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Cucharadas de ignorancia: el remedio que no cura

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Imagen: WIKIPEDIA

Los sabios tienen sobre los ignorantes las mismas ventajas que los vivos sobre los muertos.
Aristóteles

Dejemos que otros piensen por nosotros, una posible interpretación de esta imagen titulada Nicolas P. Rougier's rendering of the human brain (fuente: Wikipedia).

La verdad tiene un precio, la ignorancia también

No lo niego: la verdad tiene un precio. Y éste se paga con tiempo, recursos y esfuerzo..., a veces con lágrimas. Porque la verdad puede doler, y mucho. Pero es que renunciar sistemáticamente a la verdad puede acarrear consecuencias graves a largo plazo. La ignorancia da la felicidad, dicen algunos. Yo no soy uno de ellos. De acuerdo, hay estudios científicos que demuestran que nuestro cerebro dispone de mecanismos de autoengaño, y que estos nos ayudan, a veces, a superar el pasado y afrontar mejor el futuro. Como explica Joaquim Fuster, distinguido profesor de neurociencia de la Universidad de California, la mala memoria ayuda a ser feliz. Pero de eso a tomarse al pie de la letra "la ignorancia conduce a la felicidad", hay un abismo. Lo considero un insulto a nuestra inteligencia y, todavía más grave, un suicidio colectivo al servicio de unos pocos. A la postre, aquellos que nos ofrecen la ignorancia saben bien que nos están privando de algo importante: nuestra capacidad de decidir.

¿Queremos, de verdad, que sean otros los que piensen y decidan por nosotros? Si es así, corremos el riesgo de creer que la ignorancia nos hará felices.

España, verdades que duelen

Pongamos un ejemplo: ¿cuál es la situación real de España? Algunos la pintan así: todo va a ir mejor, lo peor ya ha pasado..., hay que ser optimistas. Además, todo depende del enfoque que uno le dé a las cosas. Lo admito, yo también tengo percepciones positivas sobre España: está mucho mejor que los países subdesarrollados, mejor que los países en vías de desarrollo. Pero si es que, ¡España está incluso a la cabeza europea en algunas cosas! Y ahí empezamos con las verdades objetivas (son de las que duelen): España es líder europeo en abandono escolar. Además, según UNICEF, uno de cada tres niños vive bajo el umbral de la pobreza o exclusión social. Aunque está bien ser optimista, si no somos capaces de proporcionar a nuestros hijos unas condiciones y perspectivas de vida dignas, así como de transmitirles que el conocimiento vale la pena, vamos por el camino de hacerles creer que la ignorancia les hará felices.

El mundo y los grandes desafíos

Es bien conocido que, a lo largo de la historia, mantener a la gente sumida en la ignorancia, apartada del conocimiento real, ha sido un método de control bastante efectivo. Pero, para mí, la cuestión es la siguiente: ¿vamos a elegir voluntariamente la ignorancia? Porque, es muy posible que uno de los factores que realmente pueda ayudarnos a sobrevivir a los complejos desafíos del futuro (calentamiento global, epidemias, agotamiento de las fuentes de energía, aumento y envejecimiento de la población, etc.) sea precisamente eso: el conocimiento.

Lo primero que hay que hacer para pensar en el futuro es conocer el presente. Pero es que, a veces, somos más ignorantes que los chimpancés, éstos no miran las noticias. Hans Rosling

Y al decir todo esto no intento categorizar a las personas entre ignorantes y eruditas. Como dijo Sir Humphy Davy durante un discurso ante la Real Sociedad Británica en 1825, cuanto más sabemos, más conscientes somos de nuestra ignorancia. O sea, que parto de la base de que, en esencia, todos somos unos ignorantes. Y si no me creen, vean el siguiente vídeo. En él se demuestra que, incluso personas con acceso a la educación, saben bastante poco sobre asuntos importantes, como los niveles reales de pobreza a nivel mundial. Sus respuestas están a veces tan alejadas de la realidad, que chimpancés del zoológico aciertan más que nosotros (estos últimos claro, eligen al azar). Según Rosling, esto no es pura coincidencia: los chimpancés no ven las noticias de la tele. O sea, que podemos ser unos ignorantes por pasiva (nos da absolutamente igual), pero también por activa (tratamos de informarnos, pero la información está manipulada).

Las buenas noticias

Si bien es cierto que aprendemos de la propia experiencia, el ser humano tiene, además, una suerte enorme: ninguna otra especie dispone de tantos mecanismos para almacenar y transmitir el conocimiento colectivo acumulado durante muchas generaciones.

Segunda buena noticia, especialmente para los amantes de las estadísticas y para algunos españoles acomplejados: según las conclusiones de un estudio realizado a más de 11.000 personas, los españoles se encuentran dentro del grupo de los menos ignorantes, comparado con trece países más (todos ellos países desarrollados).

Tercera buena noticia: existen muchas personas, cada vez más, que se movilizan en contra de los recortes en educación, cultura y ciencia. Yo les voy a hablar de esto último, ya que es lo que conozco mejor. Iniciativas como Ciencia con Futuro (España), Sciences en marche (Francia), Science is Vital (Reino Unido) y Prespektive statt Befristung (Alemania) tratan de concienciar sobre la importancia de la ciencia para la sociedad. Y lo mejor es que esto se está expandiendo también a un entorno internacional. Fruto de ello es Ellos han elegido la ignorancia, la carta abierta que científicos de varios países europeos han escrito en EuroScientist lamentando las políticas de recortes en investigación.

No es que la ciencia haya de sacarnos del agujero; la ciencia deberíamos haberla utilizado para no caer en él. Victor Puntés

Posiblemente, el gran problema a la hora de promover la ciencia es que esto va en contra de grandes círculos de poder: a las empresas les interesa la tecnología (dinero), pero no la ciencia (conocimiento). Y a muchos políticos les interesa la ciencia solo para sus programas electorales. Además, según el pensador, físico y filósofo Mario Bunge, la ciencia asusta tanto a los partidos de izquierda como a los de derechas.

Mi granito de arena en todo esto

Como ustedes bien sabrán, escribo artículos con la intención de divulgar la ciencia e intentar mostrar que ésta no está desconectada de nuestras vidas. Para ello, intento relacionar elementos científicos (nanopartículas, agujeros negros, electrones) con otros de nuestro día a día (racismo, corrupción, salud, sexo, arte urbano). La semana pasada, me atreví con un medio nuevo. Este es mi video de apoyo a una iniciativa para llevar la ciencia a las calles de Alicante.

Para terminar, les agradezco que sigan leyendo mis artículos. En el de hoy he pretendido simplemente decir lo siguiente: yo, ni elijo la ignorancia, ni la deseo para los demás. ¿Y ustedes?

Notas: gracias una vez más a Aleix Ruiz Falqués por los comentarios y correcciones. Si les te gustó esta entrevista, pueden seguirme en Facebook.