Me gustan más los niños traviesos; los desconcentrados. Los que no merecen exclamaciones de admiración, ni se les pone de ejemplo. Me resulta más verosímil que un niño quiera oír una historia a que quiera leerla; que quiera oír incluso trozos de una historia. Eso del libro y de leer no me cuadra con los niños.
Había una vez un colegio de una ciudad pequeña de provincias. El edificio estaba en el borde de la ciudad antigua y tenía dos puertas: una que comunicaba con el centro de la ciudad, por la que cada mañana entraban los hijos de los abogados, los médicos y los maestros, y otra trasera que daba a los barrios de los obreros.
Para funcionar correctamente, los testículos necesitan menos temperatura. Ya desde el homo sapiens, y seguro que antes, los neandertales, o incluso el homo antecesor, descubrieron que llevándolos al aire y más fresquitos se reproducían mejor. Hemos olvidado lo aprendido por los ancestros y nuestra cultura milenaria se agosta. ¡No a los leotardos, no a los verdugos!
Entran por la puerta esos padres amorosos con su bolita de niño, 5 ó 6 capas de abrigo que no le han quitado durante los 15 minutos en la sala de espera, que el niño tiene ya los ojos como un pescao cocido. Asomando tímidamente por un orificio de la nariz se atisba lo que parece que es algo líquido y transparente, un moco.
¡Feliz Navidad! Ya eres el orgulloso propietario de un iPhone. Pero aceptarlo significa aceptar una serie de normas y obligaciones. Por favor, lee con detalle el siguiente contrato. Espero que comprendas que es mi deber educarte para que seas un joven sano y maduro, capaz de funcionar en el mundo y de coexistir con la tecnología, no de vivir controlado por ella.
Llepafils (remilgado) es una novela infantil sobre el acto consciente de comer. ¿La carne que forma el relleno de la parte centran de la salchicha es la misma que la que encontramos en las puntas? ¿Los macarrones hervidos tienen un sabor distinto que los espaguetis? ¿La parte tostada del pollo a la plancha es peor que la parte que queda blanca?
La crisis golpea con mayor dureza a los más pequeños. Los padres priorizan los gastos y la educación pasa a ocupar un lugar secundario para aquellos que no cuentan con recursos para cubrir los gastos de los alimentos. Muchos alumnos acuden al colegio sin cuaderno ni el material básico que se les exige.
En los últimos tiempos, evito tener pruebas fotográficas de mi existencia. Si no soy capaz de hacerlo por mí misma, quiero hacerlo por mis hijos. Quiero estar en la foto, darles ese recuerdo visual de mí misma. Quiero que vean hasta qué punto estoy aquí, cómo les envuelve mi cuerpo en un abrazo, cuánto les quiero.