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En vez de abrir caminos, el PSOE tiene que expandir el electorado

13/07/2013 10:03 CEST | Actualizado 11/09/2013 11:12 CEST

¿Qué partido político no querría montar una campaña como las de Obama? El deseo es universal pero las claves de éxito de sus dos campañas están muy mal entendidas. Si preguntas a cualquier profesional de campañas españoles, te va a decir que lo más sexy de 2008 fue el uso de las redes sociales y de 2012, el big data. Sin duda son dos novedades imprescindibles, sin embargo, es más importante entenderlas como herramientas poderosas que aumentan una técnica vieja: la organización de activistas que conectan con los votantes y les animan a votar. Lo que llamamos "field or grass-roots organizing" en EEUU.

En su columna en El PaísAbriendo caminos del domingo, 30 de junio, Elena Valenciano anunció la intención del PSOE de convocar unas primarias abiertas. Llevo años recomendando más democracia interna en los partidos, empezando con las primarias, y estoy muy contenta de que el PSOE, el partido más cercano a mi corazón político en España, haya dado ese paso.

Valenciano reconoce: "Sabemos que tenemos un gran desafío: recuperar, para el proyecto socialista, la confianza de varios millones de españoles que, hace algún tiempo, la perdieron". Aunque no soluciona todo, optar por primarias abiertas abre una oportunidad de acercarse y volver a conectar con sus votantes y posibles votantes. La única manera de reconstruir este partido es votante por votante, pero eso requiere el tiempo y los recursos necesarios para construir una red de activistas, y eso requerirá un cambio importante dentro del partido y su liderazgo.

Hay dos formas básicas de visualizar una campaña política, como explica Marshall Ganz en su artículo de 2001 Voters in the Crosshairs (votantes en el punto de mira): los recolectores y los cazadores. Los recolectores son probablemente lo que te imaginas: identificar a los votantes, posibles votantes y votantes indecisos, y hacer todo posible para persuadir a los indecisos y animar a todos para acudir a las urnas. No es nada nuevo y de hecho está mejor explicado en las palabras de Abraham Lincoln:

"Organizar todo el estado, para que cada Whig [liberal] pueda ser traído a las urnas... dividir el país en distritos pequeños y nombrar en cada uno una subcomisión... hacer una lista perfecta de los electores y determinar con certeza a quién van a votar... y en la jornada electoral, comprobar que cada Whig sea traído a las urnas."

A principios del siglo XX, las clases dirigentes estadounidenses tenían miedo del populismo y de los inmigrantes, y entonces, buscaban formas de reducir el electorado para cazar a los votantes responsables. Por lo tanto, este fue el comienzo de la inscripción de votantes antes de las elecciones, algo que hace el proceso menos accesible. Curiosamente, es también entonces cuando los periódicos dejaron de ser partidistas y empezaron a ser neutrales. El efecto fue menos participación y como explica Ganz, la participación fuera del sur llegó a 86% en 1896 pero en 1920 fue solamente de 57%. Tras las convulsiones políticas de los años 30, hubo una vuelta a la recolección de votos a través de los nuevos sindicatos y un partido Demócrata revitalizado. Eso aumentó el voto hasta el 73% en 1940.

Aunque Eisenhower fue en primer presidente de la tele, las campañas modernas marcadas por las encuestas y la televisión realmente comenzaron en los años 60 y con ellos una vuelta a la caza de votantes. Los profesionales de campañas y sus candidatos ya no tenían que hablar con los votantes y construir relaciones con ellos para enterarse de qué querían: solamente hacía falta mirar las encuestas y formar mensajes y sus imágenes en los medios. En 1988 la participación fuera del sur cayó al 54% y eso funcionaba de maravilla para los Republicanos, porque ellos se benefician de una menor participación: entre 1970 y 2008 controlaron la Casa Blanca durante 26 de los 38 años. Hablaron de una mayoría Republicana permanente pero la primera campaña de Obama cambió todo eso.

Todo lo que escribió Ganz en 2001 se demostró cierto en 2008, cuando fue uno de los principales arquitectos de la campaña de Obama. De hecho, lo que dice tiene la misma relevancia hoy en España que tenía en 2001 en Estados Unidos.

Tanto el partido Demócrata como el PSOE dependen de la participación para ganar elecciones. Es simple matemática: hay más votantes que se inclinan a la izquierda pero no son votantes estables. Y por eso, no centrarse en expandir el electorado es un suicidio. Hay que movilizar ese voto persona por persona. No es nada fácil montar el ejército de voluntarios necesarios para hacerlo, pero es la única manera de garantizar una victoria.

Además el PSOE tiene muchas razones muy buenas para hacerlo: tiene un gran necesidad de reconectar con su base y no basta hacerlo a través de las redes sociales, anuncios en la tele o mítines con sus militantes. Hay que construir relaciones con personas físicas y ya tiene un buen punto de partida en su red de militantes. Tuve el placer de visitar algunas agrupaciones en Madrid el otoño pasado para hablar sobre las elecciones estadounidenses y me impresionaba la energía, talento y ganas que hay por allí. Por desgracia, se sienten lejos de Ferraz, que no les pide ni comparte mucho con ellos.

Eso se puede solucionar. Para empezar, hay que darles un papel importante hacia esas primarias, la campaña europea y los generales. Darles formación, tareas y acciones concretas, acceso a información y la responsabilidad de recoger datos y cumplir retos. Además, las primarias sirven para arrancar la maquina de la organización y ver como funcione y hace ajustes. Hace falta tiempo para construir una red de activistas y darles practicas reales no tiene precio.

La organización de activistas es difícil y caótica. Pero hay que intentarlo por dos razones: funciona y es más democrática. El estudio que más me gusta citar es uno de 2009 que se llama Extraños vs vecinos: la eficacia de la base de movilización de votantes que concluye que con los voluntarios trabajando en los barrios se puede aumentar el voto hasta en un 6% y 10% si los voluntarios trabajan en su propio barrio. Ganz cita otro de Ray Wolfinger, que recoge que la movilización de votantes a través de voluntarios aumentó la participación en New Haven, Connecticut en un 10%.

Es bonito ganar elecciones pero también es importante cómo las ganamos. Una campaña basada en la organización de activistas que conectan con los votantes encarna la esencia de la democracia: la participación. Y la participación igualitaria es un valor especialmente socialista que debería ser reflejado en su forma de gestionar las campañas. Ellos saben perfectamente cómo contactar conmigo cuando quieran quedar y desarrollar esa estrategia. No puedo imaginar un proyecto más importante que dar voz a millones de Españoles que no merecen nada menos.