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Bernat Picornell, el senador veinteañero

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Después de las comidas familiares los primos se iban a jugar, pero el pequeño Bernat se quedaba con los mayores. Escuchaba, aprendía, preguntaba. Quería saber lo que pasaba en el mundo y sus padres todavía recuerdan cómo aquel niño les interrogaba sobre la guerra de Chechenia de la que informaba el telediario.

Bernat Picornell tiene hoy 26 años y es el senador más joven de España. Cuando camina por los pasillos enmoquetados de la Cámara Alta observa los cuadros que decoran las estancias nobles que ha visto decenas de veces en los libros de Historia, como la Jura de la Constitución de la reina regente María Cristina, de Francisco Jover Casanova.

Este veinteañero de ERC ha recalado en el Senado por designación del Parlament de Cataluña -una parte de sus señorías es elegida en las urnas y otra por las cámaras autonómicas-. Y en apenas siete meses ya va por la segunda legislatura. Tanto en enero como en julio tuvo que subir a la tribuna de oradores como miembro de la Mesa de Edad durante las sesiones constitutivas.

Desde allí este independentista catalán observaba a todos los senadores, mayoritariamente del Partido Popular. “En esta segunda sesión estaba mucho más tranquilo. La primera imponía muchísimo porque aquí hay expresidentes de comunidades autónomas, gente que has visto por la televisión. Sí hay impresión el primer día, luego a trabajar como los demás”, confiesa a El Huffington Post.

Nunca imaginó que llegaría a ser parlamentario en Madrid. Pasa entre tres y cuatro días en la capital. Sants-Atocha, Atocha-Sants. Aprovecha al máximo el tiempo en la villa y corte. Nada de Palace ni Ritz, se queda a dormir en un hostal en la zona de la Puerta del Sol, a medio camino entre el Congreso y el Senado. Apenas le quedan horas para el ocio y suele cenar junto a los parlamentarios de Esquerra, entre ellos Joan Tardá y Gabriel Rufián. El otro día sacaron un hueco y se escaparon a visitar el Palacio Real. No había estado mucho antes en la capital: “No está nada mal. Es muy diferente a Barcelona, que es más desordenada. Es más grande y, además, estamos en el centro, en todo el meollo”.

Aquí está viviendo en primera línea lo que se conoce como la “alta política”. “Pero sorprende”, comenta. ¿Por? “En el Parlament de Cataluña hay un respeto absoluto entre los grupos. Cuando hay pleno domina el silencio, pero aquí no. Se contraponen las altas esferas con un nivel de no comportarse, de barullo. Llegas aquí y alucinas. En la sesión de constitución, mientras leía los nombres, la gente hablaba con el de detrás y se hacía selfies”, relata.

Su objetivo principal: “ayudar al territorio”. Picornell (San Cugat, 1989) se va a centrar en esta legislatura en los temas de cultura y presupuestos. El primer tema porque lo “lleva desde pequeño”, le apasiona, ha estado en asociaciones desde que era adolescente. El segundo porque es “donde se puede decidir más” y son recursos que pueden ayudar a su comunidad. El tema de las cuentas públicas está en el aire por la falta de Gobierno. “Hay muchas cosas paralizadas y está habiendo muchos problemas porque los ministerios no reciben a los alcaldes. Es un drama para un pequeño consistorio no poder disponer de partidas”, reflexiona.

Habla con pasión de todos los temas políticos, los analiza, no quiere quedarse solo con eslóganes. Tenía amigos en las Joventuts J’Esquerra Republicana (JERC). Eso le ayudó a dar el paso para integrarse en el partido siendo adolescente. Luego se decantaría por estudiar Ciencias Políticas en la Universitat Autònoma de Barcelona. Allí le interesaban especialmente asignaturas dedicadas al estudio de los sistemas electorales. Empezó también Periodismo pero las condiciones de Bolonia de presencia física, según cuenta, le han hecho abandonar esta carrera de momento. Pero la acabará, promete.

Picornell es un declarado independentista. En su despacho tiene una bandera estelada, para cuando tenga que sacarla. ¿Ha cambiado su visión desde que trabaja en Madrid? ¿No hay una vía para encauzar la situación sin llegar al extremo? “Mi corta experiencia es que a nivel personal muy bien, perfecto, cojonudo, pero a nivel político cero patatero, hay pocas cosas que hacer. Durante muchos años la mayoría de catalanes han estado por escuchar, pero ahora tenemos un proyecto de irnos, lo estamos haciendo. Para nosotros, la relación personal con la gente del resto de España debe continuar intacta, no pasará absolutamente nada”.

Su opinión es que “dentro de España” a Cataluña le falta la posibilidad de desarrollar lo que quiere”. “Nos encontramos con un telón de acero. Un ejemplo es el Corredor Mediterráneo. Queremos ser independientes para intentar desarrollarnos en nuestra máxima plenitud. Si hay otras cosas que podemos compartir con el resto de pueblos de España, las compartiremos”, indica.

Y da un plazo para la independencia: “En los próximos meses”. “Conocemos a la gente que está trabajando en el Govern de la Generalitat. No tenemos ninguna duda. Estoy convencido porque esto no es una cosa de un partido, es la gente, y cuando la gente se empeña en una dirección no hay nadie que lo pueda parar”.

Sobre el debate catalán planea también la sombra del Brexit y esa sensación de tristeza que inunda una parte de Europa. “Puede afectar positivamente porque normaliza situaciones”, argumenta el senador, que subraya que “se ha demostrado que votando se entiende la gente”. Asimismo, explica que no se ha cumplido las profecías negativas de la salida del Reino Unido. “Independizarnos de España no tiene que ser negativo para la UE ni para España”, recalca. La salida de Cataluña, continúa su teoría, “a lo mejor es el revulsivo que necesita España”.

Picornell hace estas reflexiones desde su despacho, en las plantas altas del Senado. Desde allí hay unas vistas impresionantes del Palacio Real, la Casa de Campo y la zona de Pintor Rosales. En las paredes hay colgados pósters de castells. Le enloquecen. “Yo soy casteller desde hace años, comencé con 17”. Ensaya un par de día a las semanas, unas dos horas. Recomienda a los neófitos que vayan a verlos por Sant Fèlix en Vilafranca. En otra de las paredes hay un cartel de La Patum de Berga, una fiesta que se hace por el Corpus y que tiene sus orígenes en el siglo XIV. Saca su móvil y enseña los vídeos que grabó en la última edición. Su voz se emociona. Siempre va con su teléfono y un ordenador para trabajar en cualquier momento. Y, además, para estar conectado con las redes sociales: Twitter, Facebook e Instagram. A Snapchat no le ha terminado de coger el punto porque no encuentra el feed back.

En las redes da cuenta de su actividad política. Cuando le dijo a su madre que se quería dedicar a eso ella “no lo vio demasiado bien”. Lo único que le pidieron era que también estudiara, que hiciera una carrera. Sus progenitores siempre han hablado de política y de actualidad, pero no tienen nada que ver con el universo de los estrados y los mítines. Él es comercial y ella es farmacéutica especializada en microbiología que viven en la zona la estación de San Cugat. Los Picornell Grenzner tienen otro hijo más pequeño que estudia Administración y Dirección de Empresas.

En su universo político sobresalen como referentes los expresidentes de la Generalitat Lluís Companys y Francesc Macià. “Eran dos políticos honestos”. También hay sitio para personajes menos conocidos como Víctor Torres, histórico militante de ERC.

Hora de hablar de los grandes protagonistas actuales de la política. Para Picornell, Mariano Rajoy es “sorpresa”. “Una persona que se esconde y sigue ahí, con una actuación lamentable… y llega a presidente del Gobierno”. No lo comprende. Al socialista Pedro Sánchez lo ve como un “superviviente brutal”. “Lo pondrían mandar al programa de la isla”, añade, y recalca que “todos los daban por muerto y, en cambio, se está haciendo un poco más fuerte”.

La definición que hace de Pablo Iglesias, es la de “una estrella mediática que ha usado mecanismos que ERC nunca tendrá, como los programas de televisión. Es un político profesional, sabe muy bien lo que hace, pero ahora tiene problemas porque esperaba otros resultados. Ni ellos saben qué problemas han tenido”. Afirma que ayudará en todo lo que pueda a Podemos en España -”ojalá triunfe”-, aunque en Cataluña votarlos es “hacerse trampas en el solitario”. “Es intentar lo mismo que antes, hemos pedido votar y dicen que no. Proponen un referéndum que sabes que no es posible, como dice Rufián es una mentira piadosa”, interpreta. De Ciudadanos, manifiesta que está aprovechando su momento pero que Albert Rivera “ha hecho un partido a su medida” y “no sé qué posibilidades habrá cuando toque el relevo”.

No se olvida de los problemas de su generación. “Hemos hecho todo los que nos pidieron y no tenemos resultados. Nos han dicho ‘tienes que ir a la escuela, al Bachillerato, estudiar una carrera y tendrás trabajo’, pero lo haces y resulta que no hay nada”, dice con una mezcla de tristeza y rabia. “El problema es que somos la generación que vivirá peor que sus padres. El drama es que no se ve nada al final del horizonte. No hay esperanza porque no se ve luz. Hay muchos jóvenes sin salida ni a corto ni a medio plazo”, apostilla.

Él quiere llevar ese mensaje a una Cámara en la que dominan precisamente muchos políticos de retirada. Un discurso fresco en un edificio en el que han pasado muchos episodios de nuestra historia. Una casa con secretos, como su propia biblioteca. Una auténtica joya. Cruzar sus puertas es como una puerta del tiempo. Él mismo dice: “Es Hogwarts”. Libros, tinteros, manuscritos, escaleras. Una de las cosas primeras que hicieron los senadores de ERC fue preguntar por esta estancia y los funcionarios se sorprendieron. “Parece ser que no es muy habitual”, revela.

España en 2016. El senador más joven es un barcelonés independentista que ve el Palacio Real desde su despacho. ¿Estará aquí mucho tiempo? “Eso no te lo puedes plantear. Ya veremos lo que tenga que venir. No habrá problemas cuando termine. La cuestión es no levantar los pies del suelo”.

Las fotografías de este reportaje han sido realizadas por Carlos Pina

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