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'Mindfulness', o la vacuidad de la plena conciencia

16/01/2017 07:22 CET | Actualizado 16/01/2017 07:22 CET

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Foto: ISTOCK

Si hace mindfulness, deje de leer este artículo, porque no le va a gustar nada lo que le voy a contar. O quizá debería hacer todo lo contrario, léalo, y luego a ver qué hace, si sigue haciendo mindfulness o no. Para los no iniciados, mindfulness es la nueva moda: yuppies estresados, académicos con ansiedad por no acabar sus papers a tiempo, conductores de autobús hasta los cojones de su mundo circular, actores que pretenden huir de la fama, futbolistas que no se acaban de centrar en la pelota (ni en nada), todo el mundo hace hoy mindfulness. ¿No hace usted mindfulness? No está a la moda, hombre. O quizá sí.

Literalmente, mindfulness significa "plenitud de la mente" o "plena conciencia". El nombre lo dice todo: se trata, a través del mindfulness (ahora en un rato relato algunas de sus técnicas) de hacer tomar a la gente conciencia de lo que está haciendo, de su mismidad. Olvídese del pasado, deje de rumiar malos rollos; si su madre se descerrajó un tiro en la boca ayer, no le dé tantas vueltas, hombre; además, no se preocupe por el futuro, quien sabe con precisión qué es lo que le va a deparar; si nos cae un planeta de manera inminente en la cabeza, como en Melancholia, de Lars Von Trier, qué se le va a hacer, tampoco sea tan pesimista. Céntrese en el presente, en el ahora, en el now, y olvídese de todo lo demás. Bien, atentos al siguiente párrafo, que proviene de uno de los libros más famosos de autoayuda de mindfulness -The miracle of mindfulness (1975)- de Thich Nhat Hanh, maestro zen). El párrafo se titula 'Eating a tangerine' (comer una mandarina), y dice así (me tomo la libertad de traducirlo directamente):

"Recuerdo hace unos años, cuando Jim y yo estábamos viajando por primera vez por los Estados Unidos. Nos sentamos debajo de un árbol. De repente, Jim se puso a hablar de sus planes futuros. Estaba tan inmerso en la conversación que dejó de pensar en lo que estaba haciendo en ese momento. Cogió un gajo de una mandarina, se lo metió en la boca, y antes incluso de que hubiera empezado a masticarlo, se metió otro gajo, y así sucesivamente. Me pareció que en lugar de estarse comiendo una mandarina, lo que estaba haciendo era comerse sus planes futuros.

Una mandarina está dividida en gajos. Si eres capaz de saborear un gajo, serás capaz de saborear la mandarina en su conjunto. Si no eres capaz de saborear ni siquiera un gajo, no serás capaz de saborear la mandarina entera. De repente, Jim se dio cuenta de lo que estaba ocurriendo. Puso su mano hacia abajo y se empezó a centrar en la presencia del gajo que ya tenía en su boca. Lo masticó tranquilamente, antes de volver a meterse otro en la boca.

Pasó el tiempo. Cuando Jim fue encarcelado por sus actividades contra la guerra, yo estaba preocupada de que no pudiera soportar la cárcel. Entonces se me ocurrió mandarle una carta en la que le decía: "¿Te acuerdas de la mandarina que comimos juntos? Estar en la cárcel es como la mandarina. Cómetela y sé uno con ello. Mañana no habrá más".

Les dejo 5 minutos para que puedan desternillarse a gusto.

Bien, ya han pasado. Prosigo. Vamos a revisar algunas de las técnicas del mindfulness. Son todas ellas delirantes.

  1. Haz una media sonrisa cuando te levantes cada mañana (hay varias de éstas; la que más me irrita, sin una media sonrisa además, es la que dice: "haz una media sonrisa cuando algo te irrite de verdad". Qué se le va a hacer, se ve que no practico lo suficiente)
  2. Siéntate apoyando las dos plantas de los pies en el suelo. Haz una media sonrisa (como no podía ser de otra manera)
  3. Respira profundamente (aquí lo de la media sonrisa desaparece, por razones obvias)
  4. Mide tu respiración a través de tus pasos (sic: no me pregunten, es literal)
  5. (Este es buenísimo). Haz mindfulness mientras lavas los platos. Cada taza es un objeto de contemplación. Considera cada taza como un objeto sagrado.

Espectacular. No tengo palabras para describirlo.

Tengo un familiar que hace mindfulness. No, no lo hace, es un devoto de esta nueva religión. Espero de hecho que no lea este artículo, porque si lo hace, probablemente no me vuelva a hablar nunca jamás. Mi familiar se levanta a las 7 AM todas las mañanas. Despierta a los tres niños que tiene. Mientras su mujer se arregla, para llevarlos al cole, él prepara los desayunos de los niños, los viste, los lava, los peina, y se ocupa de que efectivamente tomen el desayuno y de que éste no acabe arrojado por la ventana, o vomitado. Cuando su mujer se ha arreglado, sale de su cuarto y (gritando normalmente) da caña a los niños para que estos salgan disparados hacia el ascensor, para bajar al garaje. Una vez que se han ido, mi familiar se inyecta un café en vena, se mete como un rayo en el baño, se afeita cagando hostias, se ducha, se viste, coge el coche para ir al trabajo, para vender productos financieros derivados durante diez horas al día todos los días de la semana todas las semanas del mes todos los meses del año, se mete en un atasco, llega al trabajo tarde, su jefe le regaña...

Pero él es feliz. Porque lo primero que hace, nada más llegar al trabajo, es mindfulness. Sí, como lo oyen. Su empresa lo fomenta entre los empleados. Es voluntario, ojo, nadie está obligado. El mindfulness es siempre una cuestión individual. Y de elección personal.

Una vez le pregunté por el Quijote, sí, el libro ese de un tal de Cervantes Saavedra. Me contestó que lo tenía encima de su mesilla de noche, y que rezaba a dios para que algún día le diera tiempo para leerlo.