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Las Constituyentes

10/12/2012 08:27 CET | Actualizado 08/02/2013 11:12 CET

Esta historia comienza en mi tierra, en Cádiz, en 2008. Fue con ocasión del homenaje que los responsables de la Conmemoración del Bicentenario de La Constitución de 1812 les dedicó allí, cuando conocí a las 27 mujeres que en la legislatura constituyente de 1977-1979 intervinieron en la elaboración de la Constitución vigente hoy. Todas ellas trabajaron desde el Congreso o el Senado por la recuperación de la democracia y por la igualdad de géneros en nuestro país, y sentaron las bases de lo que hoy son ya conquistas en la lucha por la igualdad. Con Las Constituyentes, que estrenamos el próximo dia 14 de diciembre en cines, he querido reivindicar su memoria, y tratar de hacer justicia "a estas 27 pioneras de la democracia" rescatando una parte de nuestra historia que hasta hoy había sido menospreciada e invisibilizada. Tantos años de olvido no pueden ser una circunstancia inocente, ni bastan explicaciones simplistas. Como dice una de ellas, la diputada Ana M. Ruiz Tagle: "¡Es que el certificado de defunción del patriarcado aún no se ha expedido!"

Recuerdo que en aquel momento inicial pensaba... si tuviera ahora la posibilidad de entrevistar a Clara Campoamor y Victoria Kent o Margarita Nielken, ¿qué haría? No dejaría pasar ni un segundo para empezar... Y ahí estaban ellas, herederas directas de estas imponentes mujeres, así que no había tiempo que perder... El rodaje fue muy intenso, viajamos por toda España para localizarlas, y tengo que decir que no ha habido una sola de esas entrevistas que no me haya emocionado y hecho sentir el inmenso privilegio de estar sentada tres horas frente a cada una de las catorce. Como si hubiera estado sentada frente a Clara...

La intención de la película ha sido recuperar la memoria de estas mujeres y, con ella, contar una parte de nuestra historia reciente, hasta hoy sorprendentemente inédita, y así aportar mi grano de arena para contar la historia desde la perspectiva de las mujeres. ¿Imaginan lo que sería que la historia de su familia solo la conocieran por el relato del abuelo, del padre, de los varones? ¿Y que las abuelas, madres, mujeres estuvieran ausentes? No se puede contar la historia, sin la mirada de ellas, y eso es lo que ha ocurrido hasta ahora. En mi primer largo, Reyita, quise poner el foco en la intrahistoria, en las que yo llamo las arquitectas de lo cotidiano, aquellas mujeres anónimas que zurzen calcetines y banderas, sin las que la historia definitivamente no sería como es. Desde su mirada, veíamos de un modo muy especial un siglo determinante de la historia de Cuba y del mundo. Es muy curioso cómo algunos productores y programadores me decían: "¿Pero qué tiene de interés la historia de una negra pobre y vieja? Reyita tiene una dimensión histórica y política que simboliza a la de mi madre, a la de mis abuelas y las vuestras, y cautivó sobre todo a las mujeres, pero los que programaban en los festivales y televisiones eran ellos... A veces, parece que mujeres y hombres vivimos en mundos paralelos, por eso es tan importante que nosotras podamos contar nuestra visión del mundo.

Con Las Constituyentes quería mirar a la esfera de lo público, y se me brindaba la ocasión de hacer justicia documental a estas 27 pioneras, fundamentales en nuestra genealogía como mujeres, y de las que apenas había rastro. Ellas lo tuvieron muy difícil y sin embargo dejaron la comodidad de su lugar seguro en la intrahistoria, para ser protagonistas, y estar "metidas dentro de la historia misma", como dice Asunción Cruañes. Ellas sembraron lo que ahora nosotras empezamos a recoger, y son nuestra genealogía social y política, la carga genética que nos sustenta y nos da referencias básicas en nuestra identidad y desarrollo como mujeres del siglo XXI. Pero todas coinciden en que no se ha avanzado todo lo que sería necesario y justo "para el tiempo transcurrido", tanto para mujeres como para hombres. Porque lo que avanzamos nosotras beneficia también a los hombres, sin duda alguna.

Lo que más me conmovió y me sorprendió de ellas es comprobar como les une una preocupación por la igualdad y por avanzar en ese sentido que va por encima de partidos políticos e ideologías. Desde las más de derecha a las de izquierda comparten una profunda preocupación por la situación actual, por la ausencia de valores, por el desprestigio de la política y los políticos, por la falta de compromiso y excesivo valor de lo económico por encima de lo ideológico. Les une la emoción por la política, que se palpa aún desde la posición de retiro actual de muchas de ellas. Me resulta también admirable su devoción, diría yo, por la búsqueda del consenso y de amplios acuerdos en política, donde quepa toda la ciudadanía. Y me fascina su vasta experiencia y sabiduría. En muchas de ellas también me cautivó lo que me contaban una vez acabada la entrevista, más relajadamente. No han perdido su muy político savoir faire, pero gustan muchísimo del off the record. Hay cosas que me han prohibido contar "hasta dentro de 20 años".

Hay una secuencia especialmente significativa de lo que mencionaba, que entrevera toda la película, y que rodamos en el salón de los Pasos Perdidos, escogido a conciencia para escenificar el epicentro metafórico del poder político. Allí se encontraron algunas de Las Constituyentes con compañeras políticas actuales, en una escena que se rodó en dos horas sin cortes ni intervención por mi parte, donde todas mostraron su unanimidad por los temas que les preocupan y les unen, como la necesidad de las cuotas en política y el problema de la corresponsabilidad y conciliación de su dedicación política con la vida personal, en lo que piensan que los hombres corren con ventaja. Muy graciosa y muy gráfica la anécdota que cuentan en el debate sobre "las decisiones de la cervecita", las que los varones toman cuando ya ellas se han tenido que marchar después de las ocho de la noche, a atender sus responsabilidades familliares.

Entre otras cosas imprescindibles de oir, afirmaban que los partidos siguen aún funcionando en un modelo jerárquico y patriarcal que no se corresponde con lo que la sociedad actual necesita. Mi percepción es que, a pesar de lo que parezca en muchos casos, ellas siguen luchando a brazo partido contra esas estructuras. Curiosamente, hay mucha complicidad en esto entre ellas, independientemente de partidos. Al final de la secuencia casi se olvidaron de las cámaras, y empezaban a decir que tenían que repetir encuentros intergeneracionales como ése, para continuar el intercambio tan especial de experiencias. Bibiana Aído proponía crear redes intergeneracionales, por ejemplo.

Respecto a la producción de la película quiero decir que es fruto de un trabajo en equipo cuya actitud me ha emocionado muchas veces, porque no ha sido nada fácil. Nos han tocado tiempos duros para la producción y la financiación, pero a pesar de todo, y gracias a Canal Sur, TV Canaria, la TV Vasca y a la Junta de Andalucía, pero sobre todo a la fe de un equipo magnífico de profesionales que han creído en la necesidad de contar esta historia, he disfrutado de los mejores medios para iluminar y visibilizar a mis protagonistas, algo que durante tanto tiempo se les debía. La película ha sido compleja también desde el punto de vista de la documentación y de la cantidad y dimensión de los personajes; en ese sentido ha sido un reto, tanto en el guión como en el montaje. El material rodado en general es vastísimo, la verdad es que siempre tuve muy presente que era muy posible que no tuviéramos otra oportunidad de documentar sus testimonios. Así que no tengo ningún material de desecho, cada minuto rodado es oro. Lo vamos a guardar y conservar para la historia como un tesoro. Pero estamos muy en contacto con el público en las redes sociales donde vamos compartiendo muchas perlas que por ejemplo, no han podido quedarse en la película por falta de espacio.

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