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Umberto Galimberti, filósofo, sobre los móviles: "Están destruyendo las capacidades de los jóvenes, ya no leen y regresan a la infancia"

Umberto Galimberti, filósofo, sobre los móviles: "Están destruyendo las capacidades de los jóvenes, ya no leen y regresan a la infancia"

Según explica el experto, los jóvenes se han acostumbrado a la gratificación, al contrario que las generaciones más antiguas, que estaban acostumbradas a realizar esfuerzos y sacrificios. Una de las consecuencias de estos nuevos hábitos es la degradación intelectual, entre otras cuestiones. 

Imagen de archivo de un grupo de adolescentes con sus teléfonos móviles.
Imagen de archivo de un grupo de adolescentes con sus teléfonos móviles.Getty Images

El teléfono móvil se ha convertido en una herramienta fundamental e incluso necesaria para los más jóvenes. No solo para cuestiones de información, sino también para la socialización, tal y como señala el filósofo Umberto Galimberti, que explica que este tipo de dispositivos tecnológicos generan dependencia y regresión emocional. 

Un ejemplo de esta regresión ocurre cuando una persona envía un mensaje y se queda esperando a que el destinatario le responda con cierta ansiedad, actuando igual que un niño cuando llora cuando su madre no está o se marcha de la habitación y dejándose llevar, en este caso, por el miedo al abandono. 

Otra prueba de que la tecnología nos influye bastante más de lo que pensamos ocurre cuando espiamos, rastreamos o 'stalkeamos' (como dicen las nuevas generaciones) a otra persona, convirtiéndonos en una especie de detectives privados y generando una sensación de paranoia y ansia de control difícil de esquivar. Esto no solo es negativo, sino que provoca que los individuos no sepan afrontar de forma correcta la distancia, dándole mayor peso o importancia a cosas que antiguamente no se le daba valor. 

Una de las consecuencias negativas del uso excesivo de esta tecnología es el deterioro cognitivo y la pérdida de capacidad de lectura, según advierte el filósofo, que afirma que los niños se encuentran inmersos en un proceso de desrealización donde conocen las cosas principalmente a través de la vista y el oído. 

Y es que, al dejar el hábito de lectura a un lado, el proceso cognitivo que transformaba las palabras en imágenes mentales se sustituye por la cultura de las imágenes. Además, los textos complejos resultan cada vez más difíciles de leer para ellos, lo que también reduce los razonamientos.  

El rechazo a la cultura del esfuerzo frente al disfrute del tiempo libre 

Otra de las claves que señala el filósofo es que la mayoría de los jóvenes parecen haber sustituido la cultura del esfuerzo que parecía primar generaciones atrás por el tiempo libre como motor de vida. Y es que, a diferencia de sus padres, ellos han vivido con gratificaciones desde la infancia, lo que les lleva a rechazar un modelo de existencia que se reduzca al trabajo. 

Según defiende, además, la gente joven ya no está dispuesta a trabajar los fines de semana (aunque este punto podría debatirse), pues al contar con el salvavidas de la familia prefieren irse de fiesta y de discotecas. "Erosionan la riqueza acumulada de sus padres sin estar dispuestos a hacer el sacrificio", señala. 

En este sentido, el filósofo resalta una pequeña contradicción. Y es que, tal y como explica, aunque los jóvenes no quieren trabajar, tampoco son independientes financieramente. 

Además, mientras que los mayores aceptaban jornadas laborales más extensas, de hasta 12 horas, los jóvenes no están dispuestos a ello. "Las empresas familiares experimentan dificultades en las transiciones generacionales porque los hijos no aceptan las jornadas laborales de 12 horas de sus padres", destaca. 

Finalmente, el filósofo pone un ejemplo (bastante controvertido) para ilustrar la situación. Para ello, nos lleva hasta el Imperio Romano. "Roma se derrumbó debido a la corrupción de las costumbres, cuando ya nadie quería trabajar y los bárbaros tuvieron que reemplazar a los ciudadanos, que reemplazar a los ciudadanos en todos los sectores productivos", apunta finalmente. 

A pesar de las palabras del filósofo, cabe destacar que los jóvenes, por lo menos en España, enfrentan problemas como la falta de acceso a la vivienda, la precariedad laboral o la salud mental, entre otras cuestiones. De hecho, según un análisis publicado en 2025, más del 55% de las personas jóvenes cuentan con carencias mentales severas.