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23/05/2019 12:29 CEST | Actualizado 23/05/2019 14:04 CEST

Trump el fanfarrón y el golfo de Tonkin

ASSOCIATED PRESS
El portaaviones estadounidense Abraham Lincoln junto a otros buques mientras atraviesan el canal de Suez. 

Desde que se desclasificaron los ‘papeles’ del asunto está archidemostrado que el motivo del presidente demócrata Lyndon Johnson para oficializar la ‘guerra de Vietnam’ fue en la realidad un descarado montaje-trampa de los servicios secretos de EE UU.

Los dos famosos ataques en el golfo de Tonkin presuntamente realizados por patrulleras norvietnamitas fueron, el primero, ocurrido el 31 de julio de 1964, una media verdad: en efecto, dos embarcaciones comunistas ‘parece’ que atacaron a un buque de guerra USA, aunque habrían sido conducidos tramposamente a aguas cercanas a la flota americana. El segundo ataque, fechado el 2 de agosto, a 28 millas náuticas de la costa vietnamita, según dijo Washington, y que fue el desencadenante de las represalias USA… sencillamente no existió, fue un invento destinado a enardecer a la nación y a forzar al presidente demócrata a una espiral sin retorno.

Hoy día, la situación alrededor de Irán, y de todo su explosivo entorno (Israel, Palestina, Irak, Arabia Saudita, Yemen...) recuerda, con todas las diferencias inherentes al tiempo y a los cambios geoestratégicos, al histórico engaño de Tonkin.

Existe el necesario ‘nerviosismo’ y la preocupación de las partes para disparar una crisis que puede salirse fácilmente del control: unos drones, al parecer de la guerrilla insurgente de los Huthi del Yemen, han atacado oleoductos saudíes; también dos petroleros han sufrido atentados….

Por otra parte, Donald Trump ha resucitado la catastrófica, irresponsable y falsaria doctrina de los ‘ejes del mal’ de George W. Bush (hijo), como si él fuera el Espíritu Santo.

Los halcones que dominan la ‘corte de los milagros’ trumpista conocen bien el carácter del presidente: un fanfarrón muy ducho en desarrollar una versión personal de la vieja técnica del palo y la zanahoria, que según biografías y crónicas periodísticas ya practicaba con descaro como hombre de negocios.

Ha sido él quien, empeñado en machacar el legado de Obama, sin dejar piedra sobre piedra, trato sobre trato, y negociación sobre negociación, forzó una respuesta proporcionada de Teherán al dar por finiquitado el acuerdo multilateral (en el que participó también la Unión Europea, que lo defiende con vehemencia) por el que Teherán se comprometía a limitar sus desarrollos atómicos y a aceptar los controles de la comunidad internacional.

La situación alrededor de Irán y de todo su explosivo entorno recuerda al histórico engaño de Tonkin.

La respuesta del régimen de los ayatolás fue la lógica: si Trump consideraba agotado el acuerdo, pues no había acuerdo, con lo cual el gobierno iraní tenía manos libres para retomar su desafiante política nuclear inicial.

La Casa Blanca, y el Pentágono, siguiendo un guion clásico, manoseado por el presidente tuitero, provocaron la espiral: endurecieron las sanciones y las represalias, después de haber fabricado fríamente la crisis. Una consecuencia clave, consecuencia a su vez de la inestabilidad, está siendo una subida imparable del precio del barril de crudo.

Que tiene a su vez dos secuelas: una, beneficiosa para Estados Unidos, que puede hacer uso de sus enormes reservas petrolíferas a un precio muy superior al actual: otra, perjudicial para Europa y para los países en vías de desarrollo que han apostado su futuro a la industria y al turismo. El precio de los combustibles, si no se adoptan contramedidas, afectará al transporte aéreo con dureza. España, Francia, Italia, Portugal, Grecia… serán grandes perjudicadas si no se normalizan las producciones de Irak e Irán; con una Venezuela, además, con sus pozos a bajo rendimiento y en situación de bancarrota y pre-guerra civil.

De todas formas, todo lo que puede empeorar, empeoraría sin remedio si se abre esa puerta hacia el caos en Oriente Medio, y Arabia Saudita se ve mezclada en un conflicto que, con drones o  sin drones, afecte a sus infraestructuras productivas o de transporte. Por ahora, Estados Unidos ha ordenado la retirada de Irak de todo el personal diplomático ‘no imprescindible’, un claro mensaje de que no se descarta que estalle el polvorín.

Por cierto, esto atañe directamente a España. No consta que la Casa Blanca haya puesto con carácter previo este ‘diseño’ en conocimiento del Gobierno español… justo en el momento, el mes de mayo, en que otros trescientos cincuenta soldados (de las tropas destinadas en Canarias/ Fuerteventura) parten hacia Irak para cumplir las misiones de apoyo al gobierno de Bagdad  a que se ha comprometido España.

Getty Images
Donald Trump.

Es en este contexto, un juego de ajedrez peligroso, en el que se produce la orden del Gobierno de España para que la fragata ‘Méndez Núñez’  abandone su misión de acompañar al potente portaaviones estadounidense Abraham Lincoln y a una flota de la Navy en una singladura por medio mundo que, de repente, ha cobrado un significado distinto. El consejero de seguridad Nacional John Bolton lo dejó claro:  el Abraham Lincoln, que pasa por esas aguas encrespadas, “envía un mensaje claro e inequívoco”.

Ya de por sí, el episodio de la Méndez Núñez tampoco se puede desgajar del cúmulo de ofensas hacía la política de Defensa de la Unión Europea. En el mismo espacio temporal, el 1 de mayo, un portavoz del Pentágono, la subsecretaria Ellen Lord, amenaza a la Unión Europea con represalias si Bruselas sigue adelante con sus planes de desarrollar proyectos comunitarios de armamento que no dependan de países terceros ni de EE UU.

Como es natural, la ruptura con el multilateralismo que practica Donald Trump, sus ofensas y amenazas a la UE, y a algunos de sus países miembros en especial, no dejaban otro camino que, en efecto, como pedía Washington desde tiempos de Obama, aumentar el presupuesto militar… pero orientado a fortalecer una estrategia autónoma. Como advirtieron Merkel y Macron con los primeros síntomas del matonismo como talante, los Estados Unidos han dejado de ser un socio fiable con esta presidencia estrafalaria y tramposa.

Trump está siguiendo los pasos de Hugo Chávez, pero no desde la amistad con los ayatolás sino con la enemistad.

La loca carrera de Trump hacia el caos –a estos episodios hay que sumar la guerra comercial con China, el apoyo a que Jerusalén sea capital de Israel, y a que el estado judío se quede para siempre con los territorios ocupados en la Guerra de los Seis Días…– es ‘deliciosamente’ parecida a la de Hugo Chávez, el coronel golpista que convertido en profeta, o mesías, sentó las bases para la destrucción nacional de Venezuela. Hay entre ambos mandatarios un nexo común: ambos utilizaron a Irán para subir ‘artificialmente’ el precio del petróleo.

Chávez entabló una buena amistad con otro fanático, el presidente iraní Ahmadineyad, y se confabularon para hacer lobby en el lobby de la OPEP. Las dos economías recibieron con alborozo el río de miles de millones de dólares sobrevenidos que les llegaron, y que, a las dos, las condujo a serias crisis económicas interiores. El río de ‘oro negro’ arruinó a Venezuela, que gastó locamente un capital que le era imprescindible para modernizar su industria petrolera, diversificar su economía, sanear las cuentas publicas, mejorar la formación profesional, etc. Sin  embargo la ‘revolución bolivariana’ , ‘asesorada’ además por unos profesores chiflados y unos buscadores profesionales de la revolución bolchevique pendiente, consiguió con su incompetencia, el despilfarro y su corrupción, hundir en la miseria a uno de los países con mayores riquezas naturales del planeta.

Casi cuatro millones de exiliados políticos o económicos lo atestiguan. A la gente corriente no le gusta pasar hambre y calamidades.

Ahora Trump está siguiendo los pasos de Hugo Chávez, pero no desde la amistad con los ayatolás sino con la enemistad, la beligerancia y con la ruptura de anteriores acuerdos de Estado firmados por Washington… y por Bruselas y otros estados soberanos. Pero el resultado está siendo el mismo: subir el precio del crudo  y hacer un gran negocio típico de su América First: meter en el mercado las enormes reservas petrolíferas norteamericanas… aún a costa de disparar una nueva crisis económica mundial.

Pero esta posibilidad atrae incluso a los suyos: de la que aún colea, los ricos han salido más ricos, mucho más, y los pobres, más pobres, que es el ideario del actual Partido Republicano.

Razones tenía la portavoz del gobierno español cuando argumentaba que la retirada provisional de la fragata Méndez Núñez era por la imprevisibilidad de Donald Trump. Sin duda, un término excesivamente diplomático, a fuer de real. La gente imprevisible es un peligro público y es muy poco edificante en una democracia, donde todo debe ser previsible y girar siempre en torno al respeto a los pactos, a las normas y las formas.

 

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