Un investigador lleva 22 meses dentro de los servidores de los hackers de Corea del Norte: han logrado colarse en 1.640 empresas de 57 países
El experto detalla la estrategia con la que el régimen de Pyongyang roba información confidencial.

En un mundo cada vez más digitalizado, la ciberseguridad ha dejado de ser una cuestión técnica para convertirse en un pilar fundamental de la seguridad nacional y económica. Los ataques informáticos a gran escala son una amenaza constante, y entre los actores más agresivos del panorama internacional destaca el régimen norcoreano de Kim Jong-un.
Sin embargo, sus propias redes han quedado al descubierto. El investigador en ciberseguridad griego Vangelis Stykas ha logrado permanecer infiltrado durante 22 meses en los servidores utilizados por los ciberdelincuentes de Corea del Norte, observando sus movimientos desde dentro. Así lo ha revelado en una entrevista concedida a la revista estadounidense Wired.
Durante su investigación, Stykas ha contabilizado al menos 1.640 empresas afectadas en 57 países. "Obtienen acceso total a la compañía: permisos de administrador en los servidores y control absoluto sobre sus entornos en Amazon Web Services", detalla el especialista sobre el alcance de las infiltraciones.
La trampa del falso proceso de selección
A lo largo de su seguimiento, el investigador detectó un patrón que se repetía de forma sistemática en casi todas las compañías comprometidas:
- Ofertas de empleo trampa: Los hackers captan a desarrolladores de software mediante vacantes ficticias en plataformas profesionales, prometiendo salarios muy por encima de la media del mercado.
- Pruebas técnicas infectadas: Una vez que el candidato muestra interés, se le solicita descargar un programa o archivo de código para evaluar sus habilidades. En realidad, se trata de un malware que infecta en segundo plano el equipo del trabajador y abre las puertas de la red corporativa.
A esta táctica se suma otra estrategia recurrente del régimen: conseguir que informáticos norcoreanos trabajen en remoto de forma encubierta para empresas occidentales bajo identidades falsas, desviando después sus sueldos directamente a las arcas estatales en Pyongyang.
"Todos somos víctimas; la diferencia es cómo se responde"
Para Stykas, la principal lección tras casi dos años espiando a los ciberdelincuentes es que ninguna organización está a salvo de sufrir un percance de esta magnitud, por lo que la preparación ante el incidente marca la diferencia.
"Están aquí, nos atacan sin parar. Al final, todos somos víctimas de ataques informáticos. La forma en que uno afronta un ataque es lo que distingue a una buena empresa de una mala. Y hemos visto muchas malas empresas", concluye.
