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Hackeando la economía

16/07/2014 07:31 CEST | Actualizado 14/09/2014 11:12 CEST

Normalmente en esta columna siempre hablo de seguridad informática pura y dura, sobre amenazas, vulnerabilidades y consideraciones más o menos técnicas. Hoy me gustaría salirme un poco de esa línea y tratar de hacer un humilde ejercicio de hacking trasladado a un concepto totalmente ajeno a la informática.

Uno de los aspectos más divertidos de mi profesión son las auditorías. La mecánica es muy fácil de entender. De un lado hay una infraestructura que puede ser un servidor web con una o varias aplicaciones, servidores de correo, firewalls, etc. Se trata de encontrar y descubrir formas de eludir la seguridad que se haya aplicado a esos elementos y tratar de averiguar de qué forma son susceptibles de forzarles a hacer algo para lo que no han sido diseñados.

Este tipo de ejercicios requieren bastante capacidad para entender una aplicación y encontrar soluciones poco convencionales a problemas que en principio parecen resueltos (alguien se ha tomado la molestia de securizar dicho entorno).

Lo que pretendo hacer en este artículo es tratar de aplicar esa lógica sobre la economía. Desde ya declaro que mis conocimientos de economía son bastante mundanos -ni tengo preparación académica ni profesional-, por lo que la solución que voy a exponer es un simple experimento sin pretensión alguna.

España (y otras muchas economías) tiene un problema. La economía está en crisis, las cifras así lo indican, y por mucho que se hable de recuperación, sigue habiendo recortes, pobreza y cada vez mas empresas cierran.

Siempre he oído que una economía sana es una economía viva, donde se produce intercambio de dinero (compra/venta) y el dinero está en movimiento. Actualmente parece que de eso hay poco, hay pocas ventas y el dinero no parece que esté circulando.

Así pues, el objetivo es dinamizar la economía, hacer que se mueva y generar operaciones de compra/venta. Uno de los frenos más improtantes es el dichoso IVA, un impuesto que el Gobierno ha aumentado considerablemente en aras de recaudar más dinero. Es fácil de entender que, a más IVA, más difícil es generar movimiento en la economía.

Además el IVA es, tal vez, el impuesto menos solidario de todos. Una persona con unos ingresos de 500 euros al mes paga el mismo IVA cuando va al cine que una persona con unos ingresos de 2.000. Igual pasa cuando compran el pan o pagan una caña.

Primer objetivo: reducir el IVA. Esto es fácil de decir, de un 21% queremos reducirlo a, más o menos, la mitad, un 10%. Si hacemos esto, la economía mejoraría pero el Gobierno obtendría menos impuestos. Dudo que la reactivación que pudiera generarse por bajar el IVA compensase mediante otros impuestos lo que pierde el Gobierno.

Solución: vamos a compensar lo que se pierde de esa bajada de IVA con otro impuesto. Otro que además también genere actividad económica y que sea hasta cierto punto solidario. ¿Contradictorio? Solo en apariencia.

Lo que yo propongo es un impuesto sobre excedentes mensuales. Dicho así igual no se entiende. Lo explico.

Tomando a dos personas, una con unos ingresos mensuales de 700 y otra de 3.000 euros, estas personas a primero de mes reciben su ingreso, a lo largo del mes realizan sus gastos, y al final les queda un sobrante. Pongamos que la primera persona le sobran 40 euros y a la segunda 1.000. El impuesto gravaría ese excedente. Si lo ponemos al 10%, la primera persona pagaría 4 euros y la segunda 100 euros. De entrada este impuesto es mucho más solidario y real que el IVA. El que tiene menos ingresos paga bastante menos que una persona con más dinero en la cuenta. El objetivo de la solidaridad, conseguido.

Veamos el objetivo de dinamizar la economía: si estamos gravando los excedentes, es lógico pensar que la gente va a intentar minimizar esos excedentes. Es fácil pensar que este impuesto va a tener una influencia práctica a la hora de gestionar el dinero que se pretende ahorrar. Si te lo gastas ejecutando operaciones de compra, menos dinero queda a tributar y más dinero está circulando (y pagando otro tipo de impuestos).

Probablemente alguien piense que este impuesto favorecería meter el dinero en el colchón por aquello de que no esté en el banco (quienes serían los encargados de recaudar este impuesto) y evitar así tributar. Bien, entiendo que en cantidades pequeñas (100, 200, 300 euros) si que una persona puede, el día 30 de cada mes, sacarlo del banco y tenerlo en casa. Para alguien con un excedente de 1.000 euros, al cabo de un año tendrá en su colchón 12.000 euros, al cabo de dos 24.000. Empieza a ser una cantidad poco gestionable y no olvidemos que, en el momento que ese dinero vuelve al banco, paga impuestos. Si alguien ingresa 24.000 un mes, al final del mes tributará por los excedentes de esos 24.000 euros.

Este impuesto tendría un impacto beneficioso en la economía ya que permite bajar drásticamente el IVA, fomenta que la gente realice operaciones de compra y además, en la medida de lo posible, intenta que no sea un impuesto insolidario ya que dejaría prácticamente exentas a las personas más desfavorecidas y por contra gravaría a aquellos que manejan cantidades más grandes.

Como decía al principio, este artículo carece de cualquier pretensión académica. Es simplemente una reflexión sobre la economía vista por los ojos de alguien que está acostumbrado a lidiar con otra clase de problemas.