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AVISO: Facebook intenta que le envíes una petición de amistad a tus ligues de una noche

12/12/2014 07:16 CET | Actualizado 10/02/2015 11:12 CET

Me encanta Facebook.

Mi página -entre diario, fiestas y reflexiones- se ha convertido en un lugar en el que mis amigos, conocidos y completos extraños se reúnen y bromean, flirtean, comparten historias y entablan conversaciones inteligentes y duras sobre cualquier cosa, ya sea de sexo y amor o de cuestiones de género y raza.

También me encanta el hecho de no estar nunca seguro sobre lo que me voy a encontrar en mi página de inicio (o con quién), así que cuando estoy aburrido y quiero librarme de hacer algo más importante, voy al apartado Personas que quizá conozcas con la posibilidad de llegar a alguien de mi pasado o a alguien que podrá llegar a ser parte de mi futuro. Pero la mayoría de las sugerencias de amigos son gente que no conozco y entra en alguna de estas cuatro categorías: personas que parecen modelos, tipos que parecen estrellas del porno, drag queens y tipos que parecen modelos y se dedican al porno.

Al menos así fue hasta la otra noche. Todo cambió cuando, de repente, me di cuenta de que el grupo de Personas que quizá conozcas estaba lleno de gente con la que había quedado o ligado en toda una década, de la que me había olvidado al poco tiempo (o de la que me había costado olvidarme).

Estaba ése tan arrogante con el que, a pesar de tener uno de los penes más bonitos que he agarrado con mi mano izquierda, no quise quedar una segunda vez. Estaba el otro que no pillaba ninguna de mis bromas y vivía en lo que podría ser la casa de soltero de Freddy Krueger. Y también el que, literalmente, me mordía la lengua cuando nos besábamos (pero NO de forma agradable).

Al principio pensé que debía ser algún tipo de cámara oculta barata que mi compañero de piso habría puesto, pero cuando comenté con mis amigos de Facebook el espectáculo de terror que me estaba encontrando en mi página, descubrí que no era el único torturado y/o perseguido, y empecé a leer comentarios como "¡OH DIOS MÍO! ¿¡QUÉ ESTÁ PASANDO?!", "Pensé que me estaba volviendo loco" y "Me he dado cuenta del cambio. De repente, mis contactos de trabajo lejanos están al lado de gente a la que he visto desnuda. Qué recuerdos...".

Entonces, ¿por qué ocurre esto y cómo podemos pararlo? Facebook es excesivamente reservado cuando se trata de explicar sus algoritmos (y no respondió inmediatamente a mi pregunta), pero parece que la red social utiliza nuestra agenda de teléfonos para devolvernos el contacto con personas de las que probablemente (y a propósito) nos habíamos olvidado.

Alguien comentó que se puede ir a esta página para ver los números de teléfono importados y borrarlos. Sin embargo, también señaló que "aunque no hayas sincronizado la agenda de tu móvil, si das tu número de teléfono a Facebook, te asocian con otros contactos de tu agenda. Así que, si quieres evitarlo, tienes que eliminar tu número de teléfono de Facebook. Recuerda también que la agenda de tu móvil se sincroniza continuamente, por lo que cada número de teléfono que añades puede incluirse en el grupo de Personas que quizás conozcas". No obstante, puede que esto no resuelva el problema, ya que hay gente que dice que les aparecen personas con las que han chateado por Grindr y Tinder sin haber guardado sus números.

Después de que desapareciera mi histeria inicial, empecé a pensar que quizá -sólo quizá-, podría salir algo bueno de toda esta pesadilla. Por supuesto, lo hay. Siempre está bien (re)considerar la frecuencia y la facilidad con la que intercambiamos información personal, además de la frecuencia y la facilidad con la que las empresas pueden hacer uso de esta información personal. A nivel práctico, también está bien revisar la lista de contactos en el teléfono (algo que no he hecho en muchos años, si es que lo he llegado a hacer) más a menudo.

Pero, aparte de eso, cuanto más pienso sobre el tema, más me doy cuenta de que no todos los ligues o las relaciones fueron tan horribles y, de hecho, algunas de las sugerencias de amistad eran personas con las que me lo pasé bastante bien y con las que, por un motivo u otro, nunca había vuelto a quedar. No digo que vaya a contactar con todos (o con alguno) ni que vaya a fantasear sobre la posibilidad de encontrar a mi marido en las ruinas de una cita de una noche ya olvidada. Sin embargo, me gusta la idea de recordar -con la memoria- y honrar esas experiencias (incluso las peores) como parte de la construcción que soy hoy. En nuestra cultura de los apaños rápidos y de los orgasmos incluso más rápidos, cuando estamos tan preparados para huir de algo que nos da miedo, la confrontación con nuestros fracasos puede revelar lo mucho que hemos crecido.

Esto no significa que quiera volver a ver a míster arrogante con polla bonita, ni a Freddy Krueger, ni al mordedor de lenguas. Algunas anécdotas y personas pertenecen al pasado, y eso también en una lección importante. Pero voy aceptar la invitación de Facebook y a pensar si, quizás, he juzgado a algunos de esos tipos demasiado rápido y si se merecen otra oportunidad o (al menos), una petición de amistad de Facebook.

ACTUALIZACIÓN. Un representante de Facebook aclaró a The Huffington Post por correo electrónico: "No cogemos datos de Grindr ni de Tinder para las sugerencias de amistad".

Un representante de Grindr también explicó a The Huffington Post por e-mail: "Como parte de nuestro compromiso con la privacidad, Grindr no comparte datos de usuario con Facebook. No obstante, ofrecemos a los usuarios la posibilidad de incluir su página de Facebook como opción. Facebook no dispone de esta información".

Este post fue publicado originalmente en la edición estadounidense de The Huffington Post y ha sido traducido del inglés por Marina Velasco Serrano

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