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Ada Colau y el pato de Voltaire

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En Estados Unidos dicen que si algo camina como un pato, nada como un pato y grazna como un pato, entonces seguramente se trata de un pato. Ante esos indicios, poco puede importar que el pato aduzca que en realidad es la paloma blanca de la paz, la célebre cigüeña de París o uno de los bellos cisnes del lago. Es un pato.

¿Por qué Ada Colau, a pesar de que todos sus actos políticos apuntan en la dirección contraria, sigue negando su decidido nacionalismo catalán? ¿Por qué insiste en afirmar que ella en realidad es un unicornio azul (soberanista), si a todas luces es un pato?

De su padre decía Babbage que "no cree nada de lo que oye, y sólo la mitad de lo que ve". Esa es otra jugosa manera de decir "por sus obras los conoceréis":

La alcaldesa Colau luchó a brazo partido por evitar que en Barcelona se colocara una pantalla gigante en la que ver los partidos de España en la pasada Eurocopa. Y esta misma semana, el Ayuntamiento decidió sancionar a la plataforma Barcelona con la Selección con una multa económica.

La alcaldesa Colau luchó a brazo partido por evitar que en Barcelona se colocara una pantalla gigante en la que ver los partidos de España en la pasada Eurocopa.

El primer acto político de Ada Colau fue retirar el busto de Juan Carlos I del Ayuntamiento. Asimismo, ya son inolvidables las imágenes de las Fiestas de la Merced de 2015 cuando, en el balcón del Ayuntamiento, su primer teniente de alcalde, Gerardo Pisarello, se batió con garra e ímpetu por descolgar como fuera una bandera española.

Hace pocos días salió la noticia de que Colau ahora pretende que Barcelona se una a la Asociación de Municipios por la Independencia. Se supone que a través de una consulta, pero este tipo de consultas orientadas recuerdan la vez que el emperador Augusto, queriendo salvar a un acusado de la pena capital, le interrogó: "¿Verdad que tú nunca mataste a tu padre...?". Ese tipo de consultas sin rigor nunca se pierden. Y si se pierden, se elude la derrota, tal como lo explicó Tucídides, el hijo de Melesias, quejándose de su rival Pericles: "Cuando yo lo derribo en combate, aquél, negando haber caído, vence y conmueve a los espectadores".

Ada Colau una vez dijo que no conecta con Pablo Iglesias porque es "arrogante". Y ahora viene lo bueno: "Me hace sentir más catalana que nunca". Si esto no es un pato de los de toda la vida, ya incluso a un colibrí podrían empezar a llamarle tigre de Bengala o elefante o soberanista o cualquier otra cosa.

Ada Colau una vez dijo que no conecta con Pablo Iglesias porque es "arrogante". Y ahora viene lo bueno: "Me hace sentir más catalana que nunca".

Así que Ada Colau elude al máximo hablar en público en la lengua materna de la mayoría de los barceloneses, votó que sí a la independencia de Cataluña en la consulta ilegal del 9N de 2014, retiró el busto de Juan Carlos I, su segundo en la alcaldía tiene una extraña relación emocional con la bandera española, encuentra virtuoso sentirse "más catalana que nunca" como contraposición a "lo español" y quiere que Barcelona se declare ciudad independentista. Sin embargo, Colau niega ser nacionalista. ¿Por qué semejante contrasentido?

Quizás porque más de la mitad de sus votantes no son nacionalistas, y como no lo son, ella recurre al artilugio retórico de definirse como soberanista (que es lo mismo, pero suena diferente): sólo a favor del derecho a decidir.

Pero ¿el derecho a decidir qué cosa? Desde luego que no se trata de si los barceloneses querían o no pantallas gigantes durante la Eurocopa. Ni al de los padres con respecto al número de horas escolares en español para sus hijos. Tampoco el derecho a decidir si la rica Barcelona se separa del resto de Cataluña. No, el derecho a decidir que Ada Colau defiende es muy claro y específico: el de la independencia de la rica Cataluña del resto de España, como cualquier nacionalista más.

Más de la mitad de sus votantes no son nacionalistas, por eso ella recurre al artilugio retórico de definirse como soberanista: sólo a favor del derecho a decidir.

El nacionalismo es lo sustantivo, y el tal soberanismo no deja de ser un adverbio de modo, una mera herramienta para el objetivo de la secesión.

El juego de manos consiste en ensalzar el llamado derecho a decidir por sus virtudes abstractas, otorgándole un valor moral positivo en sí y recubriéndolo del halo de la célebre frase que mal se le adjudica a Voltaire: "Estoy en desacuerdo con lo que dices pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo". Sin embargo, es fácil imaginarse mil situaciones en las que el verdadero Voltaire se hubiera opuesto rotundamente a esas tan inspiradoras como inconsistentes palabras. ¿Derecho a decidir mandar al patíbulo a los protestantes franceses o a los ateos de toda Europa? ¿Derecho a decidir en contra de la igualdad y la tolerancia? No lo creo.

El truco de los soberanistas es el del lobo diciendo que él en ningún momento está abogando por comerse a nadie, "yo sólo pido que a las niñas con caperucitas rojas las dejen pasear solas y de noche por el bosque". Luego de en todo apoyar claramente al nacionalismo, pretender un interés neutro y aséptico por un referéndum impulsado por los nacionalistas es lo mismo que si Poncio Pilatos hubiera dicho: "¿A quién liberamos, al bueno de Barrabás -y con su libertad, una tinaja de vino para cada uno-, o al malvado Jesús -y con su libertad subiremos el precio del pan-? Yo me lavo las manos".

El nacionalismo es lo sustantivo, y el tal soberanismo no deja de ser un adverbio de modo, una mera herramienta para el objetivo de la secesión.

El soberanismo no es más que una trampa de palabras, pero las palabras luego son corroboradas o refutadas por los hechos. El mismo Augusto siempre negó ser un emperador -¡pero claro que lo era!- y, por el contrario, siempre mimó la fantasía de haber restaurado la República. ¿Qué valor podía tener la palabra "república" en boca del emperador Augusto? No, no era un unicornio azul, en todo parecía un pato y un pato es lo que era.

Ada Colau, en todos y cada uno de sus actos políticos, se comporta como una decidida nacionalista que lucha por la independencia de la rica Cataluña. Esas son sus obras. Camina, nada y grazna como un pato. No, no es un unicornio azul, es un pato.