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Los calcetines de Einstein

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Si usted piensa que la ciencia es complicada, debería salir a la calle y empezar a conocer a más gente

Los electrones no saben quiénes son los superhéroes

Albert Einstein desde el otro mundo

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Einstein (sin calcetines) mira con curiosidad unos zapatos colgados de una farola, fenómeno urbano conocido como "Shoefiti". Escena ficticia ilustrada por Ignasi Cusí.

Considero un milagro que el mismísimo Albert Einstein haya accedido a dar esta entrevista. Según él mismo me contará más tarde, los milagros no existen, simplemente es que, desde que está muerto, nadie le había invitado. Sea como fuere, ahora mismo tengo al espíritu de Einstein flotando delante de mí, intentando adoptar la forma corpórea de sus últimos años: pelo blanco, largo y despeinado. Einstein va vestido con ropa que recuerda, más que a un premio Nobel, a uno de esos niños que reparten los periódicos en las pelis americanas en blanco y negro. Un detalle más, no lleva calcetines. Con aspecto cansado, pero amable y sonriente, Einstein lucha contra la corriente de aire que intenta succionarle a través del conducto de ventilación de mi oficina. Apago la ventilación y me lanzo con la primera pregunta. Es una pregunta trampa, para tantear al entrevistado, no sea que me hayan enviado a cualquier otro espíritu en su nombre. Más tarde entenderán el porque de mis temores.

Señor Einstein, ¿supongo que no le importará que hablemos en castellano, no?

En castellano, mejor que no. Aunque he aprendido bastante ahí arriba de su compatriota Ramón y Cajal, aún no me sale la erre. Mejor en inglés. Y llámeme "Elll", por favor.
(Bien, parece que, efectivamente, éste podría ser el espíritu de Einstein. Los alemanes no aprenden a decir la erre ni después de muertos. Además, prefiere el inglés, como buen inmigrante en Estados Unidos y le gusta que le llamen "Elll", Al pronunciado a lo americano.)

De acuerdo, "Elll". Según tengo entendido, usted dijo una vez que todos somos unos genios. Cuando yo era pequeño le pregunté a mi padre qué pasaría si me ponía a partir una piedra por la mitad una y otra vez, si alguna vez acabaría. ¿Cree usted que es esta una pregunta de genio?

Es una buena pregunta. ¿Qué le respondió su padre?

Me respondió que la materia no se crea ni se destruye, que solo se transforma.
Bueno, su padre confundió materia con energía, pero en esencia la respuesta me gusta. Tal vez el genio fuera su padre, no usted.
(risas)

¿Sabía que su nombre es el más conocido para un científico en nuestro país? ¿A qué cree usted que se debe su fama?

Dudo que esta noticia sea verdad. Todo el mundo conoce a Angela Merkel, pero nadie sabe que ella también fue científica, creo que incluso se especializó en química cuántica (por un instante pienso que Einstein padece un tic, hasta que me doy cuenta de que me está guiñando el ojo). Ahora en serio, creo que la gente me conoce porque me gustaba ir despeinado, sacar la lengua y poner caras divertidas.

¿No cree que sea también porque desarrolló la teoría de la relatividad?

En absoluto, no creo que haya mucha gente que entienda esa teoría. Una vez, un periodista quiso que se la explicara con palabras sencillas, pero, ¿como iba yo a conseguir tal cosa? Esto sería como si el periodista intentara explicarme a mí como freír un huevo, pero yo no supiera lo que es una sartén. De todas formas, hay algunos que han conseguido explicar bastante bien mis teorías a aquellos que no saben muchas matemáticas, cosa muy admirable, desde luego.

Entonces, ¿cree usted que el secreto de su éxito se debe a ir por ahí sacando la lengua? Según Walter Isaacson, sin su carisma, usted habría conseguido de todos modos situarse a la altura de Newton y Galileo...

Respecto a lo de sacar la lengua, creo que eso explicaría porque Miley Cyrus también tiene tanto éxito (Einstein esboza una sonrisa debajo del bigote, este hombre parece estar al día de todo y le gusta sorprenderme). Otra cosa que a la gente le gustaba de mí eran las frases tipo: "La imaginacion es más importante que el conocimiento". Y claro, también que no me parecía al arquetipo del científico estirado y aburrido. Además, parece que soy bueno vendiendo cosas, por ejemplo, caramelos. Mire, precisamente le traigo una cajita de 'mentolines' que me he agenciado por el camino, ¡sale mi cara!

Ah sí, otra cosa más: a la gente le gustó mucho la sencillez estética de la fórmula E = mc2 (al cuadrado). La verdad es que tuve una suerte enorme con esto. Si la fórmula hubiera tenido cinco variables y un denominador nadie se atrevería a ponerla en una camiseta, imagínese...

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Izquierda: graffiti de Einstein comiéndose un "Currywurst" en un establecimiento berlinés (foto GOG). Derecha: la famosa fórmula E= mc2 (al cuadrado) en un edificio de Taiwan durante el evento del año mundial de la física en 2005 (foto Wikipedia).

Entiendo. Delante de mi casa hay una tienda de salchichas donde también sale su cara con la lengua fuera. Pero, ¿era usted de verdad una persona divertida o solo posaba para las fotos?

Bueno, eso de ser gracioso dependerá de para quién. Lo cierto es que me gustaba hacer cosas un poco divertidas, supongo. Una vez, por ejemplo, tenía que ir a dar una charla. La verdad es que llevaba dando la misma charla varias semanas y no me apetecía mucho repetirla otra vez. Le pregunté a mi chófer si podía dar él la charla. Ya que éste se la sabía de memoria, accedió al instante. Todo fue bien pero, al llegar al turno de preguntas, el conductor no supo, lógicamente, responder a ninguna de ellas. Se limitó a decir: ¡pregúntenle a mi chófer!
(risas)
(Einstein se acerca y me susurra al oído que, aunque la historia no es cierta, le gusta que se explique por ahí, ¡que se me muere (de nuevo) de la risa!)

¿Qué es lo que llevaba usted peor, los éxitos o los fracasos?

Como usted bien sabrá, yo no fui siempre un triunfador: de pequeño me costó empezar a hablar y siempre andaba algo despistado... más tarde me suspendieron algunos exámenes, como el de acceso a los estudios superiores. También tuve problemas para obtener el doctorado, ya los profesores decían que mis investigaciones no tenían aplicaciones prácticas.
Lo que aprendí de todo esto es que lo más importante es perseverar, porque al final casi siempre me salí con la mía. Además, ahora creo que mis "defectos" fueron los que me llevaron realmente a realizar descubrimientos interesantes. Los adultos corrientes pocas veces se estrujan los sesos pensando sobre el espacio y el tiempo. Creo que, como yo me desarrollé un poco más despacio que los demás, conservé una parte de curiosidad infantil que me hizo interesarme por estas cosas.

¿Por qué costó tanto que le dieran el premio Nobel?

¿Quiere usted hablar de ciencia? Espere, que le envío a mi chófer (risas, de nuevo). Ahora en serio, por aquel entonces a los miembros de la Academia Sueca parece que solo les interesaban cosas que se pudieran medir (física experimental decían algunos, metrología lo llamaban otros). Por esa razón, la teoría de la relatividad no les gustaba demasiado. Solo al final accedieron a darme el Nobel por otro descubrimiento, el efecto fotoeléctrico. ¿Sabe lo que hice yo al recibir el premio por el efecto fotoeléctrico? Me pasé un rato laaaaaaargo hablándoles sobre relatividad...

Bien, usted no empezó siendo un ganador pero acabó llevándose un Nobel, descubriendo que la luz se curva debido a la gravedad y muchas otras cosas fascinantes. Pero, ¿le quedó mal sabor de boca por no haber conseguido algo en particular?

Bueno, me supo mal tener que morirme antes de haber podido completar una teoría del todo, una ley que pudiera explicar todos los fenómenos físicos del mundo. Sí, ya sé, tal vez fuera algo un poco pretencioso por mi parte, pero no se equivoque en mis aspiraciones. Me voy a autoparafrasear: "mas vale un hombre de valor que uno de éxito" (sonrisa irónica).

Otra cosa que me dejó muy mal sabor de boca fue animar en una carta a los EEUU a desarrollar la bomba nuclear. Yo pensaba que los nazis lo conseguirían antes y eso me daba mucho miedo... Como usted sabrá, aunque yo soy Alemán (mi primera nacionalidad, después obtuve cuatro más), tuve muchos problemas por el hecho de ser judío. Los nazis incluso llegaron a publicar un libro para desprestigiarme, se llamaba Cien Autores Contra Einstein. Lo que más me molestó fue lo siguiente: si de verdad yo estaba tan equivocado, ¿hacían falta cien autores para demostrarlo? Y una cosa más, me porté bastante mal con mi primera mujer, Mileva. El otro día intenté disculparme con ella, pero dice que ahora es ella la que no quiere ni oírme.

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Izquierda: zapatos colgando de una farola en Berlín (foto GOG). Centro: cara de Einstein en la tapa de una caja de pastillas de menta (foto GOG). Derecha: Albert Einstein en 1921 (foto Wikipedia).


Cambiando de tema, ¿qué le parece el hecho de que, una vez muerto, metieran su cerebro en un bote de formol y lo conservaran para estudiarlo?

Bueno, me alegro que esperaran a que muriera para sacarme el cerebro (sonrisa). Pero si tengo que serle sincero, creo que esto fue una tontería enorme. Ya intentaron lo mismo con el de Lenin y tampoco encontraron nada extraordinario. Al parecer, mi cerebro presentaba algunas peculiaridades, pero no está claro que esto me diferenciara extraordinariamente del resto de las personas. A la gente a la que tanto le intereso, le recomendaría leer el libro de Walter Isaacson sobre mi vida. O tal vez mejor aún, que se vayan a dar un paseo, se echen una siesta, piensen un poco sobre esta entrevista, den una vueltecita en barco y se lo vuelvan a pensar (así es como yo organizaba mi día). Después de todo esto, probablemente lleguen a la conclusión de que, en realidad, con esta entrevista ya han tenido suficiente información sobre mí, de momento.

Para terminar, explíquenos qué es lo que le ha sorprendido más del mundo que ha visto hoy, al visitarnos desde el más allá y asistir a esta entrevista.

Como usted bien sabrá, a mi no me gustaba llevar calcetines. Me parecía una pérdida de tiempo ponérmelos. Pero es que, al venir aquí me he encontrado con que, ¡alguna gente cuelga zapatos de los hilos telefónicos y de las farolas! ¿Sabe usted qué? Me ha entrado la risa y he pensado: las personas somos más complejas que la ciencia.


¿Está usted hablando en serio?

Claro que sí. La ciencia es solo algo que nos hemos inventado nosotros para entender a la naturaleza, la vida, a nosotros mismos. Por eso las personas pueden ser más complicadas que la ciencia. Por ejemplo, a ver, usted Guillermo, es científico, ¿no? Pero, ¿por qué decidió estudiar químicas?

Um... Por los cómics de superhéroes, creo.

¿Lo ve usted? Las personas somos más complicadas que la ciencia, ¡los electrones no saben lo que son los superhéroes!(risas).

Gracias "Elll", por la entrevista y por el rato tan agradable.

De nada chico, ya puedes encender la ventilación, me voy volando.

Notas: Mis más sinceros agradecimientos, una vez más, para Ignasi Cusí por su fabulosa ilustración y para Anne Schwarz por la idea de la entrevista. Gracias también a Aleix Ruiz Falqués por los comentarios y correcciones. Si te gustó esta entrevista puedes seguirme en Facebook.