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Pedro Sánchez sueña con ser Jeremy Corbyn

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Foto: EFE

Como el río seco que se resiste a morir, Pedro Sánchez se mantiene al frente del PSOE. No hay caudal, no hay electores. Tampoco hay esperanza, salvo la de quienes a su alrededor -en un cántico orgulloso, monocorde, dogmático y enjuiciador hacia los discrepantes- entonan su #noesno, como si la coherencia sanchiana condujese a alguna parte, más allá de la pretensión de seguir al frente de un partido cada vez más irrelevante que se enfrenta a nuevas elecciones con la perspectiva de ver crecer -the sky is the limit, como dicen cursimente los ingleses- la distancia de un Rajoy, que, henchido tras las gallegas, se frota la manos.

La esperanza de Pedro Sánchez pasa por seguir los pasos de Jeremy Corbyn, que estos días celebra en Liverpool su reelección al frente del Partido Laborista. Si Corbyn lo ha logrado, Sánchez probablemente también puede. El camino elegido es conocido: podemizar el PSOE, como Corbyn ha logrado ya Syrizar al Partido Laborista. Cubrirlo de una pátina asamblearia, probablemente sectaria y populista, con escasas perspectivas de armar una mayoría social progresista. Puede parecer un precio algo caro para un partido que aspira a gobernar, pero, en todo caso, para Sánchez pudiera merecer la pena, si logra así mantenerse al frente de un barquito de cuatro siglas y más de cien años de historia cuyos tiempos pasados evocan ahora un imponente, aunque algo frágil, Titanic.

Antes del verano, a Jeremy Corbyn le daban también por muerto. A diferencia de Sánchez, nunca fue del agrado del establishment de su partido. Fue elegido en septiembre de 2015 gracias a que el Laborismo decidió por primera vez en su historia hacer primarias abiertas para elegir al líder. Miles, sobre todo jóvenes, acudieron a la llamada de la revolución corbynista, al grito de un izquierdismo clásico, para la mayoría del establishment labour bastante desfasado, en un momento de depresión e impotencia socialdemócrata en toda Europa.

Hoy el Partido Laborista tiene más de medio millón de militantes, más que la suma de los otros partidos británicos juntos, pero también tiene un líder que no se entiende y no refleja el estilo y las prioridades políticas de la gran mayoría de diputados laboristas, en un país, recordemos, en que cada uno de ellos ha ganado una elección en su relativamente pequeño distrito electoral. ¿Puede un partido funcionar con un líder adorado por las bases pero incomprendido por sus dirigentes y por la sociedad, sin perspectivas de poder alcanzar el Gobierno?

Minoritario en la sociedad, pero probablemente mayoritario en las bases de su partido, Pedro Sánchez se propone seguir la senda corbynista.

El ejército de entusiasmados fans corbybistas, que le han hecho ya ganar dos elecciones primarias, recuerdan por su inusual fervor cuasi-religioso en el mundo de la política, como dice un editorial de The Independent, a los seguidores de un equipo de fútbol. Pero son muchas las voces que alertan de que las posiciones y estilo de Corbyn no lograrán darle una victoria en Reino Unido (hoy los laboristas están prácticamente desaparecidos en la oposición y una encuesta en junio los situaba 16 puntos por debajo de los conservadores).

Antes del verano, los críticos a Corbyn, prepararon un golpe contra el líder. Hartos de los malos resultados electorales -hubo elecciones municipales el 5 de mayo- , de la caída en las encuestas, de la actuación de Corbyn en la campaña del brexit - que incluyó un respiro vacacional y una poco convincente defensa de Europa -pero sobre todo, hartos de un estilo con el que no se identifican, hasta 20 dirigentes dimitieron o fueron cesados en bloque, convencidos de que lograrían deprimir o amedrentar suficientemente a Corbyn como para hacerle tirar la toalla. Pero el líder logró forzar un nuevo proceso de elección abierto, con idénticas reglas, volviendo a precipitar una afiliación masiva y una victoria al grito de todo el poder para las bases, que incluye ahora en Liverpool propuestas para que sean ellas directamente quienes elijan a parte de la cúpula del partido.

Minoritario en la sociedad, pero probablemente mayoritario en las bases de su partido, Pedro Sánchez se propone seguir la senda corbynista. Quiere convocar unas primarias en octubre, de momento cerradas a simpatizantes externos, volver a dar la palabra a los militantes, enarbolar la bandera de la "izquierda auténtica" en su partido - #noesno, aunque no conduzca a nada, más allá del postureo de una alternativa que con estos números no es posible y nuevas elecciones - y señalar a quien se presente como alternativa, si es que hay candidato, como traidor a la causa por querer situar a Rajoy en la Moncloa, olvidando quizás que quienes han hecho fuerte a Rajoy han sido precisamente muchos electores que, en medio del fango de la corrupción y los
recortes, no han confiado en este PSOE que él dirige.

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