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Diario de una JESP: El viaje a Irlanda del Norte

17/10/2012 10:08 CEST | Actualizado 11/10/2013 12:03 CEST

Llegar a Dublín. Orientarme en la ciudad. Convivir con Mr.Dirty. Encontrar casa. Adaptarme a Jess. Buscar trabajo. Escribir artículos. Buf. Desde que llegué a Dublín mi vida ha sido una auténtica carrera de obstáculos. Necesitaba un finde libre, ¡y por fin ha llegado! Qué mejor forma de disfrutarlo que yéndome un viaje. ¿El destino? Irlanda del Norte. Os cuento por qué.

Mi canción preferida siempre ha sido Zombie, del grupo irlandés The Cranberries. La debí de escuchar por primera vez cuando tenía unos 8 años, y entonces me empezó a gustar por la batería, la guitarra, y el pegadizo estribillo. Recuerdo ir en la parte trasera del coche de mis padres cantando como loca: "¡In your heeeeeaaaad!!" sacudiendo la cabeza de un lado a otro. Me sabía la letra de memoria, pero lo que yo reproducía al cantar eran sonidos; no palabras ni frases. Con los años, la madurez y mi conocimiento del inglés me permitieron dar sentido a aquella letra que memoricé en su día sin saber qué significaba. Me di cuenta de que no hablaban de zombis ni de vampiros, sino del IRA (Irish Republican Army); el grupo terrorista irlandés al que enseguida relacioné con ETA. La comprensión de la letra me llevó a investigar sobre el conflicto norirlandés -lo que, por cierto, me permitió conocer las grandes diferencias que existen con el del País Vasco- . Tengo ganas de aprender más sobre el tema. Así que, lo dicho, pongo rumbo a Belfast.

Nada más llegar, me sorprende la profunda división que existe entre los dos grupos sociales de Irlanda del Norte: protestantes, que quieren que el lugar donde viven siga perteneciendo al Reino Unido; y católicos, que preferirían que Irlanda del Norte se unificara con la República de Irlanda en una sola nación. Y estas dos comunidades no se mezclan; protestantes por un lado, y católicos por otro. Viven en barrios distintos. Llevan a sus hijos a colegios distintos. ¡Salen por bares distintos! (Sólo existen algunos pubs en los que se mezclan protestantes y católicos) Incluso es extraño ver parejas compuestas por personas de distinta religión. Esto se traduce en un clima de tensión extrema. Existen dos calles de Belfast en las que no es recomendable caminar después de medianoche: en una están los gánsters protestantes, y en la otra los gánsters católicos. Los pocos ciudadanos norirlandeses que acceden a hablar del tema conmigo me ayudan a entender que, además del sentimiento de pertenencia a distintas naciones, existe una tirantez no tanto religiosa (de hecho ya poca gente es practicante en Irlanda del Norte), como social. Los pro-ingleses son considerados como "ricos", y los pro-irlandeses como "pobres". Afortunadamente el IRA ya ha desaparecido -aunque leí hace poco que existe una nueva célula con intención de atentar- , y ahora la cuestión se limita a un debate político.

Me voy de allí con muchas dudas y pocas respuestas. Los norirlandeses son bastante reacios a hablar del tema. Casualmente tengo la suerte de que acabo de recibir en mi casa a un couchsurfer de Belfast (¿os acordáis de que os hablé de couchsurfing aquí?). Hace unos años emigró a Australia, y aunque sigue viviendo allí, ha venido de viaje por Europa con su novia australiana. Me viene de perlas. ¡Tengo tantas preguntas que hacerle! El problema es que Jess, mi flatmate americana, no para de tirarle los trastos al norirlandés. ¡My God qué vergüenza! ¡Que está su novia delante! Pues nada. Pese a mis codazos, la tía que no para. Que si un guiño de ojo, que si morritos, que si roce con la pierna... Y yo mientras, intentando entretener a la australiana, a la cual por cierto también interrogo acerca de su país.

El pobre chico, que de por sí es algo tímido, quiere meterse debajo del sofá. Se ha puesto roooojo, rojo, rojo. Me mira de reojo continuamente, consciente de que me he percatado de lo que está sucediendo. En una de éstas se gira bruscamente hacia mí, y levanta las cejas hasta conseguir darles una forma semejante a la que José Luis Rodríguez Zapatero tiene de forma natural. Reacciono a su petición de socorro llevándome a Jess a la cocina, con la excusa de que me ayude a pelar las patatas para la tortilla que voy a hacer de cena (ya, siempre cocino lo mismo, ¡es que es de lo poco que sé hacer!). "Pero tía, ¿tú estás loca? No ves que tiene novia, ¡y que encima está delante!" "Joé tronca, ¡es que está super hot!" Después de hacer terapia y darle una clase de sentido común, volvemos al salón. ¡Yo sólo quiero que mi invitado me cuente más sobre el conflicto! Ataco al norirlandés con tropecientos interrogantes. Seguro que está pensando: "For God's Sake, ¡me quiero ir ya de esta casa! ¡Mejor pagar un hotel que aguantar a estas dos: una me tira los trastos y la otra no para de acosarme a preguntas!" El caso es que tras escucharle, no puedo evitarlo, y suelto esta frase: "¡Qué absurdo! Tanta bomba, tanta muerte, por pertenecer a un territorio o a otro". "¿Y qué me dices de España, con ETA o el deseo de independencia de País Vasco y Cataluña?", me contesta él.

Como podréis imaginar, su interpelación abre la puerta a una conversación de 4 horas en el salón de mi piso de Temple Bar. Nos ponemos a rajar sobre grupos armados, esto nos lleva a los independentismos, y esto a su vez a la política. De ahí pasamos al capitalismo, lo que reconduce a los productos transgénicos (la tortilla de patata se me quema, por cierto), y no sé cómo, terminamos comentando el último Madrid-Barça, que nos lleva de nuevo al punto de partida de la discusión. Ayyy... ¡cómo me gusta este intercambio cultural, y qué fácil es dar con él cuando eres JESP! Si pudiese mantenerme únicamente a base de mis artículos y dejar el trabajo en la tienda, ya sería perfecto. Aunque quién sabe, ¡quizás algún día pueda escribir uno sobre esta experiencia! Keep tuned...

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  1. Otra JASP que se convierte en JESP
  2. La búsqueda de piso
  3. El piso compartido
  4. La búsqueda de trabajo
  5. El primer día de trabajo
  6. El primer paso como freelance