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10/11/2015 12:59 CET | Actualizado 10/11/2015 13:04 CET

Ningún niño en la calle

Lo importante no son sólo las notas. La autoestima, saber que se puede, siempre está por delante. El éxito personal tiene que estar al alcance de todos. Es un derecho que hay que garantizar a todos los niños. Porque la pobreza tiene más impacto por dentro que por fuera de las personas. No es el dinero ni la ausencia del más mínimo capricho, sino la sensación de exclusión, inferioridad e impotencia lo que causa el verdadero daño.

La Fundación Balia lleva 16 años dando apoyo extraescolar a los hijos de las familias sin recursos. En su local del número 44 de la calle Fereluz en Madrid, siete niños hacen de guías improvisados para enseñarnos las instalaciones. Salas de juegos, talleres, comedor y hasta un teatro para dar rienda suelta a la imaginación. Allí, su nuevo presidente, el abogado Ignacio Ojanguren, presume de representar a una organización cuya misión es ser un "elemento activo para la educación" que propone un cambio social centrado en las personas.

"He dedicado 30 años de mi vida a asesorar a grandes empresas de este país y ahora tengo la gran oportunidad de ayudar a niños con nombre y apellido", cuenta orgulloso.

Talleres para aprender jugando / FUNDACIÓN BALIA

El foco de actuación de Balia se centra en los 2,8 millones de niños y niñas en riesgo de pobreza que necesitan ayuda en España, de los cuales el 66% vive en hogares en los que no entran más de 230 euros al mes. De momento, sus recursos les han permitido ayudar a casi 5.000 (según sus datos de 2014) y actualmente hay matriculados 512 niños y 403 jóvenes, para los que también hay equipos de baloncesto y actividades de baile.

Carmen González, responsable de comunicación y desarrollo de la fundación, resalta la importancia de hacer que los niños crean en sí mismos a través de actividades que impidan, al mismo tiempo, que estén en la calle después de la salir del colegio. "Son niños que, por los horarios de los trabajos de los padres en su mayoría, estarían solos hasta la noche. Sienten este local como su casa y aprenden a proyectarse como personas. Gracias a los voluntarios primero meriendan y luego hacen todo tipo de actividades", explica.