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Este vestido de fallera está hecho con 180 botellas de plástico y 30 cápsulas de café (FOTOS)

01/03/2015 09:55 CET | Actualizado 02/03/2015 09:54 CET
RECICLAJE CREATIVO

El proyecto nació antes del verano del 2014. Rosa Montesa, una diseñadora industrial valenciana en la cincuentena, le planteó a su madre una idea: ¿por qué no hacer entre las dos una vestido de fallera? Quería hacer un trabajo conjunto pero no de una forma convencional. Lo quería hacer a su manera, y su manera era reciclando.

Montesa llevaba por aquel entonces un año trabajando en su web de Reciclado Creativo (su primer trabajo lo publicó en julio de 2013) y buscando la forma de darle un segundo uso al material que sacaba de su basura y de la de sus personas cercanas. Botellas de plástico, cápsulas de café, bolsas de patatas fritas, cáscaras de pipas... cobraban una segunda vida en sus manos. Primero hizo un collar, después una lámpara, luego unas flores... y así hasta decidirse a aunar toda su creatividad en un único proyecto: este vestido de fallera, que le llevó sólo 10 días de trabajo (intermitente) pero que necesitó mucho tiempo de recolección de material y muchas vueltas de cabeza. Un diseño para el que ha usado como modelo a su hija de 17 años y en el que su madre ha operado como colaboradora necesaria. "Siempre había hecho trajes de fallera para mí y para la familia y sabía que me ayudaría a hacerlo respetando la tradición", explica Montesa en conversación telefónica con El Huffington Post

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Saber cómo montar la falda fue lo que más quebraderos les supuso. "Era lo que me más problemas tenía. Yo pensé en hacer una escultura con bases de garrafas y bases de botellas de plástico pero mi madre me dijo que tenía que ponerlo sobre una tela. Yo le contesté que no me parecía bien, tenía que ser material reciclado. Y lo resolvió diciendo que debíamos utilizar una glasilla, que es la tela que se usa en Alta Costura para hacer los vestidos sobre las modelos y que después se descarta", explica. Solventada la cuestión, lo siguiente fue coser y cantar (y nunca mejor dicho).

La tela de la falda se llenó de flores hechas con botellas y garrafas de plástico. Fueron un total de 180, distribuidas de la siguiente forma: 70 garrafas de plástico de agua (5 l.), 25 botellas de agua azul de (1,5 l.), 25 botellas de agua rosa (1,5 l.) y 60 botellines de agua con gas verdes (33 cl.). "Utilicé las bases de las botellas y con la parte sobrante decoré el corpiño", continúa Rosa Montesa. Cortando la botella en pequeños trozos elaboró los azulejos rotos que forman el dibujo del cuerpo del vestido, para cuyo diseño se inspiró en la estación norte de Valencia "Son las flores que se ven debajo de la fachada principal", aclara.

Estas mismas teselas de plástico sirvieron para darle color a unos zapatos que la cuñada de Rosa le había dado y que, confiesa, llevaban abandonados más de dos años en el armario.

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Los brillos de la manteleta y el delantal, que pueden llegar a confundirse con lentejuelas, los hizo con los reversos de las bolsas de patatas fritas. Esta vez sólo hicieron falta seis, "horneadas porque tienen menos aceite". Y las puntillas son de una blusa que la madre de Rosa tenía en casa, "dentro del propósito de hacerlo con material reciclado".

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Hecho todo esto, ya sólo quedaban los complementos. Pendientes (arracabades), broche (joia), collar, agujas del moño (agulles y peinetas fueron elaborados todos a partir de material reciclado. "Los pinchos del moño son agujas de tricotar de mi madre. Son de acero y ahora ya no se usa porque son más pesadas, se prefieren las de aluminio", aclara. Las flores que los completan se hicieron a partir de cápsulas de café. Se necesitaron 30 que Rosa utilizó tanto para las agulles como para las joyas.

Las flores que decoran los pendientes y el collar están hechas con este material y rematadas con cáscaras de pipas de girasol pintadas con esmalte de uñas. De ahí el efecto perlado. Lo mismo hizo con una veintena de cacahuetes, que iban a formar el collar pero al no convencerle el resultado lo dejó como pulsera.

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El vestido llegó a su punto y final a finales del mes de enero, después de varios parones obligados. "He tenido interrupciones por falta de material, falta de espacio para trabajar o las navidades", explica la credoora para la que los parones tampoco fueron un problema: "Ya se sabe, sarna con gusto...".

Montesa reconoce que disfrutó mucho haciéndolo y disfrutará más cuando vea pasear el traje por Valencia. "Se lo va a poner la hija de una amiga para ir a la Falla de mi barrio e intentará ir a las Ofrenda a la Virgen de los Desamparados, del 17 y 18 de marzo, aunque no creo que le dejen pasar".

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