¿Qué puede hacer Europa por nosotros? La Europa de los ayatolás del déficit no tiene respuesta para algunos asuntos, como por ejemplo que Bulgaria tenga una deuda del 15% sobre el PIB (la segunda más baja de la UE), un déficit público por debajo del 3% y sin embargo la calle esté encendida. El futuro de los búlgaros depende sobre todo de ellos mismos. La regeneración del sistema y de los partidos corresponde a los búlgaros. Sobre todo a los jóvenes, pero éstos cada día emigran a otras latitudes en busca de un futuro próspero. Un cuento muy europeo.
El llamado "Estado de bienestar" ha sido sobreseído por un estado general de malestar y cabreo, con una UE encenegada en una doble recesión y recorrida como nunca por la pulsión nacionalista y el pesimismo más espeso.
El viejo proverbio "demasiados cocineros dañan el puchero" es de clara aplicación en la crisis europea. Así lo reconoció el impasible Olli Rehn, comisario de Economía y Finanzas, ante el Parlamento Europeo, cuando señaló la existencia de "problemas estructurales en la toma de decisiones en la UE".
Tanto desde el lado estadounidense como desde el europeo estamos viviendo el 'momentum' político adecuado para que se consiga llevar a buen puerto el Partenariado Atlántico de Comercio e Inversiones. Las razones fundamentales son dos. Por un lado, el crecimiento y el empleo; y por el otro, China y los demás BRICS.
Si el futuro pasa por la UE no tiene sentido que aún cinco países miembros no hayan reconocido Kosovo. España, Grecia, Eslovaquia, Rumanía y Chipre, cada uno de ellos por sus propios motivos internos, siguen aparcados en su decisión de no reconocer como tal al pequeño Estado balcánico.
La situación confronta a los ganadores contra los perdedores en la crisis, y denuncia una terrible injusticia en el reparto de la carga. Los que no la causaron, la sufren espantosamente bramando su protesta en las redes y en la calle.
Alemania no es la responsable de la imposición de una política de austeridad a ultranza y palo seco que está devastando las esperanzas de millones de europeos. Hilemos un poco más fino: la autoría de tal política tiene nombres, que no son otros que Angela Merkel, la CDU y las clases dominantes del país.
Berlusconi sigue ahí, sonríe, hace aspavientos... y en el momento en que él decida, conforme a sus intereses, caerá el Gobierno de Italia, país fundador de la UE y tercera economía del euro.
Conviene recordarlo: no se puede construir un proyecto político sin ciudadanos. La Europa de los tecnócratas ha terminado por dejar en un alarmante segundo plano a los ciudadanos de carne y hueso. La homologación socieconómica de los europeos ya no tiene visibilidad ni como utopía.
Una pequeña empresa en España tiene unas condiciones de acceso al crédito muy diferentes a las que tiene Alemania. En caso de conseguir el crédito, las empresas españolas estarían pagando un sobreprecio que el Deutsche Bank sitúa entre el tres y el cuatro por ciento.
Acabamos de vivir el fracaso de la convocatoria del 25-A "Asedia al Congreso", que apenas convocó a un millar de personas, pero que marca una peligrosa tendencia: la radicalización, frente a las protestas relativamente pacíficas que hemos vivido hasta el momento.
El impacto de lo sucedido en Chipre afecta de la peor manera a toda la UE en el peor momento posible. Alguien debe hacerse responsable de todos estos errores: los ministros del euro deberían destituir al presidente del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem.
Las noticias que me llegan desde España y desde Europa me tranquilizan a corto pero me inquietan a largo, porque nos enfrentamos a una de las peores crisis de nuestra historia con unas instituciones desgastadas y carentes de creatividad e imaginación. Los partidos políticos, los sindicatos, la banca y las administraciones públicas han perdido mucha credibilidad, o no tienen ya prácticamente ninguna.
Esto tiene que acabar ya. España es un integrante destacado de la Unión y no puede ser uno de los adalides de la reincidencia en el error. Y si todo lo ocurrido es una oportunidad para terminar con ese coladero de recursos que son los paraísos fiscales dentro del territorio de la UE, pues que se haga con firmeza, y que se haga ya.