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Las Perseidas o Lágrimas de San Lorenzo también impactan contra la Luna

10/08/2013 23:35 CEST | Actualizado 10/10/2013 11:12 CEST
NASA

La lluvia de estrellas de las Perseidas es uno de los espectáculos clásicos de las noches de verano en el Hemisferio Norte. De hecho, a pesar de no ser la más intensa, es la más popular de las lluvias de estrellas que se producen a lo largo del año. Y esto se debe sobre todo a que las noches de verano favorecen su observación.

Las Perseidas están producidas por el cometa Swift-Tuttle, que gira alrededor del Sol cada 133 años. Cada vez que se aproxima a nuestra estrella el Swift-Tuttle se calienta, emitiendo chorros de gas y pequeñas partículas sólidas que forman la cola del cometa. Todos los años la Tierra cruza esta cola desde, aproximadamente, finales de julio hasta finales de agosto, lo cual provoca que estas partículas, denominadas meteoroides, choquen contra la atmósfera. Conforme la Tierra se va adentrando en esta nube de meteoroides que el cometa deja a su paso el número de partículas va siendo cada vez mayor, por lo que la actividad de las Perseidas va aumentando. Este año esa actividad llegará a su máximo durante la noche del 12 al 13 de agosto. Y, por suerte para quienes quieran disfrutar de ellas, la Luna apenas interferirá con la observación, pues se ocultará a primeras horas de la noche. No es necesario utilizar telescopio ni ningún otro tipo de instrumento. Basta con observar el cielo desde algún lugar lo más oscuro posible, lejos de la contaminación lumínica de las ciudades.

La mayoría de estos meteoroides desprendidos del Swift-Tuttle son tan pequeños como un grano de arena, o incluso menos. Cuando se cruzan con nuestro planeta impactan contra la Tierra a una velocidad de más de 210.000 kilómetros por hora. Esto es equivalente a recorrer nuestro país de norte a sur en menos de 20 segundos. A estas velocidades el choque con la atmósfera es tan brusco que la temperatura de estas partículas aumenta hasta unos 5000 grados centígrados en una fracción de segundo, por lo que se desintegran emitiendo un destello de luz que recibe el nombre de meteoro o estrella fugaz. Esta desintegración ocurre a gran altura, normalmente entre los 100 y los 80 kilómetros sobre el nivel del suelo. Las partículas más grandes (del tamaño de un guisante o mayores) pueden producir estrellas fugaces mucho más brillantes que reciben el nombre de bólidos.

Algo mucho menos conocido es que las Perseidas también impactan contra la Luna. Pero, puesto que la Luna no tiene atmósfera que la proteja, los meteoroides colisionan directamente contra el suelo lunar a muy alta velocidad y se destruyen de forma brusca. En esa colisión se desprende un breve destello de luz que el ojo humano no puede percibir directamente, pero que puede ser detectado desde la Tierra con la ayuda de telescopios. Por desgracia sólo se perciben los destellos que se producen contra la zona no iluminada de la Luna, pues son los que contrastan contra el fondo oscuro. El estudio de estos destellos nos permite a los científicos obtener datos muy relevantes sobre las colisiones que se producen contra la Luna y contra la Tierra. Por eso, durante las próximas noches nuestros telescopios también buscarán Perseidas, pero algo más lejos: en la Luna.

A la caza de Perseidas