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Carta abierta a los afectados por mi ansiedad

13/02/2017 07:21 CET | Actualizado 14/02/2017 13:04 CET
NICOLLE HOOK

Escrito por Nicolle Hook

Me gustaría empezar aclarando una cosa. Cuando hablo de ansiedad, no solo me refiero a mis miedos o a las situaciones que me ponen nerviosa. Me refiero al trastorno de ansiedad generalizada (TAG), un trastorno que afecta a prácticamente todos los aspectos de mi vida, de una forma u otra.

Lo más probable es que te hayas dado cuenta de algunos de mis comportamientos nerviosos. Digo que no a planes en el último momento. Me invento excusas para quedarme en casa. Me muerdo las uñas y me echo a llorar de repente. Me quedo sin aliento, me siento intranquila, me dan miedo las nuevas situaciones, soy incapaz de ir sola a los sitios y sufro ataques de pánico.

Tener ansiedad es como estar en medio del mar. Me cuesta mantenerme a flote. Es abrumador y constantemente tengo la sensación de que estoy a punto de ahogarme.

Intento ocultar esta lucha interna, pero sé que puedes verla. La ves porque te importo. Y, como te importo, a menudo me ofreces ayuda. Me dices que respire hondo, que me tranquilice o que no me preocupe. Con buena intención, citas la Epístola a los filipenses 4:6. "No os inquietéis por cosa alguna; antes bien, en toda ocasión, presentad a Dios vuestras peticiones, mediante la oración y la súplica, acompañadas de la acción de gracias". Te esfuerzas para que no me pase nada, pero nunca ha funcionado. Nunca.

Escribo esta carta porque quiero ser sincera contigo. Quiero que entiendas lo que es tener ansiedad porque quiero que sepas que no ignoro tus consejos. Sé que puede ser difícil lidiar conmigo y que nuestra relación no es fácil. Por eso creo que te debo una explicación.

Tener ansiedad es como estar en medio del mar. Me cuesta mantenerme a flote. Es abrumador y constantemente tengo la sensación de que estoy a punto de ahogarme. El océano es gigante y no veo su fin. El agua está oscura y me hunde. Cuanto más lucho contra ella, más sube la marea.

Si alguien me dice "tranquilízate", me obligan a luchar contra la ansiedad. Y la marea sube un poco más.

Pensaba que era algo obvio, pero, por si acaso, recuerda que si pudiera dejar de tener ansiedad, ya lo no la tendría. No es algo que haya elegido. No soy una víctima, pero tampoco tengo ansiedad por voluntad propia. Así que, por favor, deja de pedirme que me tranquilice. Por favor, deja de utilizar frases que insinúan que debería poder controlar la ansiedad.

Si pudiera dejar de tener ansiedad, ya no la tendría.

Sé que quieres ayudarme (no estarías leyendo esto si no quisieras) y te quiero por eso, pero tienes que dejar de intentar ayudarme a racionalizar los sentimientos que llevo intentando entender toda mi vida. Son miedos irracionales y emociones que no pueden entenderse. En vez de eso, prueba a hacer lo siguiente: cuando la ansiedad me hunda, hazme saber que eres consciente de que tengo problemas aunque no los entiendas. Reza por mí, pero no me pidas que rece. Escúchame, pero no me ofrezcas soluciones "fáciles". Y, lo que es más importante, tienes que saber que "arreglarme" o deshacerte de mi ansiedad no es tu obligación. Quiero que seas mi amigo, no mi psicólogo. Jamás te pediría algo así.

Me gustaría que no tuvieras que soportar esto. Por irónico que parezca, tú piensas lo mismo de mí. Es un proceso de aprendizaje para los dos. Te prometo que seguiré buscando nuevas formas para sobrellevar la ansiedad. Lo único que te pido a cambio es que sigas siendo mi amigo. A menudo, una amistad como la nuestra es lo que hace que me mantenga a flote. Y eso lo es todo para mí.

Gracias,

Tu amiga.

Este post fue publicado originalmente en la edición estadounidense de 'The Huffington Post' y ha sido traducido del inglés por Irene de Andrés Armenteros.

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