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El Orgullo de ser

22/06/2017 07:21 CEST | Actualizado 22/06/2017 07:21 CEST

Foto cedida por la exposición 'Subversivas, 40 años de activismo LGTB en España'

La niña que fui ha vuelto a Cibeles. La niña que, con 8, con 11, 14 ó 16 años tanto iba a Correos, ha vuelto hoy de nuevo a Cibeles. Me he visto entrar una vez más en el enorme edificio de Cibeles que consideraba mi casa. Mi familia paterna era toda de correos, mi padre, mi abuelo -que llegó a ser jefe de estafeta-, una tía -era bizca y estaba en la ventanilla de giros-, mi tío -ambulante postal y que, al final, resultó ser gay-, todos ellos funcionarios de correos, me inculcaron que ese, el enorme edificio en Cibeles, era mi casa.

Yo iba con frecuencia a recoger a mi padre, que trabajaba allí, y él, orgulloso, me paseaba y me enseñaba sus curiosidades y rincones, que si la capilla, que si el museo postal, que si las vistas de la plaza desde el torreón, que si esto o que si aquello.

Y hoy ha vuelto, después de tantos años la he visto volver.

Me he visto entrar, avanzar como tantas veces por el enorme hall un pelín triste, un pelín despistada, como desencontrada.

Hoy he visto a la niña que fui sorprenderse por una música, subir tras ella y pasmarse asombrada al ver lo que ve en la cuarta planta del enorme y familiar edificio. Y allí la he visto sonreír y llorar al mirar y al oír.

Al ritmo de ¿A quien le importa? y del pasodoble Francisco Alegre, late en CentroCentro de Cibeles Subversivas, 40 años de activismo LGTB en España, una exposición con fuerza y lágrimas, con corazón, con alma, con lucha y vida, con muchas vidas: las de quienes hace 40 años se sublevaron en este país siguiendo la estela de Stonewall, las de quienes saliendo de las catacumbas y desde la clandestinidad, a pesar y sobre la mucha represión de las leyes franquistas, supieron con su lucha estructurar un luminoso movimiento de liberación, luminoso y pacifico, integrador y sonriente.

La niña que fui ha encontrado por fin el lugar para pasar la vida, para reír y para llorar, para luchar y quedarse en esa lucha. Con mucho Orgullo.

Por esa cuarta planta del Cibeles de mi infancia circulan hoy muchas peligrosas sociales, muchos vagos y maleantes, allí se palpa mucha lucha y mucho sufrimiento. Se vive y se respira mucho Orgullo.

En el 40 aniversario del activismo en este país -coincidiendo por cierto con el 40 aniversario del nacimiento de una imperfecta democracia en la que no hubo sitio para las subversivas- la FELGTB ha montado una emocionante y emocionada exposición de visita obligada para quien quiera entender/nos. Entender las raíces, entender los porqués, entender las razones de tantas lágrimas. De tanto Orgullo.

Por allí se pasea la lucha avivada con las músicas de nuestra identidad, allí se halla la visibilidad de nuestro colectivo, allí los indicios de nuestra memoria.

Subversivas es memoria, explica de dónde venimos: quien no sabe de dónde viene, no puede saber quién es ni sabe tampoco a dónde va. El testimonio de nuestro camino recorrido con tantas dificultades ha de servir para continuar una lucha que no ha finalizado: la igualdad real del colectivo de la diversidad sexual, de género y familiar está todavía por conseguir.

Y en lo alto lucen las pancartas históricas de las manifestaciones -nuestra voz en cada Orgullo-, las pancartas llevadas con obstinada determinación en cada 28 de junio. "Esta batalla la vamos a ganar", gritábamos, y la fuimos ganando, fuimos ganando tenazmente la batalla de la igualdad legal de la mano de la ciudadanía, que –esta fue nuestra primera victoria- nos supo interpretar y acompañar. Y así, fuimos venciendo convenciendo.

Se nos viene encima otro año más, y en éste, en el 40 aniversario del activismo y el 25 aniversario de la FELGTB, el Orgullo va a ser mundial: la manifestación que saldrá el 1 de julio en el calor de Madrid, lo hará por los derechos LGTBI en todo el mundo y por la exigencia -¡Ya!- de la despatologización trans: basta leer las pancartas para entender los porqués de este Orgullo Mundial.

Foto cedida por la exposición 'Subversivas, 40 años de activismo LGTB en España'

A nuestro colectivo le queda todavía mucho camino por hacer, nos queda conseguir la igualdad real, pero de la misma manera determinada y obstinada, con tantas razones que son personas y siempre de la mano de la ciudadanía, sabremos conseguirlo. 'Esta batalla la vamos a ganar'.

En este verano de 2017, la niña que fui ha vuelto a Cibeles. La niña que, con 8, con 11, 14 ó 16 años tanto iba al enorme edificio de Correos -un pelín triste, un pelín despistada, como desencontrada-, ha vuelto hoy de nuevo. Hoy me he visto entrar una vez más en ese enorme edificio de mi infancia.

Mas hoy la niña que fui ha encontrado caras, ha escuchado músicas, ha olido la vida en el edificio tantas veces visitado. Mucha vida y mucha lucha. Y de repente, ha encontrado su casa en las caras y en la lucha de las subversivas. Ha encontrado por fin el lugar para pasar la vida, para reír y para llorar, para luchar y quedarse en esa lucha. Con mucho Orgullo.

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