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Machismo 'cum laude'

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Foto: ISTOCK

El pasado mes de febrero, un profesor de la Universidad de Santiago de Compostela, justo en mitad de una clase, se queja antes sus alumnos y alumnas del ruido que hacen con los bolígrafos y del escote de una de las ellas, al que califica de "excesivo". Lo hace en público, delante de todo el alumnado, y recordándole a la alumna que no era la primera vez, que ya se lo había advertido con frases como "Ya te dije el primer día que me desconcentraba tu escote" y "Te empeñas en traer un escote hasta el ombligo". Además, para que se entendiera que lo decía con buena fe y con carácter constructivo, reforzó su argumento con un "Si fuera machista, te pegaría una hostia".

Según conocemos ahora, la respuesta de la Universidad de Santiago de Compostela ha sido abrir una investigación al profesor por lo ocurrido y expedientar a los alumnos y alumnas que protestaron pacíficamente ante ese comportamiento mostrando, tal y como se ve en las imágenes, sus torsos semidesnudos con una serie de mensajes contra el machismo escritos sobre su piel.

Por lo visto, a los responsables de la Universidad de Santiago de Compostela les preocupan más esas protestas que el silencio ante unos comportamientos reprobables en sí mismos, pero que en este caso alcanzan un mayor reproche por venir reforzados desde la posición moral y jerárquica de un profesor. Por eso, bajo estas circunstancias, ya no sorprende tanto que la primera medida adoptada, a pesar de ser hechos públicos ocurridos a la vista de toda la clase, fuera cambiar a la alumna de grupo y obligarla, de ese modo, a que fuera ella quien asumiera las consecuencias de la conducta que previamente había sufrido. Una revictimización en toda regla.

La universidad no es diferente al resto de la sociedad, aunque sí debería ser un tiempo para hacer de esa sociedad un lugar diferente.

Si la universidad se limita a transmitir un conocimiento ajeno a la realidad que deben afrontar sus alumnos y alumnas cuando desarrollen su ejercicio profesional, la respuesta que darán será insuficiente e inadecuada en aquellas cuestiones impregnadas por los valores tradicionales de una cultura desigual y machista. Es lo que vemos en violencia de género y lo que comprobamos en multitud de respuestas que dan grandes profesionales que en su día pasaron por la universidad, sin que esta haya influido lo más mínimo para que adquirieran un conocimiento crítico sobre los problemas que tratan desde sus trabajos. Muchas de las respuestas que se dan hoy desde la Medicina, el Derecho, la Psicología, el Trabajo Social, las Ciencias de la Educación... y tantas otras, sólo se centran en algunos resultados de la violencia de género, pero no actúan con la responsabilidad necesaria para contribuir a su erradicación, en parte por pensar que se trata de situaciones privadas o motivadas por factores ocasionales, como una "fuerte discusión", una "copa de más", una "palabra de menos"... Justo lo que el machismo ha utilizado a lo largo de la historia como justificación cuando los casos superaban las paredes del hogar.

El machismo ha utilizado la universidad para graduarse con cum laude y poder ejercer la violencia al amparo de la experiencia universitaria.

La incongruencia es tal que hoy se enseña en las aulas de las universidades a abordar las consecuencias de la violencia de género (en la salud, en el Derecho, en las cuestiones sociales...), sin que se enseñe lo suficiente sobre su prevención y erradicación a través del cuestionamiento de los referentes sociales y culturales que crean la desigualdad y la violencia contra las mujeres como parte de ella.

El machismo está en la universidad y sus consecuencias también. El estudio que hizo el Ministerio de Igualdad con la Universidad Complutense sobre la violencia de género en las universidades españolas reflejó que el 4'4% de las universitarias sufre o había sufrido violencia por parte de sus parejas, y que el 1'9% de los universitarios reconoce ejercer esta violencia o haberla llevado a cabo. También puso de manifiesto que estas conductas son más frecuentes en las disciplinas tradicionalmente masculinizadas, y que cuando hay una mayor formación en Igualdad hay menos violencia de género. Pero quizás el dato más significativo sobre el machismo existente en las universidades es el que ponen de manifiesto diferentes estudios internacionales sobre el acoso sexual por parte del profesorado. Uno de los estudios más citados es el de Gross et al, publicado en 2006 (An examination of sexual violence against college women), e indica que el porcentaje de mujeres que ha sufrido este acoso sexual durante su paso por la universidad es del 22%.

El machismo ha utilizado la universidad para graduarse con cum laude y poder ejercer la violencia al amparo de la experiencia universitaria, tanto por lo aprendido en esa especie de prácticas universitarias que los estudios revelan como por la teoría adquirida al descontextualizar y quitarle el significado a esas conductas violentas y centrarse en un resultado que abordarán como si fuera un accidente o producto de ciertos contextos.

La Ley para la Igualdad Efectiva de Hombres y Mujeres (LO 3/2007) creó las Unidades de Igualdad en las universidades. Desde ellas se hace un gran trabajo para fomentar la Igualdad y corregir la desigualdad y toda su cohorte de manifestaciones, pero no es suficiente sin una mayor implicación de toda la comunidad universitaria. No estamos hablando de un servicio puntual, sino de un vendaval de ideas y acciones que hay que extender por todos los campus universitarios para que desde ellos transciendan a la sociedad, y para que esos profesionales del mañana conozcan el significado de la violencia de género y sean capaces de identificar el machismo que camufla de normalidad todas estas conductas y comportamientos.

El machismo debe suspender en su paso por la universidad, no hay graduación posible para él. La única calificación admisible es "matrícula de deshonor".

Este artículo fue publicado originalmente en el blog del autor