar de lo que los demás pueden aportarnos, se niegan a ellos mismos cualquier interacción social. Suelen ser capaces de interactuar con su familia y con unos pocos amigos cercanos. Pero conocer gente nueva, hablar en un grupo o en público es tarea imposible.

Pero, ¿por qué se crea esto? Lo más habitual es que comience en la juventud. Aunque no es siempre exacto, se puede determinar que una persona tiene fobia social si ha tenido síntomas durante al menos seis meses. Si no se interviene a tiempo con la terapia, la fobia puede durar muchos años, e incluso toda una vida.

Estos son algunos ejemplos de lo que siente alguien que padece este problema: "En el colegio siempre tenía miedo de que me preguntaran los profesores, incluso cuando sabía las respuestas". "Cuando conseguí trabajo, no me gustaba reunirme con mi jefe. Tampoco podía comer con mis compañeros. Me preocupaba que me miraran o que me juzgaran, y me aterrorizaba quedar en ridículo". "Cuando pensaba en las reuniones, el corazón me latía fuertemente y comenzaba a sudar. Esas sensaciones empeoraban a medida que se acercaba la reunión. A veces no podía dormir ni comer una semana antes de una reunión de personal".

Señales y síntomas

* Sentir mucha ansiedad al estar con otras personas en un mismo lugar, llegando incluso a tener dificultades para hablar con ellas, a pesar de querer hacerlo.

* Sentir timidez y vergüenza, sin motivo aparente, delante de los demás.

* Sentir terror de que alguien los juzgue.

* Preocuparse con mucha antelación (durante días o semanas) de un evento en el que habrá que interactuar con otras personas.

* Alejarse y evitar lugares públicos.

* Tener dificultades para hacer y conservar amistades.

* Sonrojarse, sudar o temblar al compartir espacio con otras personas.

* Tener náuseas o malestar en el estómago cuando están con otras personas.

Diferencia entre timidez y fobia social

De vez en cuando es normal que algunas personas puedan sentirse cohibidas, nerviosas o tímidas frente a otros. Ante una nueva situación, a todos nos pueden aumentar las pulsaciones y nos transpiran las manos. También podríamos sentir el estómago revuelto si tenemos que hablar en público; tenemos una cita con alguien que no conocemos mucho; o hacemos una presentación en el trabajo o en clase.

La mayoría de las personas superan estos momentos cuando es necesario. Pero en algunos casos, la ansiedad que acompaña al sentimiento de vergüenza es excesiva. Incluso puede resultar tan insoportable que la persona llegue a estar demasiado nerviosa como para dar una respuesta a los demás, para mirar a los ojos a otros compañeros en el pasillo o para conversar durante la comida.

Causas

Hay muchas probabilidades de que este trastorno guarde relación con haber tenido unos padres sobreprotectores y una carencia de experiencias sociales. Tanto hombres como mujeres resultan igualmente afectados, y existe un alto riesgo de caer en la drogodependencia y el alcoholismo, puesto que es fácil usar la bebida y las drogas como un medio infalible para relajarse o desinhibirse.

Según el Estudio Epidemiológico de los Trastornos Mentales en Europa, la fobia social tiene una prevalencia del 1,2% a lo largo de la vida, y el desencadenante es siempre una situación social en la que la persona se sintió juzgada, ridiculizada o fue objeto de humillación.

Como en cualquier trastorno, ciertos atributos personales predisponen a que algunos individuos desarrollen ansiedad, y con ello, fobias. A esto se le llama "personalidad de ansiedad elevada". A continuación expongo algunas características que podrían inducir a generar una personalidad de ansiedad elevada.

* Alto nivel de creatividad. Suele ser un rasgo común en personas que sufren un trastorno de ansiedad. Su mente, ágil e imaginativa, inventa con facilidad escenarios negativos y recrea muchas situaciones alarmantes, en ocasiones con resultados desproporcionados. Además, proyectan vívidamente esos momentos tan exagerados.

* Pensamiento rígido. Tienen una tendencia a percibir la vida como una serie de alternativas disyuntivas, en términos absolutos: "o esto, o lo otro". Los acontecimientos son correctos o erróneos, justos o injustos. Otra característica de este tipo de pensamiento tipo blanco-o-negro es la presencia de muchas reglas rígidas. Para estas personas sólo existe un modo "correcto" de hacer las cosas, y resulta molesto que las cosas no se hagan de ese modo. Para ellos existen muchas cosas que "deberían", "deben" o "no pueden" ser realizadas por uno mismo o por los demás.

* Necesidad excesiva de aprobación. Con frecuencia va acompañada de baja autoestima o autoaceptación casi nula. Una persona así depende de los demás para sentirse valorado. Con lo cual, generan miedo al rechazo, que se traduce en una susceptibilidad maximizada a la crítica y en la dificultad para decir "no" ante las exigencias de los demás. Por ello, tienden a asumir la responsabilidad de los sentimientos ajenos y a ser demasiado sensibles a las necesidades de los demás. A menudo consideran que es su deber mantener felices a amigos y familiares.

* Expectativas extremadamente elevadas respecto a uno mismo. La persona ansiosa espera de sí mismo mayores resultados de los que exigiría a los demás.

* Perfeccionismo. Es la combinación de tres cosas: expectativas excesivamente elevadas; tendencia a utilizar el pensamiento de todo-o-nada; y predisposición a destacar los defectos y errores apenas imperceptibles. Una manera muy común de detectar esto es la frase: "Sí, pero...". Oirás a un perfeccionista decir cosas como: "Este proyecto me salió bien, pero...". De esta forma se centra y pone el acento en lo único que salió mal, ese detalle inapreciable dentro de un trabajo realmente bueno.

* Son competentes y fiables. Sin embargo, la combinación de los rasgos mencionados anteriormente con frecuencia da lugar a una persona que no sólo es competente, capaz y fiable, sino que posee la habilidad y la crítica para hacer las cosas bien. Y las hace bien.

* Necesidad de control. La persona controladora asigna un valor muy elevado a llevar una vida tranquila y a mantener el dominio de las cosas. Con frecuencia también necesita que su vida sea lógica y predecible. Los cambios inesperados le provocan angustia, ya que resulta más difícil mantener el equilibrio cuando uno no está seguro de lo que sucederá. Como contrapartida, puede existir una tendencia a manejar el comportamiento de los que tiene alrededor. Y este comportamiento se presta a equívocos, pues tal tiranía es inconsciente: no pretende herir al otro; únicamente es inseguridad y miedo a perder las riendas.

* Supresión de los sentimientos negativos: Esta faceta hace que, cara a los demás, la persona proyecte su lado amable constantemente, aunque por dentro sienta todo lo contrario. A menudo lucha por suprimir o silenciar sus sentimientos negativos o disconformes, ya que ir en contra de los demás podría causarle la desaprobación ajena. Y ese conflicto alteraría su mundo estable y cómodo.

Tratamiento

Por lo general, la fobia social se trata con psicoterapia, medicamentos, o ambos.

Psicoterapia. La combinación de la terapia cognitiva-conductual y las llamadas terapias de conducta de tercera generación (terapia de aceptación y compromiso, Mindfulness...) son muy útiles. Se consigue que el paciente aprenda a manejar diferentes maneras de pensar, comportarse y reaccionar ante determinadas situaciones con el objetivo de sentirse menos ansioso o temeroso. También ayuda a las personas a aprender y a practicar cómo desenvolverse socialmente.

* La terapia ayuda a comprender los propios pensamientos y a cambiar los dañinos. Del mismo modo, enseña a reconocer y reemplazar los que causan pánico por otros útiles y positivos.

* Cuando aparecen los pensamientos anticipatorios negativos, la terapia ofrece claves para aceptarlos y quitarles el poder de dirigir nuestro comportamiento. De esta manera, actuaremos en función de lo que queremos, de nuestros objetivos.

* Asimismo se puede emplear la desensibilización sistemática, o terapia de exposición. Para ello es necesario primero entrenar la relajación, y después imaginar situaciones que causan la ansiedad, trabajando desde la menos temida hasta la más potente. De igual manera, una exposición gradual a situaciones de la vida real ayuda a las personas a superar sus miedos.

* También es bueno practicar destrezas de habilidades sociales y asertividad en el trato social mediante sesiones de terapia de grupo. Como técnica que ayuda a sentirse más cómodo al relacionarse con los demás, está el juego de roles y modelos a seguir.

* Por supuesto, cambios en los hábitos de estilo de vida ayudan a reducir la frecuencia en que ocurren los ataques de ansiedad:

  • Hacer ejercicio regularmente, un entorno equilibrado, descansar, un sueño adecuado, alimentación sana y programada a horas regulares.
  • Reducir o evitar el consumo de excitantes, como la cafeína, alcohol y otros estimulantes.

La familia, los amigos y cualquier implicado con el mismo problema son especialmente importantes para todo aquel que desee hacen frente a la fobia social. El apoyo adecuado de personas clave puede ser determinante a la hora de reunir el valor necesario para salir de la zona de confort, donde el fóbico se siente protegido, y probar algo nuevo.

* Los mensajes negativos en forma de sermones, críticas y las exigencias de un cambio no ayudan a la persona afectada. Simplemente le hacen sentir mal e incluso podría rechazar la propuesta, al verse presionada. No debemos olvidar que la fobia social no es culpa del que la sufre, ni es algo que haya elegido.

* Es muy positivo que la gente cercana, también afectada con fobia social, aliente al que padece la fobia para que se fijen y compartan pequeños objetivos que conseguir. De esta manera son partícipes de los éxitos y también acompañan en los momentos de desánimo.

* En los grupos de autoayuda encontramos el apoyo de otras personas que padecen lo mismo. Los propios afectados, que van superando su fobia social, son ejemplos de conducta a seguir. Este modelo de recuperación crea un gran vínculo, al no sentirse un bicho raro y verse identificado con los demás.

Medicamentos

Los que se recetan con más frecuencia son los ansiolíticos y antidepresivos. No deberían tomarse durante largos períodos de tiempo.

Superar la fobia social

Para hacer frente a esta fobia es necesario que el afectado sea el propio motor de su recuperación. Tendrá que armarse de paciencia y coraje para enfrentarse a los miedos que le han acompañado durante tanto tiempo e intentar nuevas cosas. Por eso es importante mantener el compromiso de avanzar, en lugar de alejarse cuando aparezca el miedo.

Pero poco a poco, quien decide enfrentarse al pavor de relacionarse con los demás aprende a sentirse más cómodo. Es costoso, pero no imposible. Cada pequeño paso ayuda a incrementar la confianza para dar el siguiente pequeño paso. Y así, a medida que los temores se afrontan, la confianza y los pensamientos positivos aumentan; la seguridad crece y el miedo va perdiendo protagonismo, hasta que se aleja. Esto hace que la persona vaya desterrando su idea de que la interacción social es una amenaza, y se ve reemplazando esa antigua creencia por nuevas ganas de tener experiencias que podrían resultarle placenteras, o hasta divertidas.