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04/06/2018 07:26 CEST | Actualizado 04/06/2018 07:26 CEST

El tren

La Inteligencia del Éxito

Salí del taxi con paso acelerado. Sólo tenía cinco minutos para llegar desde él hasta la oficina del jefazo que iba a recibirme. Era un mandamás de un importante partner que quería asociarse con 8Belts. En aquel momento nosotros no éramos pequeños, sino diminutos, y ellos no eran grandes, sino gigantescos. Llegados a un punto del encuentro, la tensión se disparó y cuando mi interlocutor vio que yo no estaba dispuesto a ceder a sus peticiones por considerarlas abusivas, hizo uso de una frase de esas de yo-soy-mejor-que-tú: "Anxo, 8Belts nos necesita a nosotros más que nosotros a 8Belts, así que más te vale reflexionar y ceder". Traducción: o accedes o te pisoteamos. Pero...

#LaInteligenciadelÉxito

Más vale perder una negociación que perder tu dignidad.

@Anxo

Las palabras que le regalé en respuesta a su amenaza quizás no sean fáciles de pronunciar, ya que requieren osadía, pero para mí son la fórmula que permite no sólo mantener la dignidad y proteger tus intereses, sino también elevar tu determinación y anclarte en el coraje. Pueden sonar arrogantes, pero en absoluto buscaban serlo. Juntas forman el corazón de este Peldaño.

"Nosotros somos un tren. Ustedes pueden subirse o bajarse, pero el tren no se detiene". O lo que es lo mismo, "podremos tardar más o tardar menos, pero alcanzar nuestro destino es un objetivo innegociable. Con o sin ustedes".

Se hizo un silencio sepulcral. Esa respuesta era lo último que mi interlocutor se esperaba. Una hora más tarde los que cedían a las peticiones de los diminutos, nosotros, eran ellos, los gigantes. Con el tiempo me reconocería que esa respuesta, lejos de alejarnos de ellos, nos permitió ganarnos su respeto y su confianza.

En la vida, negociaciones habrá muchas.

Pero dignidad sólo hay una.

Ojalá el relato de mi historia no te haga interpretar el consejo como una guerra de poderes o como una oportunidad para desplegar arrogancia. Eso sería un desacierto. No hay nada que nos garantice que vamos a alcanzar nuestro objetivo sin ninguna posibilidad de fracaso. Por supuesto que podemos fracasar y esa siempre es una opción real. Es bueno reconocerlo para no perder de vista la humildad. Lo que es innegociable no es alcanzar nuestro destino, sino tener una determinación infinita por hacerlo; no el conseguirlo, sino el dejarnos la piel por lograrlo. Y ese tipo de coraje es algo que muchas veces no sólo no aleja al otro de ti, sino que te hace incluso más atractivo ante él.

¿Has oído alguna vez aquel viejo proverbio que dice que cuando te regalan un martillo ves todos los problemas como clavos? Confío en que tú no cometas ese error. Si este Peldaño es un martillo, hay mil problemas en la vida que no son clavos, y para los que la solución será otra. Pero inversamente, hay muchas situaciones en las que la solución sí será plantar cara a tu contraparte y proteger aquello por lo que luchas. Cuando tu clavo sea defender tus intereses o tu dignidad en una relación, en tu puesto de trabajo, en una negociación injusta o en un abuso de poder, este será tu martillo:

"Yo soy un tren. Puedes subirte o bajarte. Pero el tren no se detiene".

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