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Ante las agresiones fascistas: más y mejor democracia

19/09/2013 07:31 CEST | Actualizado 18/11/2013 11:12 CET

La agresión fascista del pasado 11 de septiembre en la librería Blanquerna de Madrid, sede del gobierno catalán en la capital, no es una anécdota aislada, y pone de manifiesto que la ultraderecha española sigue ahí con la misma brutalidad de siempre y ahora actuando de manera impune.

La brutal crisis económica y social, el amparo de un gobierno permisivo, y un contexto de descrédito creciente de la política entre la ciudadanía, son el caldo de cultivo ideal para que avancen las posturas populistas que defienden estos grupos. Ahora miran a Grecia, y sueñan con seguir los pasos de los fascistas de Amanecer Dorado.

El deterioro de la percepción pública de la política tiene consecuencias. En este momento las encuestas arrojan un índice de abstención que llegaría a superar el 50%. Millones de personas no se sienten representadas en este momento por ningún partido, ni parece que esa tendencia vaya a corregirse en el corto plazo. El contexto es ideal para que el populismo ultraderechista más radical cale en la gente, y arrastre un voto ahora desorientado, como, por cierto, ha ocurrido en otros países de la Unión Europea.

La responsabilidad principal de esta situación recae obviamente en una clase política incapaz de dar una respuesta al legítimo desencanto de la ciudadanía. Un sistema electoral que cierra las puertas a las minorías, y favorece un bipartidismo que no representa la diversidad de opiniones políticas en la sociedad. La corrupción sigue campando a sus anchas, sin que se vean acciones ni actitudes decididas para ponerle freno por parte de los grandes partidos.

El desamparo en que la crisis económica está dejando a los más desfavorecidos, y las políticas de recortes sociales del gobierno, generan que amplios sectores sociales no encuentren el necesario soporte en las políticas sociales. Incluso las pensiones, que hasta ahora han servido de sustento a unidades familiares con dificultades, van a ser también recortadas.

Es necesario recuperar el valor de la Política, y de la Democracia entre la ciudadanía. Si no se cambia radicalmente la actual tendencia de deterioro, podemos encontrarnos con que el espacio dejado por la ciudadanía es ocupado por fuerzas populistas. Pero ese cambio no va a producrise espontáneamente. No vale la defensa a ultranza de unas instituciones en muchos casos obsoletas y alejadas de las preocupaciones de la ciudadanía.

La reclamación de más y mejor democracia cobra en este contexto todo su sentido. La crisis política es profunda, y las soluciones pasan por ir a la raíz de los problemas. Ya no basta con un sencillo maquillaje para seguir haciendo lo mismo.

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