Marlaska, el "ministro corcho" que sale a flote de todas las crisis
Suma tres reprobaciones en el Congreso y hasta socios del Gobierno han pedido su dimisión. Esta semana, ha tenido que hacer frente al escándalo del DAO y a las acusaciones del PP por "encubrir" la presunta violación.

El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, ha tenido que hacer frente esta semana a uno de los momentos más complejos que ha vivido en sus casi ocho años como ministro: la salida del número 2 de la Policía Nacional, José Ángel González, tras ser acusado de una presunta violación por parte de una subordinada.
Aunque los hechos tuvieron lugar hace casi un año, el ministro defendió que actuó con contundencia nada más conocer la existencia de la denuncia contra el DAO. "Los hechos denunciados por la víctima respecto al antiguo director adjunto operativo son de tal gravedad que, conocidos inmediatamente, se exigió su renuncia", dijo este miércoles en el Congreso para defenderse de diputados del PP que le acusaban de haber intentado tapar este escándalo. "Si son tan valientes, una vez salgan de este hemiciclo digan fuera lo que han dicho hoy aquí", les dijo, recordando que la inmunidad de la que gozan los diputados no cubre completamente una vez fuera del debate parlamentario.
Lo cierto es que el propio abogado de la víctima reconoció que Interior no supo de la denuncia hasta el mismo martes por la tarde de la dimisión del DAO, cuando la mujer acudió a hablar con la subdirectora general de Recursos Humanos y Formación, Gemma Barroso. "Antes de eso, por parte de nosotros no se había comunicado nada para que la víctima estuviera protegida. Si lo sabían antes o no, es algo que yo ignoro", dijo Jorge Piedrafita durante una entrevista en televisión.
Unas afirmaciones que no han conseguido que el PP suavice en las últimas horas su ofensiva contra el ministro. Este mismo viernes, la formación política publicaba en redes sociales una imagen con la foto de Marlaska donde se decía: "Si no conocía la acusación contra el DAO, incompetente. Si la conocía, encubridor. "Marlaska dimisión".
Las siete (u ocho, o nueve...) vidas de Marlaska
Pese a las presiones, Marlaska no parece correr peligro. Según señalaba Pablo Montesinos en El HuffPost, Moncloa tiene claro que no debe dimitir por este asunto y el propio Sánchez le ha traslado su confianza porque cree que actuó con rapidez y con contundencia contra quien ha sido su hombre de máxima confianza en la Policía Nacional.
Lo cierto es que Marlaska es un ministro eternamente acorralado, pero también uno que disfruta de siete vidas (políticas). En 2023, se convirtió en el titular de su cartera más longevo de la historia de la democracia, pese a ser muy cuestionado. Por eso, Montesinos señalaba que algunos se refieren a él como el "ministro corcho", puesto que siempre sale a flote de todas las crisis.
Marlaska suma en total tres reprobaciones consumadas y casi una treintena solicitadas. La primera llegó en febrero de 2023 cuando el Congreso le censuró por su gestión de la tragedia ante la valla de Melilla, suceso en el que murieron 23 inmigrantes al intentar entrar en España. La iniciativa, impulsada por el PP, recibió el respaldo de Vox, Ciudadanos, ERC, Junts y el BNG. Al juez de procesión le afearon entonces “su falta de sensibilidad, la ocultación de información, los datos falsos facilitados y sus mentiras vertidas en sede parlamentaria”.
Las otras dos reprobaciones han ocurrido ya en esta legislatura a raíz del mismo suceso: la muerte de dos guardias civiles tras la embestida de una narcolancha en Barbate (Cádiz) el pasado 9 de febrero de 2024. Tanto el Congreso como el Senado criticaron abiertamente al ministro por “no dotar de los medios suficientes a la Guardia Civil para combatir el narcotráfico en la comarca del Campo de Gibraltar”.
"Ni pena ni miedo"

Tras las generales del 23-J, los pronósticos señalaban que Sánchez se desprendería de un ministro azotado por la derecha, pero también por algunos de los teóricos socios de izquierda del Gobierno, desde ERC a Bildu pasando por Podemos. Sin embargo, el bilbaíno se mantuvo al frente de su cartera. No le pesó la gestión de los disturbios por la sentencia del 'procés', la denuncia por las protestas contra Ciudadanos en la marcha del Orgullo LGTIBQ+ en 2019, las supuestas devoluciones en caliente a Marruecos de los menores que entraron masivamente en Ceuta en mayo de 2021 o, por supuesto, la mencionada tragedia en la valla de Melilla.
Marlaska ejerce su cargo en la cuerda floja de manera constante. Algunos creen que su salto a la política ha derribado la imagen excelsa y brillante que se había labrado como magistrado, especialmente por su labor contra ETA. Bajo su mandato, el ministro ha dado luz verde al acercamiento de presos etarras a cárceles del País Vasco.
Parte de las asociaciones de víctimas del terrorismo censuran su gestión y la AVT le despojó de la Cruz de la Dignidad que le había otorgado en 2017 por su “radical cambio” en la lucha contra ETA. Le critican, además, que haya cedido las competencias de prisiones al gobierno vasco o se sigan sucediendo los homenajes públicos a presos etarras.
A nivel interno, Marlaska llevó a cabo una notable purga en la Guardia Civil al destituir a dos de los mandos más emblemáticos: los coroneles Manuel Sánchez Corbí y Diego Pérez de los Cobos. El Supremo avaló la decisión sobre el primero, pero anuló el cese del segundo.
En esta legislatura, Interior también ha tenido que esquivar las críticas por el pacto en las fronteras que da más poder a los Mossos, la salida de la Guardia Civil de Tráfico en Navarra o las presiones de los independentistas catalanes para reconvertir la comisaría de la Policía Nacional de Vía Laeitana, en Barcelona, en un centro de memoria democrática. Sin olvidar las quejas por no activar la emergencia nacional durante la DANA (cabe recordar que el expresidente Carlos Mazón nunca lo pidió), el dispositivo diseñado para frenar las protestas en La Vuelta a España por la presencia de un equipo de Israel o el contrato de compra de balas a este mismo país por más de seis millones de euros que puso en riesgo la coalición con Sumar.
Pero Marlaska lo resiste todo confiado en el lema que tiene tatuado en su muñeca derecha: “Ni pena ni miedo”, la misma que el poeta chileno Raúl Zorita excavó con letras gigantes en el desierto de Atacama. La eterna resiliencia de un ministro que parece tener una vida política infinita.
