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Las mujeres venezolanas de la contrarrevolución

10/12/2015 07:00 CET | Actualizado 09/12/2016 11:12 CET

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Foto: EFE

Nadie a estas alturas duda de que las mujeres han sido fundamentales en el cambio político histórico que ha vivido Venezuela este domingo pasado. A nadie se le escapa que el coraje -jugándose la vida- de mujeres como María Corina Machado (a quien pretendieron echar de la Asamblea Nacional y quitaron el pasaporte), Lilian Tintori, Mitzi Capriles de Ledezma, Eveling Trejo de Rosales, cuyos maridos son presos políticos, y de mujeres de políticos como Diana D'Agostino, mujer de quien probablemente está llamado a ser uno de los hombres claves en la transición, Henry Ramos Allup, ha sido definitivo para el aplastante triunfo de la oposición.

Mujeres y un color, el blanco, para llevar por el mundo su idea de paz, unidad y de una nueva Venezuela que hoy está hundida en el descrédito internacional, la inflación, la pobreza y la violencia. "Van 21 planes de seguridad y mas de 250 mil asesinados a manos de la violencia. En Venezuela, muchos de los jóvenes que siguen con vida han emigrado buscando las oportunidades en otros países que en el propio les negó este régimen. Y los que siguen en Venezuela, viven con miedo y sin poder realizarse, ya que el régimen les cerró las puertas de su futuro", me asegura Diana D Ágostino el día después de las elecciones.

"El resultado (de las elecciones del 6D) es producto del enorme rechazo que tiene este régimen, que desde hace 16 años, bajo el mandato del difunto Hugo Chávez, comenzó la destrucción de todas las instituciones democráticas y la destrucción del país. El pueblo se expresó a través del voto y su mensaje fue muy claro: ya basta de que nos humillen obligándonos a hacer enormes colas para comprar comida, medicinas, pañales, leche, productos de higiene personal, entre otros. Ya basta de que asesinen a los jóvenes, niños y adultos, por culpa de la ineficiencia de un régimen cuyas políticas públicas en materia de seguridad, fracasaron", apunta Diana.

Esta mujer con decenas de miles de seguidores en las redes sociales, madre de tres hijos, lleva décadas defendiendo la necesidad de la educación de la mujer venezolana: "Somos guerreras por naturaleza, y quienes estamos casadas con políticos desde hace 30 años, como es mi caso, entendimos que tenemos dos grandes amores en nuestra vida, que son nuestra familia y nuestro país, y desde nuestros espacios de lucha estamos apoyándolos y seguiremos apoyándolos. Nuestros maridos no están solos, tienen una familia comprometida con ellos y con su lucha". Diana D'Agostino asegura que ella es "luchadora social por convicción. Hay prioridades en la agenda de esta nueva Asamblea Nacional, pero yo soy una convencida de que el trabajo que hay que hacer en Venezuela es un profundo trabajo social, es meterse en los barrios, en las comunidades, y dar oportunidades a través de programas sociales de inclusión, a niños, jóvenes, madres que crían solas a sus hijos, a personas de la tercera edad, en fin, a todos aquellos venezolanos que por razones distintas están excluidos".

'Hay que darle seguridad a los venezolanos para que puedan salir libremente de sus casas sin el temor o miedo de ser asesinados, secuestrados o robados. Y hay que abastecer de comida y medicamentos a un pueblo que está hambriento y enfermo', afirma Diana D'Agostino

Durante dos décadas, esta mujer trabajó en las comunidades rurales del municipio El Hatillo, en el estado Miranda, beneficiando a unas doscientas familias hatillanas y logrando aumentar el beneficio a 5.500 familias hatillanas diariamente a través de distintos programas sociales que incluían al núcleo familiar.

La división del país y la pobreza son dos de los grandes problemas a los que se enfrenta Venezuela. Pero sobre todo, a una economía destruida. Venezuela ha pasado de ser el cuatro exportador mundial de petróleo a importar crudo. "Las prioridades son seguridad, abastecimiento y bajar el alto costo de la vida. En otras palabras, la inflación, que hace agua y sal el bolsillo de los venezolanos. Hay que darle seguridad a los venezolanos para que puedan salir libremente de sus casas sin el temor o miedo de ser asesinados, secuestrados o robados. Y hay que abastecer de comida y medicamentos a un pueblo que está hambriento y enfermo. No queremos limosnas, queremos que los anaqueles tengan comida como siempre tuvimos en Venezuela, no quiero ver morir a más niños porque sus madres no consiguieron los medicamentos para salvar sus vidas, ni a más jóvenes defendiendo la 'patria'. Quiero que los jóvenes estén en las universidades preparándose para formar parte de los profesionales excelentes que siempre ha tenido Venezuela", me dice.

Las elecciones del pasado domingo en Venezuela son históricas, porque no eran presidenciales, y sin embargo se convirtieron en un plebiscito: o a favor o en contra de Maduro y de su régimen. La oposición, ahora unida, controla la Asamblea Nacional, que es el órgano de representación popular por excelencia y el órgano parlamentario que realiza cinco funciones estatales: la función legislativa, la política, la contralora, la administrativa y la jurisdiccional.

La nueva Asamblea Nacional tiene un inmenso trabajo por delante. Entre otros, tiene el enorme compromiso con los venezolanos de comenzar a legislar para todos, "no para un grupito, como fue en estos 16 años. En sus manos estará la Ley de Amnistía, para la liberación de todos los presos políticos y el regreso de exiliados por razones políticas. Está también el hecho de investigar a los corruptos que gobernaron durante estos 16 años y se robaron las arcas de la nación, humillando a los venezolanos con el 'cuentico' de que las colas para comprar comida, medicinas, etc, era culpa del imperio, de los empresarios, de la dirigencia política opositora, ¡de todo el mundo menos de ellos! La nueva Asamblea tiene la responsabilidad de cambiar el rumbo de nuestro país cumpliendo, dictando, modificando y derogando leyes. Ya perdieron por voluntad del pueblo el poder legislativo", finaliza.

En el proceso electoral, el ejército venezolano ha tomado una posición de "neutralidad", teniendo en cuenta que, pese a los intentos del régimen, la victoria opositora era demasiado abrumadora. Una parte del ejército ha mantenido la apuesta por la democracia, y Cuba se ha mantenido al margen del proceso, ya que otra cosa les hubiera costado un problema serio con la Administración Obama en pleno proceso de defensa de la apertura y normalización de las relaciones diplomáticas y económicas entre los dos países.

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