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Una visión prestada

03/07/2013 07:41 CEST | Actualizado 01/09/2013 11:12 CEST

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Jan Bishop es de esas fotógrafas con una habilidad singular para convertir todo aquello que mira en un misterio, con una sensibilidad innata para congelar el lado oscuro del ser humano. Como tantos otros fotógrafos creativos, ha roto las barreras de la técnica y ha dejado a un lado los prejuicios. A una cámara ya sólo le pide una cosa: que tenga las baterías cargadas. Tradicionalmente esclavos de la técnica, los fotógrafos están dejando a un lado viejos y limitadores purismos para profundizar en lo que de verdad importa: el instante, la luz, el encuadre... lo fotografiado.

Si uno echa un vistazo rápido a su galería se cruzará con miradas adustas, con rostros tensos, con ojos que parecen bailar solos en un mar oscuro, con sombras chinescas. Si nos detenemos un momento en cada retrato, veremos almas desnudas, hombres y mujeres que cargan como pueden con el peso de su existencia. Hay poco espacio para el respiro, para la alegría.

Aunque algunas imágenes tienen tenues colores, el blanco y negro es su territorio, con su capacidad para el drama, la abstracción y la polarización. En ocasiones aparece el dolor, la rabia y la imagen se convierte en un mordisco para el observador, en un antídoto contra la indiferencia. Como ese niño que nos mira con rabia, que parece gritar y entrar en la lente a dentelladas, sus imágenes apelan directamente al espectador, lo atrapan por los ojos y lo atraen hacia ellas.

A priori no sabemos nada del niño, el por qué de su ira, de su expresión... Jan prefiere sugerir, abrir puertas por las que entrevemos el lado oscuro del hombre. Nada de subrayados, de explicaciones, eso queda en manos de nuestra imaginación. Jan prefiere esbozar historias a contarnos el final. Aunque esta vez hace una excepción y me desvela la trastienda de este desolador retrato. Después de una pelea con su hermano, el hijo de un amigo lloró de rabia. Tal vez aquí tenemos alguna pista más. No se puede ganar siempre...

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Jan Bishop (Londres, Inglaterra)

Tímida por naturaleza, se parapeta detrás de su cámara, que habla por ella. Busca en las calles de Londres la inspiración. Allí encuentra los rostros de gente ensimismada, preocupada, confundida. La luz perfecta no abunda en Londres, pero Jan lo toma como un reto. Tampoco le importa demasiado si los retratados están movidos, si la nitidez no es perfecta. Capta así el ritmo de la calle, de la prisa, el pulso de la ciudad. Maestra en captar las miradas fugaces, dota a cada foto de un aura de misterio, drama y emoción.

Jan, modelo en los ochenta y que vivió a caballo entre Milán, París, Nueva York y su Londres natal, decidió ponerse al otro lado de la cámara y observar con detalle el mundo, en lugar de ser observada. La calle es su principal estudio. Aunque confiesa que todavía echa de menos el olor de los químicos de revelado (un nostálgico rasgo común de los que dieron sus primeros pasos en un cuarto oscuro), reconoce que ha sido seducida por lo digital. Lo que se pierde en magia se gana en inmediatez y posibilidades de edición.

Toma las imágenes en su entorno cercano, creando ficciones a través de instantes reales. Es lo que ella llama "una visión prestada".

Sus fotógrafos favoritos: William Klein, Nicola Kuperus, Malick Sidibe

Jan Bishop en la red: Flickr, Tumblr, Ipernity

© Fotografía: Jan Bishop

© Texto: Luis Mariano González

OFRECIDO POR NISSAN